viernes, 28 de junio de 2013

LORENZO SILVA, LA REINA SIN ESPEJO (SAGA BEVILACQUA Y CHAMORRO 4)






Ficha técnica: 

Título: La reina sin espejo 

Autor: Lorenzo Silva

Editorial: Destino 

Género: novela, novela negra 

Páginas: 384

Publicación: 04/11/2005

ISBN: 978-84-233-3994-5

Precio: 17 euros


Sinopsis (editorial): 

Una mujer es brutalmente apuñalada en su casa de campo en Zaragoza. Se trata de una célebre y atractiva presentadora de televisión, casada con un escritor catalán de culto. Las huellas de una noche de sexo y drogas sugieren a primera vista un crimen pasional propio del mundillo del espectáculo, pero sólo el curtido buen juicio del sargento Bevilacqua y la precisa inteligencia de la cabo Chamorro lograrán penetrar más allá de las apariencias, enfrentándose a sus propios prejuicios. La investigación lleva a la pareja de investigadores de la Guardia Civil a Barcelona, donde tienen que sortear todo tipo de dificultades, desde el pasado amoroso de Bevilacqua, hasta la delicada cooperación con los Mossos d'Esquadra. Gradualmente, se va dibujando una compleja intriga cuya resolución implicará resolver enigmas de Alicia a través del espejo, explorar el mundo de los chats de Internet, y ahondar en el alma de un personaje con quien el sargento de la Guardia Civil tiene más de una cosa en común. En La reina sin espejo, quinta entrega de la serie de Bevilacqua y Chamorro, la densidad interior de los personajes sirve de contrapunto perfecto a una intriga rica en sorpresas y revelaciones. Lorenzo Silva sabe crear diálogos y situaciones de gran ironía donde lo mismo se discute a Corelli o a Lewis Carroll que se exploran con inteligencia los prejuicios en tiempos del nuevo orden político autonómico.



Mi opinión:

¡Ay, este Bevilacqua! Se nos va haciendo mayor. O eso cree (o siente) él y así nos lo hace saber en varias ocasiones a lo largo de esta cuarta novela (quinta entrega si contamos los cuatro relatos que Silva reunió en Nadie vale más que otro) de la saga que protagoniza el guardia civil. De hecho, su cansancio, su hastío, ese mirarse en los jóvenes y ver cómo ha cambiado, su mirada hacia el pasado, su nostalgia de tiempos mejores, su análisis de lo que ha sido su vida hasta el momento se convierten, en este caso, en subtrama de la obra. Silva se hace eco, así, del paso hacia a la madurez que sobreviene en la frontera de los 40: hora de balances, tiempo para repasar lo hecho y reordenar el futuro, tiempo para mirar al presente y reconocerse en lo que uno es, más allá de lo que soñó que podría haber sido. Sin embargo, he de confesar que me preocupa la tristeza, la melancolía, la frustración, el aburrimiento o la pena por lo no realizado que destilan muchos de los comentarios de Bevilacqua en esta entrega, ese "estar más cenizo que de costumbre" que también preocupa a Virginia. Me lo hubiera llevado a tomar un café y hubiera charlado con él largo y tendido para entender el porqué de su abatimiento. Si se hubiese dejado, claro está. Que Rubén es muy suyo para sus cosas. Ya lo intentó Chamorro en alguna ocasión en esta novela y no obtuvo más frutos que yo.

Me gusta Bevilacqua. Me gusta su manera de ser y cómo tiene amueblada la cabeza. Y me gusta ir descubriendo pasajes de ese pasado que ahora vuelve a él. Silva continúa guardándose piezas del pasado del sargento y nos las va administrando con cuenta gotas, libro a libro, reflexión a reflexión, recuerdo a recuerdo. En esta ocasión, sabemos algo más sobre el fracaso de su matrimonio o sobre la aventura sentimental que tuvo en Barcelona. Me parece muy atractiva ese dosificación de la vida de Bevilacqua a la que nos somete Silva: ya conocemos al personaje, ya sabemos cómo es y cómo piensa, ya sabemos de sus soldados y de su carácter, ya no tiene que volver a contárnoslo; pero eso no quiere decir que lo sepamos todo de él, siempre queda algo nuevo por descubrir, como ocurre en la vida misma.

También me ha resultado muy interesante la visión sobre Cataluña que nos ofrece el autor. Por unas razones u otras, quienes vivimos en otras partes de España tenemos una serie de prejuicios sobre la forma de vida, la mentalidad o la forma de pensar de los catalanes. Silva ofrece un poco de normalidad: retrata los conflictos internos y externos de la Cataluña actual (o, por lo menos, de la de hace una década) y desmonta otros muchos falsos mitos que muchos que no han pisado nunca esa tierra creen a pie juntillas. Y me ha encantado esa crítica a la burocracia por encima de la acción, esa competencia entre cuerpos de seguridad diferentes que, en el fondo, están para lo mismo; ese saltarse el papeleo y hacer las cosas a lo Bevilacqua, ir al grano, moverse, ser pragmáticos, más allá de lo que las instituciones o los políticos consideren que hay que hacer. 

De igual modo, me gusta su manera de echar por tierra tópicos y estereotipos sobre determinados colectivos, como, en este caso, hace con los guardias civiles: los hay cultos, los hay formados, los hay universitarios. 

Y, por supuesto, me han enamorado las referencias metaliterarias que Silva incluye en esta entrega: esa Alicia/Neus que no sabe si es reina o esclava, si está dormida y sueña o es fruto de un sueño; el análisis de la figura del escritor, la visión que la sociedad tienen de ellos, representada por Gabriel Altavella, el marido de Neus, la víctima de esta novela. Y, por la parte que me toca, me ha interesado especialmente la reflexión sobre la admiración que los escritores despiertan en nosotros, esas etapas de embeleso y devoción que muchas veces sentimos y que se oponen a otros momentos de alejamiento, si no de rechazo hacia el autor. Y el placer que supone para un lector hablar con un autor, intercambiar opiniones, conocerle en la cercanía, en lo que él es y no en lo que son sus personajes. He de confesar que, tras esta lectura, me mantengo en la primera fase en mi relación con Lorenzo Silva, es decir, la de la admiración absoluta. Cada día me gusta más cómo escribe y lo que escribe, su estilo y lo que cuenta con esa precisa elección de palabras. Llevo muchos años y muchos libros leyendo a Silva y, de momento, mi admiración y mi respeto por él no decaen. Es más, creo que crece a cada nueva lectura. Y, de momento, la única entrega de Bevilacqua y Chamorro que me queda por leer es la que ha ganado el Planeta... ¿qué mejor promesa?

Nos seguimos leyendo.



Lidia Casado








2 comentarios:

  1. Me encanta Lorenzo Silva y sobre todo esta saga. Tengo pendiente este libro, así que segurísimo que tarde o temprano acabará en mis manos. Un besote.

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  2. Yo ya voy por la tercera entrega y espero empezar pronto la cuarta

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