martes, 4 de junio de 2013

LORENZO SILVA, LA NIEBLA Y LA DONCELLA




Ficha técnica:
Título: La niebla y la doncella

Autor: Lorenzo Silva

Editorial: Destino

Género: novela, novela negra

Páginas: 338

Publicación: 10/10/2002

ISBN: 9788423334438



Sinopsis (editorial):

El sargento Bevilacqua y su compañera la cabo Chamorro, atípicos investigadores criminales de la Guardia civil, reciben un incómodo encargo. El asunto que les toca en suerte es un asesinato ocurrido dos años atrás en la isla canaria de La Gomera; el muerto, un joven de vida desordenada y carácter atolondrado. Por el crimen, en su día, se juzgó y absolvió a un político local cuya hija adolescente andaba en relaciones con la víctima. El caso ha estado en la vía muerta durante meses, pero las altas conexiones de la madre del chico han forzado a reabrirlo. Chamorro y Bevilacqua se encuentran con un crimen antiguo y muy pocas pistas para resolverlo. Tras desplazarse a la isla, la cabo y el sargento, con la colaboración no siempre entusiasta de los guardias que en su día cerraron el caso en falso, se sumergen en la búsqueda de un asesino que parece haberse desvanecido en la niebla del bosque donde apareció el cadáver.

Lorenzo Silva nos ofrece en La niebla y la doncella la entrega más trepidante y ambiciosa de las andanzas del sargento Bevilacqua.



Mi opinión:

Quizá sea ésta la entrega que más me ha gustado de la saga (sin contar La estrategia del agua, quinto libro protagonizado por Bevilacqua y Chamarro, que hasta el momento -y a falta de leer La reina sin espejo y La marca del meridiano- es mi favorito). Tal vez sea porque lo personal está más presente, porque conocemos a un Vila y una Chamarro más personas que personajes, con sus conflictos íntimos, sus frustraciones y una personalidad cada vez más definida. Porque Lorenzo Silva sigue ofreciéndonos datos nuevos sobre los personajes principales en esta tercera entrega. Ahora descubrimos que el sargento Bevilacqua estuvo casado y tiene un hijo de nueve años, al que ve menos de lo que quisiera desde hace seis y deja entreabierta una puerta a su alma por la que nos deja ver qué siente ante esa situación, cómo se siente respecto a su hijo, cómo es como padre. Vila también nos revela ahora el porqué de su afición a pintar soldados de plomo. Más que el porqué de su afición, lo que revela es la razón por la que solo pinta soldados derrotados, pertenecientes a ejércitos que perdieron sus batallas. Además, sus problemas para navegar humanizan a este modesto héroe. Él mismo nos habla de su evolución personal cuando dice, por ejemplo:

"De joven, y cuando digo joven quiero decir antes de empezar a levantar cadáveres con cierta frecuencia, yo era un pesimista obstinado y fastidioso. No descarto que fuera eso lo que me condujera, precisamente, a la psicología. Para un pesimista, el estudio de los desarreglos de la mente humana puede llegar a ser una gozosa fuente de confirmaciones de su convicción. La cosa empezó a cambiar cuando me puse a convivir de forma efectiva con el desastre, y terminó de invertirse cuando la muerte se convirtió en mi compañía y mi ocupación cotidiana. Desde entonces, soy un optimista contumaz. Ver truncarse las vidas, con todo".

Asimismo, también le acerca al lector su férreo sistema de valores humanos y esa lealtad por quien, como él mismo dice, "soporta contigo, codo con codo, el barro y el polvo de la misma trinchera. Aunque uno nunca termina de saber si es justa o verdadera la causa por la que lucha, lo que está fuera de cuestión es la indignidad de quien da la espalda al que tiene a su lado". Y, finalmente, en este caso también nos deja ver cómo se maneja con las mujeres. Las referencias sentimentales o sexuales a Chamarro y otras féminas han sido constantes hasta ahora, pero Vila ha mantenido su firme convicción de no mezclar el placer con el deber. Hasta ahora. Y sus inseguridades, su miedo, su forma de describir un encuentro sexual y la conversación posterior, su manera de recordar al otro 50% de esa aventura y las bellísimas palabras que le dedica muestran a un Bevilacqua más humano aún, con sus bajezas y sus cualidades, más admirable, más cercano.

También Chamorro adquiere mayor protagonismo en esta entrega, dejándonos ver su cara más personal. La relación sentimental que mantiene con ese "Conan", objeto de todas las burlas posibles por parte de Vila, perfila a la Virginia que hay detrás del uniforme de Guardia Civil, a la mujer que apuesta por una relación pero con la suficiente sinceridad consigo misma, la suficiente valentía, fuerza e inteligencia como para pararla en cuanto deja de ser lo que ella creía que podría ser. Del mismo modo, otro de sus amores, su pasión por la astronomía, también cobra importancia en esta tercera entrega, descubriendo al lector su capacidad para apasionarse y para compartir esa pasión.

Tal vez también me haya gustado más esta novela por el propio caso en sí. Un "muerto pasado de fecha", en palabras de Vila, cuyo presunto asesino ya fue juzgado y absuelto. Cinco años después de que el joven Iván perdiera la vida, Bevilacqua y Chamorro tendrán que viajar a las Islas Canarias para investigar qué ocurrió de verdad aquella noche. A las dificultades que encontrarán por el tiempo pasado y el juicio (y los prejuicios) anteriores tendrán que sumar las trampas que irán encontrando en el camino. Un caso que sacará a la luz las miserias del ser humano cuando la avaricia se convierte en guía de vida.

O quizá me haya gustado más, simplemente, porque es más redonda que las demás, mejor estructurada. Al menos, esa era la intención consciente de Lorenzo Silva, tal y como explica en su página oficial (página que te invito a visitar, porque tiene muchísimas curiosidades e información jugosa sobre la obra de Silva en general y sobre la saga que nos ocupa en particular):

"Era todo un reto volver a escribir una historia con esta pareja de investigadores, después del éxito (bastante espectacular e inesperado, para mí) de "El alquimista impaciente", un libro que llegó a más de 200.000 lectores y, a través de la adaptación cinematográfica que hiciera Patricia Ferreira, a muchos millares de personas más. Ser consciente de que con Chamorro y Bevilacqua podía haber inventado una fórmula de éxito me hizo ser muy cauto: tardé tres años en volver a ellos, y no lo hice hasta que no estuve más o menos convencido de tener entre las manos una novela que, lejos de limitarse a repetir los hallazgos de alguna de las anteriores, me pareciera que podía ser la mejor, la más completa y valiosa de todas. Así lo intenté, entre finales de 2001 y el verano de 2002, y esto fue lo que salió. Una novela más extensa que las dos precedentes, donde se cala más a fondo en la pareja protagonista, y sobre todo en el sargento, que deja entrever alguna de sus zonas oscuras. Y una historia en la que los investigadores no pueden mantener siempre la frialdad y la distancia profesional, porque se ven personalmente implicados en los acontecimientos como nunca se habían visto antes. Por lo demás, intenta la novela ser de nuevo un reflejo literario de la España actual, y los personajes, dos representantes de esa gente que se levanta cada mañana para hacer su trabajo, con alguna conciencia del deber, algún deseo de ayudar a los demás y el prurito de cumplir decentemente con su cometido. Aunque no les paguen mucho, aunque sirvan a un sistema de justicia imperfecto, y aunque no hubieran soñado de pequeños estar donde están. Un hombre y una mujer honrados y pundonorosos, que fallan como tú y como yo, pero que como tú y como yo intentan mantener la dignidad. Nada más. Nada menos".

Lo que no faltan son los comentarios y reflexiones sobre cuestiones importantes, al hilo del caso o de las relaciones y conversaciones que se establecen en el libro. Así, Silva pone sobre el tapete problemas tan actuales (quizá será porque siempre están de actualidad) como la corrupción, la desmilitarización de la Guardia Civil, las vidas afortunadas tiradas por la cloaca, o la hipocresía y la ruindad del mundo de la política.

Como también es habitual en la saga, no faltan las conversaciones que giran en torno a la desigualdad de género. En este caso, el diálogo no tiene lugar con Chamarro, sino con Ruth Anglada, la compañera isleña que les acompañará en el caso. Un personaje central (por muchos motivos) en esta entrega, con la que Vila discutirá sobre feminismo y machismo. Además, también estará presente la situación de la mujer en los Cuerpos de Seguridad, aunque en este caso sea para lamentar que la maternidad eche por tierra muchas prometedoras carreras profesionales: las exigencias del trabajo, dice el sargento, no son las más adecuadas para conjugarlas con una "maternidad responsable". Y éste, precisamente, será otro de los temas sobre los que pivoten algunas de las tramas de la novela: la educación que los padres brindan a los hijos y las consecuencias que tal educación tienen en los vástagos y en su futuro (y, claro está, si es posible enmendar errores). Aunque, en esto, como en todo, Vila no puede dejar de mostrar su escepticismo, más cargado de pesimismo aquí que nunca: "creo que los padres, se pongan como se pongan y hagan lo que hagan, siempre joden a los hijos", asegura el sargento. Genio y figura.

Nos seguimos leyendo.





Lidia Casado

Juntando más letras




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