jueves, 20 de junio de 2013

RUTH OZEKI, EL EFECTO DEL ALETEO DE UNA MARIPOSA EN JAPÓN






Ficha técnica:
Título: El efecto del aleteo de una mariposa en Japón
Autora: Ruth Ozeki
Editorial: Planeta
Género: novela
Páginas: 512
Publicación: 28/05/2013
ISBN: 978-84-08-11445-1

PRECIO: 21 euros



Sinopsis (editorial):


Entre las páginas de este libro se halla el diario de una niña llamada Nao. Arrastrado por las olas de un tsunami, ha cruzado todo un océano para llegar a su destino. Cambiará la vida de quien lo encuentre. Quizá también la tuya.
«Inteligente, humana, especial. Estoy enamorada de esta novela.» Alice Sebold, autora de Desde mi cielo

«Ozeki provoca un impacto emocional en el lector. Una obra de arte, rotundamente.» Kirkus Review

«Cautivadora, inteligente, divertida y desgarradora, a veces todo ello en la misma página.» Junot Díaz



Mi opinión:

A veces los libros son como un gigantesco baúl en el que cabe prácticamente todo. O como un desván repleto de cajas y recuerdos en el que guardamos lo que nuestros antepasados fueron, lo que somos y, quizá, la respuesta a lo que seremos. Es difícil meter tantas cosas en un solo libro y que quede todo ordenado, todo en su sitio, que todo cobre sentido. Quizá porque parte de la teoría de que todo está conectado, Ruth Ozeki lo consigue y nos regala una obra tan llena, tan llena, tan llena... que es imposible que cualquier lector no encuentre una parte de sí mismo en ella.

La autora parte de un diario escrito en primera persona, el de Nao, una adolescente con graves problemas, que Ruth, una escritora, encuentra en la playa. Va combinando, así, dos voces, dos tiempos, dos estilos narrativos y dos focalizaciones del narrador para hablarnos de dos historias diferentes pero interconectadas. Dos voces: la de Nao y la de Ruth. Dos tiempos: finales de los 90 y principios del siglo XXI, en el caso de Nao, y la actualidad, en el de Ruth. Dos estilos narrativos: el de Nao (lleno de jerga adolescente, directo, que apela directamente al desconocido lector de su diario, expresivo, que incluye emoticonos, tacos, coloquialismos y que crea un vínculo entre el destinatario de sus palabras -¿nosotros? ¿Ruth? ¿ambos?- y ella) y el de Ruth (adulto, estándar, convencional). Y dos focalizaciones: mientras Nao escribe el diario en primera persona y se dirige en segunda persona al tú lector, los capítulos protagonizados por Ruth están escritos en tercera persona, con un narrador omnisciente que hasta conoce los sueños de la escritora. Ambas líneas argumentales están perfectamente imbricadas, de tal modo que lo que se trata en los diarios forma parte, a continuación, de la investigación que Ruth inicia para esclarecer la veracidad de lo que lee, así como de la repercusión que el hallazgo del diario tiene en su pequeño rincón del mundo y en ella misma.

El diario cuenta la vida de Nao tras su regreso a Tokio, después de que su padre perdiera su empleo de informático en Sunnyvale, California. Nao se siente americana pero ha de adaptarse a la vida en Japón... y la verdad es que no se le da nada bien. Todo cambiará cuando pase una temporada con su bisabuela Jiko, una monja budista que le abrirá la mente y le mostrará piezas del pasado que cambiarán su presente y su futuro.

Por su parte, Ruth vive en una remota isla de la Columbia Británica. También ha recalado en ese pequeño rincón del mundo en cierto modo obligada por el proyecto profesional de su pareja y, como Nao, echa de menos Estados Unidos, en su caso, Nueva York. Ruth, que lleva tiempo atascada en su última obra, una especia de memoria sobre lo que supuso para ella descubrir que su madre padecía Alzheimer y una documentada relación de los sentimientos personales que iba experimentado a medida que la enfermedad iba ganándole terreno a la vida, encuentra en el diario una tabla de salvación, una ocupación, una obsesión que le llevará a intentar buscar respuestas sobre Nao y su familia.

La narración va superponiendo las historias de ambas, dedicando atención a una y otra alternativamente. Pero dentro de las historias personales de ambas caben, como decía al principio, todo. Cabe la reflexión sobre las guerras y el terrorismo (desde la II Guerra Mundial al 11-S), las mentiras que nos cuentan (como lo ocurrido tras el tsunami de Japón de 2011, las variables interpretaciones de los sucesos bélicos dependiendo del lugar del mundo en el que vivas o el falso patriotismo de los kamikazes), el bullying, la prostitución, las diferencias culturales entre Oriente y Occidente, el suicidio, el budismo, cuestiones filosóficas, ecológicas, biológicas o cuánticas, la soledad del ser humano en un mundo lleno de vías a través de las que comunicarse, la adolescencia, la madurez, la conciencia, la vejez, la enfermedad, el sentimiento de inadaptación.... Son tantos y tantos los temas que Ozeki revisa en su novela... Pero, como lectora, no me he sentido apabullada por un torrente de datos o saberes. Más bien he tenido la sensación de que alguien me tiraba un anzuelo para que yo picase, para que buscase más información sobre lo que se dice o para que reflexionase sobre algunas de las cuestiones tratadas. Se habla de muchas cosas pero creo que todos los temas están tan imbricados, tan bien trenzados que al final, efectivamente, lo que uno percibe es la sensación de que todo está unido, de que no hay acción sin repercusión, de que somos productos del siglo XX y de que es imposible que una mariposa bata sus alas en Japón sin que a mí me afecte.

Tal cantidad de datos y propuestas abre la posibilidad a lecturas múltiples de la misma novela: desde la más realista hasta la más fantástica (propiciada por un pasaje del final de la obra, pasaje en el que sí he visto al Murakami con el que los críticos relacionan a Ozeki), pasando por la literaria, que es la que yo quiero destacar, claro. Y es que toda la novela puede leerse como una gran reflexión sobre lo que la literatura representa, sobre sus procesos, sobre lo que provoca en los amantes de los libros: desde las preguntas que Nao se hace sobre su potencial lector o las que Ruth se hace sobre Nao, hasta esa sensación de urgencia que lleva a Ruth a pensar que lo que Nao cuenta está pasando ahora (lo mismo que muchas veces nos ocurre con las novelas), pasando por esa obsesión de Ruth de comprobar continuamente que todas las páginas del diario están escritas, para que nadie le robe el final, o ese propósito de leer el texto de Nao a tiempo real, dosificándolo para intentar sentir lo que Nao experimentó al escribirlo.

Esta multiplicidad de lecturas también se ve favorecida por la cantidad de juegos que la autora incluye en la obra: su propia inclusión como protagonista (la sinopsis del libro se refiere a Ruth, el personaje, como "Ruth Ozeki, novelista....", asimilando datos biográficos de la autora y del personaje), el juego fónico que establece entre Nao y la palabra inglesa now, el tiempo perdido de Proust (Nao escribe su diario en un ejemplar reciclado de En busca del tiempo perdido) y el time being (o ser-tiempo) al que hace referencia el título de la novela en inglés (A Tale for the Time Being), las casualidades y anomalías constantes en la obra, los paralelismos entre algunos sucesos o sentimientos de Nao y de Ruth...

Estaría horas hablando de lo que esta novela me ha sugerido y de lo que me ha hecho sentir. Está tan llena de reflexiones, de comparaciones, de anécdotas, de paradojas... que no he parado de tomar notas y subrayar durante toda la lectura. Y está tan llena de vida y de muerte, de derrotas y de victorias; es tan desgarradora en ocasiones y tan divertida en otras; tiene tanta verdad... que siento que es como la vida misma: un gran desván en el que cabe todo y en el que, dependiendo del humor con el que pises su suelo, encontrarás unos tesoros u otros.

Nos seguimos leyendo.

Agradezco a Planeta que me haya facilitado este ejemplar.

Lidia Casado

Juntando más letras





2 comentarios:

  1. Si que es complejo combinar todo lo que cuentas y que el resultado sea tan satisfactorio. Tenía reticencias sobre la similitud con Murakami pero, ya aclarada, me la apunto.
    Besos

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  2. Que buena pinta , tanta información y hecha de manera que no agobie ni embote. Me pica la curiosidad.

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