martes, 5 de marzo de 2013

Cristina Fallarás presenta su novela más impúdica, "Últimos días en el Puesto del Este", en la que vuelca su rabia y su desesperanza  

Pablo Mazo, Cristina Fallarás y Darío Adanti, en la presentación del libro



     Últimos días en el Puesto del Este está escrito con el corazón. Con el corazón... y con las entrañas. Y con ese lugar oscuro del alma en el que habitan la ira, la soledad extrema, la desesperanza, la nada absoluta. Es una novela corta, pero intensa. Escrita con sentimientos desbordados, con extrema pasión. Pero viendo cómo habla de ella su autora, Cristina Fallarás, es difícil creer que esta mujer, esta fuerza de la naturaleza, haga algo sin poner la vida en ello. Sus palabras, sus gestos, los movimientos de su manos, su voz, la fuerza con la que sacude esa melena tan viva como su arrolladora personalidad no pueden por menos que arrastrarte, dejarte boquiabierta, llevarte a su terreno. Ella misma lo explica: la novela “tiene un tono arrebatado, porque no se puede escribir de otra manera”.
    Así me sucedió a mí en la presentación de la reedición de esta obra que ganó el XLII premio Ciudad de Barbastro de novela corta. Una novela que fue escrita en noviembre de 2010, “cuando ya no me quedaba nada y le dije a mi pareja: a partir de ahora, la carne es para los niños”. Ganar el premio era la única manera de obtener algunos ingresos así que se encerró a escribir con desesperación, casi febrilmente, ahogada por un mar de sentimientos (de ira, de impotencia, de rabia, de soledad, de desolación...) y condensando todo lo que quería transmitir en el puñado de folios máximo requerido por las bases del certamen.

La autora leyó algunos fragmentos
 Últimos días en el Puesto del Este no habla de la crisis. “No aparecen ni Rajoy, ni Bárcenas... ni nadie con nombres y apellidos. Aparecen, eso sí, unos perros”, explica Fallarás, quien añade que por aquella época aún no había entrado en la vorágine de lucha política y social en la que sí está ahora, así que todo lo sugerido está mucho más poetizado, mucho más estilizado. Esta novela corta cuenta la historia de La Polaca, una mujer que vive con sus hijos en un lugar sitiado. Junto a ellos, un pequeño grupo de residentes cada vez más enfrentados, con todas las miserias humanas presentes en cualquier colectivo. “Cuando te sitian, no hace falta que te maten. Ya se matan los de dentro solos”, enfatiza la autora, queriendo mostrar la soledad radical de la situación en la que se encuentra la protagonista.


Una protagonista que no se llama Cristina pero que podía hacerlo. “Es una novela profundamente impúdica, en la que me muestro a lo bestia”, afirma Fallarás. Y lo hace de una manera muy lírica pero que encierra una crítica social hecha desde lo íntimo. “Es una construcción literaria de lo que estamos viviendo”, una gran metáfora sobre la situación en la que nos encontramos: “ahora mismo todos estamos sitiados. Somos una sociedad fracasada, un grupo humano miserable”, criticaba la autora. Y lo más sorprendente, o doloroso, o triste es que, tal y como destacó el editor de la obra, Pablo Mazo, tiene una dimensión visionaria: escrita en 2010, habla de lo que está ocurriendo ahora, de la crisis extrema que estamos viviendo. “Está escrita contra el fanatismo, habla de la miseria moral que deja la pobreza a su paso. Está escrita desde la rabia, desde una indignación muy particular, muy característica de Cristina”, señaló Mazo quien hizo referencia a las circunstancias de la reedición de la novela, después de que cerrara la editorial que la publicó con anterioridad. “Pienso mucho en esa gente que se hubiera alegrado de que este libro hubiera sido guillotinado, hubiera desaparecido (tal y como ocurre con los libros publicados por editoriales que cierran)”, manifestó, sintiéndose feliz por haber podido lanzar una nueva edición de esta novela, de esta narración del desamparo.
    “Cuando te quedas sin nada, cuando te quedas en los huesos, de repente se te hace visible lo esencial”, explicaba Fallarás tratando de hacer comprender la actitud de La Polaca y de describir sus propios sentimientos ante su situación personal. “La desposesión tiene algo de desesperanza pero también de liberación: ya no te queda nada, no tienes nada por lo que luchar. Es lo que me ocurrió a mí cuando me llegó la orden desahucio. 'Que se lo lleven, que se lo lleven todo', pensé. Ya he luchado suficiente, no puedo luchar más. Ya no me queda nada”, compartía con los presentes. E ironizaba: “yo fui una pionera de la crisis. A mí me echaron en el 2008, embarazada de ocho meses.

Adanti compartió sus impresiones sobre la obra
 Con testimonios como éste, era imposible que los asistentes a la presentación de la novela (celebrada el jueves 21 de febrero, en la librería Burma de Madrid) no sintieran el corazón en un puño. Yo, por lo menos, viví y bebí todas sus palabras con una mezcla de estupefacción y admiración. La misma admiración que mostraba en su intervención el ilustrador Darío Adanti, quien adelantó que “lo que está pasando en el libro es la acutalidad pero sin el maquillaje de la actualidad”. Adanti halagó el “ritmo maravilloso” de la obra y la “mezcla de géneros”, asegurando que tiene “un toque de literatura latinoamericana de experimentación, de los años 70; también de literatura antiutópica y de literatura contemporánea”.
    La única novela no negra de Cristinas Fallarás, escrita en “unas circunstancias personales brutales”, como ella misma reconoce, es una obra “costumbrista, pero del presente”, tal y como la definió Adanti. Una obra profundamente crítica, que es un puro estado de ánimo y que pretende ahondar no sólo en la vivencia de la pérdida total sino también en la nostalgia que siente quien lo tenía todo, quien era inmensamente rico y no lo sabía. Una novela, en palabras de Adanti, “tan humana que sientes una empatía particular, pero que te destroza”.
    Nos seguimos leyendo.

La presentación tuvo lugar en la librería Burma de Madrid



Crónica realizada por:
Lídia Casado de Juntando más letras


1 comentario:

  1. Precisamente el otro día escuché una entrevista suya en El extrarradio y me quedé impresionada con la personalidad que tiene esta mujer y con la visceralidad con la que habla; el libro tiene que ser brutal. Feliz martes.

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