sábado, 1 de junio de 2013

LORENZO SILVA, EL ALQUIMISTA IMPACIENTE






Ficha técnica:

Título: El alquimista impaciente

Autor: Lorenzo Silva

Editorial: Destino

Género: novela, novela negra

Páginas: 288

Publicación: 26/01/2000

ISBN: 978-84-233-3196-3



Sinopsis (editorial):

El alquimista impaciente inicia su acción con un cadáver desnudo que aparece atado a una cama en un motel. Por la situación en que se halla, sin marcas de violencia, puede ser un crimen, o no. El sargento Bevilacqua, atípico investigador criminal de la Guardia Civil, y su ayudante, la guardia Chamorro, han de resolver el enigma. La investigación que sigue no es una mera pesquisa policial. El sargento y su ayudante habrán de llegar al lado oculto de la víctima y de las personas que la rodeaban, y deberán desentrañar un complejo entramado de dinero e intereses. Pero la clave, como en la alquimia, está en la paciencia.



Mi opinión:


Cuando a una le ponen un caso criminal en la puerta de casa, una no puede por menos que disfrutar de la investigación, buscar similitudes, atar cabos, intentar leer entre líneas y sentir que conoce mucho de lo que se habla en la novela. Eso es lo que me ha pasado a mí con El alquimista impaciente, segundo libro de la saga de Bevilacqua y Chamorro que aún no había leído (a pesar de alzarse con el Premio Nadal de 2000), quizá porque vi la peli en su momento y la recordaba demasiado bien.

Lorenzo Silva sitúa esta novela en la provincia en la que vivo, Guadalajara, y toca temas que siento cercanos, como el de la Central Nuclear (en Guadalajara había dos, hasta que cerraron la que estaba situada en Zorita de los Canes en el año 2006. No he visitado nunca ninguna, pero como periodista, las centrales eran siempre fuente de información y en la redacción estábamos todos bastante al día de lo que tenía que ver con ellas), el del boom inmobiliario y los nuevos ricos surgidos bajo su manto protector y, por supuesto, el de los medios de comunicación ligados a las grandes empresas constructoras. Así que leerla ha sido como recorrer terreno conocido, como sentirse en casa. Sólo me ha faltado Bevilacqua al lado.

El magistral equipo formado por el sargento y la guardia Chamorro (“Tu austeridad mental me sirve para mantener a raya mi fantasía desbordante”, le dice Vila a Virginia, tratando de explicar el éxito de su colaboración profesional) investiga ahora la muerte, en peculiarísimas circunstancias, de uno de los trabajadores de una central nuclear, Trinidad Soler, un hombre que no fue, en vida, lo que parecía ser. Se enfrentan, pues, a una investigación complicada, con recodos y recovecos, con trampas y manipulaciones, que revela, al fin, la debilidad del ser humano y el laxo concepto que muchos tienen de la ética y la honestidad.

Silva plantea en este libro interesantísimas cuestiones sobre el mundo de los negocios, sobre todo, sobre su cara más oculta, su cara más sucia. Y, curiosidades de la vida, lo que en el año 2000 eran temas de actualidad (como la especulación y el boom inmobiliario) hoy se leen con la perspectiva que dan 13 años y una crisis derivada de aquellos barros. Todo el contexto adquiere, pues, una actualidad bárbara y muchas de las cuestiones que planteaba entonces se tornan, ahora, en preguntas de primer orden, como, por ejemplo, ¿puede la esposa de alguien que se está enriqueciendo ilícitamente no saber nada? Todo ello le permite poner en boca del sargento y de algunos personajes comentarios y pensamientos muy interesantes sobre la importancia del dinero y la dictadura social que impone, como cuando dice León Zaldívar, uno de los personajes centrales de la trama, el que representa al triunfo económico, “rico hasta aburrirse”, según el primer comentario que el lector recibe sobre él: “Lo lamentable, Laura, es que hoy la gente no se corrompe por el poco dinero que hace falta para comer, ni tampoco por el mucho que hace falta para ser libre. Lo hacen siempre por sumas intermedias: las que sirven para comprarse un coche más grande, o una casa, o una lancha motora, o cualquier otra de las mierdas a las que la publicidad reduce el horizonte vital de tantos cretinos”.

Además, nos va ofreciendo nuevos datos sobre la vida de Vila que permiten al lector ir conociendo con mayor profundidad a un personaje lleno de matices, licenciado en Psicología (lo que añade un componente de análisis psicológico, análisis de la conducta y referencias explícitas a esta área del conocimiento en sus pensamientos, diálogos e investigaciones), que lucha por no perder la humanidad a pesar de la profesión que ejerce (“Siempre he procurado sentir compasión, en el mejor sentido de la palabra, por la desdicha de las personas cuya muerte me ha tocado esclarecer. Eso implica tener presente quiénes fueron, y esforzarse, hasta donde resulta factible, por conocer y comprender la manera en que veían las cosas”, dice de sí mismo) y que en sus ratos libres se relaja pintando soldados de plomo, eso sí, siempre de ejércitos perdedores.

También vamos conociendo más datos sobre su compañera y su relación con ella, una relación profesional que se va consolidando y que cada vez se basa más en el respeto, la confianza y la admiración mutuas, inevitables encontronazos (derivados de la diferencia de edad o del distinto sexo de ambos) al margen.

Silva pone ante los ojos del lector sugerencias para que reflexione sobre ellas, más allá de los comentarios de los personajes. Así, pone el acento en el funcionamiento del sistema judicial a través del juez tan enterrado entre las toneladas de trabajo pendiente que no ve más allá de sus expedientes o en las dificultades que encontramos las mujeres (en sentido amplio) sólo por el mero hecho de ser mujer.

En definitiva, ésta es una novela bien escrita, con un caso repleto de trampas, recovecos y algún que otro cierre en falso; con unos personajes que crecen y se hacen querer y admirar aún más, con una serie de cuestiones sociales y psicológicas muy interesantes y con un análisis de la sociedad en la que vivimos tamizada por la siempre irónica y descreída mirada de Bevilacqua. Una narración muy bien trazada con un estilo sencillo pero que incluye, al mismo tiempo, una grandísima cantidad de referencias cultas sobre cine o psicología.

Y finalizo con un detalle que me encanta de la saga: el que el último capítulo dé nombre al libro y en él se explique el porqué de tal título. Un colofón perfecto para una buena novela.

Nos seguimos leyendo.


Lidia Casado

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1 comentario:

  1. A ver si consigo estrenarme este mes con este autor, que le tengo unas ganas...
    Besotes!!!

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