jueves, 28 de marzo de 2013

SERGIO VILA-SANJUÁN, ESTABA EN EL AIRE






"Estaba en el aire", de Sergio Vila-Sanjuán: un maravilloso viaje sonoro a la España de los 60

Ficha técnica:
Título: Estaba en el aire      
Autor: Sergio Vila-Sanjuán
Editorial: Destino
Género: novela histórica
Páginas: 240
Publicación: 12/02/2013
 ISBN:  978-84-233-4624-0
Precio: 19,50 euros


Sinopsis (editorial):
   Una mujer de la alta sociedad, muy bella y muy desgraciada. Un publicitario embarcado en un programa radiofónico que busca a personas desaparecidas. Un magnate con buenos contactos políticos dispuestos a consolidar su imperio. Un joven del Norte que rastrea sus orígenes. Un la Barcelona de 1960, las trayectorias de todos ellos se cruzan iluminando ambientes contrapuestos.
   Estaba en el aire es una historia de sentimientos y búsqueda personal, de periodismo e intrigas empresariales, que transcurre en un momento histórico poco abordado por la narrativa actual. Un momento en el que España empezaba a salir de la negrura de posguerra para convertirse en una sociedad de consumo, animada por promociones televisivas y elegantes fiestas veraniegas a la luz de la luna, como las que frecuentan los protagonistas de esta novela.
   

Mi opinión:
   Estaba en el aire es uno de esos libros capaces de transportarte a épocas que no has vivido, no tanto por la historia (o historias) que cuenta (que también), como por la cantidad de detallitos pequeños, nimios, accesorios que van creando un fabuloso contexto tan real que te parece estar viviendo en él. Sergio Vila-Sanjuán extrae todo el jugo a una época histórica, los años 60, para meternos de lleno en la España que quiere mirar al futuro y dejar atrás el pasado. Todos los elementos de la novela contribuyen a crear ese ambiente, ese contexto, esa perfecta recreación de una época que yo no he vivido, pero que he sentido sobre la piel mientras leía el libro.
   En primer lugar, las historias que cuenta: son historias que sólo podían haber ocurrido en la España franquista que comienza a desperezarse, a salir de la pesadilla, para meterse de lleno en el American Way of Life que llegaba a través de los primeros televisores y de los anuncios publicitarios. Hay dos tramas principales (entrelazadas con un buen número de tramas menores) que nos hablan de esa España. La primera, la protagonizada por Juan Ignacio Varela, tiene que ver con el auge de la publicidad como herramienta de expansión empresarial, con la censura, con el éxito inesperado de un programa de radio, con los intereses económicos que pesan más que los intereses humanitarios. La historia de Juan Ignacio habla de esa época determinada de la Historia de España, del auge de los medios de comunicación y el despegue industrial y empresarial.
    La segunda de las tramas principales nos cuenta lo que le ocurrió a Tona Viladomiu. Por mantener el misterio y no destripar esta parte del argumento a nadie, diré que, desde la óptica de hoy, no es para tanto. Pero en los años 60... pues las cosas transcurrirían tal y como tienen lugar en la novela. 
   Junto al contenido de las tramas, tan de la época como hemos visto, otro de los elementos que contribuye a crear ese ambiente, a sumergirnos de lleno en la España (o la Barcelona, porque aunque no es una novela catalanista, sí es verdad que el aire de modernidad, de vanguardia que destila la novela, también propiciado por la clase social que retrata, no se daba en todas las ciudades españolas, ni muchísimo menos) del despertar son los pequeños detalles: citar las marcas y objetos propios de aquellos años, hablar de un determinado tipo de tiendas, bares, ocio... Son las pinceladas contextuales que van llevándote de la mano, poco a poco, al tiempo en el que Vila-Sanjuán quiere que te sitúes. Para mí, es uno de los grandes aciertos: esa capacidad de mimetizar una época y hacértela sentir aunque no la hayas vivido, aunque sólo sea por contraste respecto a lo que tú conoces o recuerdas.
   Estos pequeños detalles se acompañan de explícitas explicaciones históricas que ahondan en ese viaje en el tiempo y que dan cuenta de los cambios que se estaban produciendo. Explicaciones que surgen de la voz de un narrador que se mueve a través del tiempo, que explica el pasado pero que también adelanta lo que está por ocurrir, creando una útil imagen de conjunto en la cabeza del lector.
   Finalmente, el tercer eje sobre el que se asienta esa magnífica ambientación es, claro está, el programa de radio sobre el que se centra buena parte del argumento y que cuenta pequeñas historias humanas, pinceladas de un país y una época, que nos sitúan perfectamente en las coordenadas espacio-temporales a las que el autor quiere que viajemos. Es una maravilla cómo está contada esta parte, cómo es capaz de captar el sonido de aquel programa, que fue real, que se emitió entre 1960 y 1962, y transcribirlo de tal manera que suena en las páginas de este libro. Abrir los capítulos en los que se radia Rinomicina le busca. Barcelona llama a España es como encender el transistor y escuchar todas las historias apenas esbozadas en la novela en la voz del propio Luis Ruipérez, ese monstruo de las ondas retratado en la novela e inspirado en personajes reales, como el propio autor cuenta en la justificación y agradecimiento final de la obra y como contó también en la presentación
   Junto al vivísimo programa de radio, también aparece (remarcada en tipografía diferente) la publicación que, en la realidad histórica, le apoyaba y completaba la información de lo ocurrido en los reencuentros más sonados de la emisión. Los medios de comunicación están, pues, muy presentes en la novela. Pero es que ya el propio narrador que nos va desvelando las diferentes historias que componen el argumento total de la obra es muy periodístico de por sí y trata de contarnos lo ocurrido con objetividad y perspectiva, tratando de ofrecer un análisis de algunas de las cosas que van teniendo lugar. Además, el hecho de que nos hable en presente y en pretérito perfecto compuesto (el tiempo verbal que usan los medios de comunicación para actualizar las noticias, para que el oyente/lector/espectador las sienta como cercanas, aunque tuvieran lugar hace horas y hablen de acciones complemente cerradas), ya nos pone en contacto con esa inmediatez de medios como la televisión y la radio, nos mete en una acción que está transcurriendo en el ahora literario, aunque tuvo lugar hace más de 50 años en el tiempo histórico.
   Estaba en el aire me ha parecido una obra tremendamente ágil, en la que se suprime todo lo superfluo, las divagaciones, los tiempos muertos, los preludios y el análisis de consecuencias, para contarnos el momento justo sobre el que el autor pone el foco. Quizá te deja con ganas de más, de más páginas, de más historias, de vivir el futuro de los personajes de forma directa y no mediante el resumido epílogo con el que el narrador cierra la novela y las principales historias contadas. Unas historias que, pincelada a pincelada, van creando las formas y tonalidades del cuadro que Vila-Sanjuán pone ante nuestros ojos.  Un cuadro que representa una época ya pasada pero que forma parte de nosotros mismos. Una época que, quizá como dijo Iñaki Gabilondo en la presentación de este Premio Nadal 2013, fue el inicio de la etapa histórica y económica que justo ahora finaliza. 

Lidia Casado

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