jueves, 20 de junio de 2013

Encuentro con Ruth Ozeki: “No escribo para enseñar nada a nadie sino para resolver mis propias preguntas”






Escritora, cineasta, monja budista zen... Ruth Ozeki parece capaz de reunir en su vida tantas ocupaciones como temas sobre los que reflexionar y aprender ha introducido en su última novela, traducida en España como El efecto del aleteo de una mariposa en Japón. Un título vinculado a la teoría del Efecto Mariposa y que, para la autora, “reproduce la idea de que todo en el mundo está muy interconectado, existe una relación entre todos los seres del mundo. Un cambio en una parte del mundo va a tener un efecto en otra parte del mundo. Estamos conectados en un mundo interrelacionado”. En inglés, el título de la novela (A Tale for the Time Being) “es un juego de palabras con la expresión inglesa ser humano ('human being'). Es muy difícil de traducir, por eso elegimos un título totalmente diferente. No se trata de hacer una historia para el presente, sino que es una historia para todos los seres humanos en el tiempo. Hay muchos significados, es un título inestable, en ese sentido, que permite varias lecturas”. Juegos de palabras que aparecen a lo largo de toda la novela: el tiempo perdido tras el que anda Proust y este "Time Being" del título o, como recordaba la autora, el juego fonético que se produce entre el nombre de uno de los personajes principales, Nao, y el "ahora" inglés ("now").

En el fondo, toda la novela es un gran juego, es ambigua, permite varias lecturas. Quizá esa sea una de las razones por las que la autora defiende que, a pesar de estar protagonizada por una adolescente, no es 

“literatura juvenil ni para adultos jóvenes; se dirige a adultos. Es verdad que algunos adolescentes podrían leerlo y no pasaría nada pero no va dirigido a ellos porque hay mucha violencia en el novela y podría ser muy fuerte para niños de 13 o 14 niños, aunque es verdad que los niños ahora ven mucha violencia”.

Una violencia que se refleja de muchas maneras (guerras, terrorismo, agresiones al medio ambiente, tsunamis, desastres nucleares...) pero que aparece encarnada, principalmente, a través de dos de los grandes temas que se tratan en la novela: el acoso y el suicidio. Respecto al primero, Ozeki explica que “he hecho un seguimiento de historias de acoso en Japón en los últimos 15 años. El ciberacoso y lo que se llega a hacer con los móviles es una realidad en Japón y en muchos lugares del mundo. En Canadá hemos tenido un caso de dos niñas jóvenes que se suicidaron después de ser acosadas en internet, abusaron sexualmente de ellas, se colgaron las imágenes en internet y ellas se suicidaron. Es terrible. Escribí sobre ello en el contexto de Japón porque es donde yo empecé a fijarme en este tipo de acoso, que empezó a ser noticia en los 90: las niñas empezaron a sufrir acoso escolar y sexual. También les ocurría a los niños, en realidad. Hay muchas películas también sobre el tema realizadas en Japón. Una de ellas hablaba de un club de suicidas que se reunía en internet, planificaban juntos su suicidio y lo llevaban a cabo juntos. Incluso recuerdo un manual publicado a finales de los 90 que fue un best seller y que planteaba, precisamente, cómo suicidarse, proponiendo técnicas diferentes”. Respecto al segundo tema, la autora recuerda que “en Japón, el suicidio es culturalmente diferente. Históricamente, ha sido una manera de recuperar tu honor. Es el caso, por ejemplo, de los samuráis o de los kamikazes, aunque este último caso es distinto, porque muchos de ellos eran obligados; de ello se habla en el libro”.

El tratamiento del suicidio es una de las cuestiones que es objeto de comparación en el libro, junto con, por ejemplo, la diferente perspectiva de la autoestima en Oriente y en Occidente. Para Ozeki, “somos diferentes, las culturas son diferentes, las personas somos diferentes... y al mismo tiempo somos muy iguales. Debemos englobar las dos cosas para entender bien qué somos: somos iguales y somos diferentes. En un plano relativo, siempre nos estamos comparando, buscando lo que nos diferencia de los demás, pero estas diferencias son muy pequeñas y cuando nos centramos, por ejemplo, en las religiones, vemos que todas son muy parecidas y que todas tienen el mismo padre y todas son hermanas. Todos somos iguales porque todos somos 'seres-tiempo'. Y a escala emocional somos iguales: todos queremos ser felices, no conozco a nadie que no quiera ser feliz”.
A pesar de la cantidad de temas que aparecen en la novela y de lo mucho que se puede llegar a aprender de ella (o, al menos, es capaz de abrir horizontes para que cada lector encuentre vías a través de las que enriquecerse), Ozeki asegura que su objetivo no es sentar cátedra ni adoctrinar a nadie: “Escribir este libro fue una catarsis para mí. Yo no escribo libros para enseñar cosas a la gente. Yo tengo preguntas, tengo cosas que me preocupan y utilizo la literatura como un campo de indagación, es una manera de coger un problema e invertirlo mil veces hasta encontrar respuestas. Para mí, el proceso de escribir es el proceso de hacerme preguntas. No es un ejercicio para enseñar nada a nadie”. 

La autora continúa hablando de su proceso de creación explicando que “empecé a escribir este libro a finales de 2006 y lo terminé a finales de 2011. Tardé cinco años en escribirlo y es difícil decir cuál fue la primera idea, la idea que le dio pie. Había estado siguiendo diferentes temas (acoso, suicidio, la percepción del tiempo en el zen...) y todo ello ha ido alimentado el libro. Una vez que me llegó la voz de Nao es cuando me di cuenta de que tenía un libro. Era un personaje estupendo y no me dejaba en paz, ella me sostuvo, no me dejó abandonar el libro. Algunos personajes son así”. Y si hablamos de personajes, era obvio que le íbamos a preguntar por Ruth, el otro personaje principal sobre el que se asienta la novela. “Ruth es una semiversión de mí misma. Supuestamente aparezco en la novela, hay un personaje en la novela que se hace pasar por mí. ¡¿Cómo se atreve?! Es como la autoficción, que tan de moda está. La ficción está de moda porque vivimos en un mundo de ficción, dedicamos gran parte de nuestro tiempo a teclear textos que son ficciones, al fin y al cabo. Colgamos nuestras actualizaciones en redes sociales... y todo es ficción, son pequeñas partes de lo que está ocurriendo en realidad. Tenemos avatares que son nosotros... pero sabemos que no son nosotros. Tenemos un sentido de nosotros mismos muy mediático, estamos empezando a vernos como seres de ficción”, aseguró.
Uno de los personajes más entrañables y admirables de la novela es Jiko, la bisabuela de Nao. Una mujer de 104 años, que fue feminista, escritora y anarquista en su juventud y que, tras la muerte de su hijo, se hace monja budista y se va a vivir a un templo. “No es otra clase de suicidio, no es un retiro”, explicaba Ozeki. “Jiko no se retira, vive en el templo, pero participa activamente en el mundo y en las vidas de quienes están cerca de él. Vive una vida muy activa. Yo no diría que se ha jubilado, o se ha retirado... aunque es verdad que tiene 104 años, lo que puede hacer está limitado. Pero, dentro de esos límites, vive una vida muy activa y participa en la comunidad. La relación que tiene con su bisnieta es tremendamente importante, hay una influencia mutua. Nao la lleva al mundo, Jiko aprende gracias a ella a mandar sms, está muy activa en el mundo. Es todo lo contrario al suicidio. La bisabuela es el único adulto fiable en la vida de Nao y es imprescindible para dar la vuelta a las cosas. Está casi ciega pero puede ver más que nadie y tiene una capacidad casi mágica para invertir las situaciones. Es el personaje más importante del libro”.

La conexión que se establece entre Jiko y Nao es uno de los elementos más maravillosos de una novela que habla de cómo los seres humanos nos relacionamos. En este sentido, Ozeki mostró su preocupación por nuestra forma actual de comunicarnos: “A pesar de las redes sociales, en cierta manera, la gente se siente más sola ahora que nunca. Hay un fenómeno muy extraño con las nuevas tecnologías: cada nueva tecnología crea el problema que trata de resolver. Por ejemplo, la televisión se inventó para evitar que nos aburriéramos pero, al mismo tiempo, destruye nuestra capacidad para entretenernos a nosotros mismos y crea aburrimiento, en ese sentido. Del mismo modo, creo que las redes sociales, que están inventadas para mantenernos conectados, crean soledad. No es lo mismo que estar en una sala con más gente”.

Nao conecta enseguida con Jiko y acaba conectando, al final de la novela, también con su padre. “Me interesó la manera en la que los niños no entienden lo que está pasando en el mundo de sus padres. Los niños piensan que conocen a sus padres pero en realidad, como niños que son, no llegan a saber lo que piensan o sienten sus padres. Y ese es el caso de Nao: cree que entiende a su padre pero en realidad no lo hace hasta el final del libro. Cuando hablan, cuando conectan, se entienden. Por eso creo que el libro es esperanzador”, explicaba, en este sentido, la autora.

Esa conexión también se establece, a pesar del tiempo y del espacio, entre Ruth y Nao, los dos personajes centrales de la novela y que da lugar a dos voces narrativas diferentes en ella. “Hay dos narradores porque es una conversación. Siempre supe que Nao iba a ser un personaje de la novela y también sabía que iba a haber un escritor. Si tienes un escritor, tienes que tener un lector, como tampoco puede existir un lector sin escritor. Es un diálogo. La voz de Nao no hubiera sido suficiente”. Además, la escritura en tercera persona de los capítulos protagonizados por Ruth permitía un nuevo juego literario: “la tercera persona de Ruth implica que hay alguien escribiendo esa historia, implica que hay otro escritor. Cuando escribes en tercera persona, se da por supuesta la existencia de un autor, se crean dos niveles: el del autor y el del personaje. Con la primera persona, identificas autor y personaje y a mí me gusta jugar con los niveles, con las capas. Es un juego. Mi novela es un mundo de inestabilidad”.
Hablando de los personajes, Ozeki explicó lo que de ella hay en ellos, asegurando que “en cierto sentido, todos los personajes de ficción son reflexiones del escritor. Tiene que ser así porque si no ¿de dónde va a salir el personaje? Así que hay un poco de mí en Nao y en Jiko... incluso hay un poco de Jiko en mí. Salen de mi imaginación, así que deben formar parte de mí. Además, cuando era niña también sufrí algún caso de acoso y eso me hizo sentir como Nao. Yo también era una adolescente difícil y llena de ira”.
Ozeki confiesa que supuso muchísimo trabajo unir todas sus investigaciones de manera que el resultado fuera tan atractivo como el que es y abogó por la curiosidad innata del escritor: “los escritores somos muy curiosos, metemos la nariz en todas partes. Ya lo decía Kundera: cuando nace un escritor en la familia, esta desaparece”.

En este juego de escritores y lectores, Ozeki también habló de sí misma como lectora y como espectadora de cine, asegurando que “cada vez que leo un libro o veo una película buena, cambia mi forma de entender el mundo y el arte. Recientemente, Kate Atkinson ha cambiado mi forma de ver cómo puede trabajarse el tiempo en la literatura”. Y ahondando en la relación tan especial que se establece entre el lector y el escritor, explicó que “es como si fuéramos un espejo. Yo creo que los escritores y los lectores colaboran para poder crear un libro. El libro que tú lees es muy diferente al que yo leo. Hay una relación de colaboración, el libro es una cocreación. Pero también hay una colaboración entre el personaje y el autor. Muchas veces tengo la sensación de que los personajes andan rondándome, es como si fueran parásitos en mi cerebro. El personaje crea la novela y también al autor y el escritor crea, por supuesto, al personaje. En el libro se ve: Nao hace que Ruth aparezca. Todo el libro podría considerarse como una alegoría del proceso creativo, pero no es esta la lectura que yo recomendaría hacer del libro”.
Quienes hemos disfrutado con esta maravillosa novela nos llevamos una alegría cuando, al final del encuentro, Ozeki prometió que “habrá más libros. Empezar un nuevo libro me ilusiona muchísimo, es lo mejor. Estoy encantada con este libro, me alegra de que viaje por el mundo, le tengo mucho cariño... pero ya no es mío, ya os pertenece a vosotros”. A mí, como lectora, no me queda más que darle las gracias por este riquísimo regalo.

Nos seguimos leyendo.



Lidia Casado








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