miércoles, 2 de octubre de 2013

LOLA LÓPEZ MONDÉJAR, LA PRIMERA VEZ QUE NO TE QUIERO



Ficha técnica: 

Título: La primera vez que no te quiero

Autora: Lola López Mondéjar 

Editorial: Siruela

ISBN: 978-84-15803-99-7

Páginas: 272

Precio: 18,95 euros 



Sinopsis (editorial): 

La primera vez que no te quiero cuenta la historia de una afirmación personal que se inicia con un No. Su protagonista, Julia (Lía, Giulietta), emprende una investigación íntima de la que se desprende un fresco e incisivo tratado de geología interior. 

¿En qué consiste ser mujer? ¿Qué es ser una auténtica revolucionaria? ¿Sirve el conocimiento para cambiar el mundo? ¿Cuáles son las palabras necesarias para entenderlo? De mirada desprejuiciada e inocente, Julia observa, indaga, aprende el vocabulario del mundo y explora en carne viva las heridas y alegrías de la vida. Milán, ­París, Creta, una cálida ciudad mediterránea, un estimulante tren a Portbou, son algunos de los escenarios por los que transcurre su viaje. 

Con una estructura y una prosa dinámica y musical, salpicada de hallazgos poéticos, Lola López Mondéjar narra el proceso de una búsqueda de identidad que pugna por descifrar el misterio que liga a Julia a la tristeza, y el desamor que le devuelven los hombres. 

Una novela sobre el aprendizaje que una generación de jóvenes soñadores, dispuestos a cambiar el país que habían heredado, tuvo que realizar para adaptarse a la libertad y a la democracia en la España de los años 1980.



Mi opinión:

Quiero decir tantas cosas sobre esta novela que no sé ni por dónde empezar. Así que creo que lo mejor será comenzar por el principio, es decir, por la primera frase de libro, que no puede ser más impactante: "Cuando tenía dos meses de edad, mi madre intentó ahogarme mientras me bañaba". ¿Cómo se te queda el cuerpo? Pues como a mí y como a, supongo, la mayoría de los lectores de una novela que juega, en varias ocasiones más, con la zona de confort de quien lo lee, sacándole de lo esperado y poniéndole frente a sucesos o comentarios capaces de removerle por dentro, a veces en el sentido literal de la frase. La autora introduce algunos pasajes ciertamente desagradables que ponen a prueba la tolerancia del lector, como cuando habla de esa jugosa tortilla que guarda dentro una cucaracha o de las endurecidas mangas de una amiga de la protagonista que siempre las utiliza para limpiarse los mocos. Son dos ejemplos de ese guiño a lo desagradable que incluye López Mondéjar en su novela, un guiño que nos recuerda que la vida también tiene su lado escatológico, su lado vomitivo y que hay que aprender a vivir con ello. Y que, puesto que es parte de la vida, es también parte de la literatura.

Y esta, precisamente, es otra de las reflexiones que propone la novela: la relación entre la vida y la literatura. La protagonista, Julia, quiere ser escritora y en un momento dado de la obra habla de los dramas de la realidad que superan a la ficción y de cómo su memoria va convirtiendo las historias que los demás le cuentan en novela, un método que muchos autores siguen en la realidad. Pero las reflexiones de Julia sobre la literatura no es el único elemento metaliterario de la novela: hay toda una reflexión sobre el lenguaje, sobre los tipos de lenguas, sobre cómo cada parcela del conocimiento e, incluso, cada relación tiene su propio lenguaje, sus propias expresiones, su jerga específica. Y Julia, amante del conocimiento, obsesionada por aprenderlo todo, quiere dominar las lenguas de aquellos que va conociendo para entenderlos y comprender sus razones auténticas. 



LA FAMILIA 



Esta obsesión por las lenguas también trata de ocultar una de las grandes taras de Julia (según su propia opinión): la incultura de su madre, los vulgarismos de la lengua que ha escuchado y aprendido mientras crecía en su entorno familiar. Ese huir de la lengua materna es una metáfora del alejamiento a toda costa que busca respecto a su madre. No porque la quisiera matar (aunque impactante, es un hecho poco tratado explícitamente en el libro) sino porque representa un modelo de mujer sumiso y anulado muy alejado del que ella busca para sí. Por eso cuando se case y sienta que se convierte en su madre, buscará la excusa para boicotear su matrimonio y vivir una vida muy diferente.

La falta de un adecuado modelo de mujer que seguir conduce a Julia a buscar un espejo en el que mirarse, un prototipo al que imitar. Esto permite a la autora ofrecer una serie de esbozos de arquetipos femeninos francamente interesantes y muy acordes con esa pregunta que se lanza al lector desde la sinopsis: ¿En qué consiste mujer? Eso es lo que tratará de averiguar Julia durante su andadura, buscándose en las otras pero viviendo su propio modelo singular, mientras tanto.

En su búsqueda del modelo ideal de mujer, Julia también retratará a diferentes hombres que implican formas de masculinidad distintas. Comenzado por su padre, un hombre que prefiere pasar el tiempo con los animalillos de su terraza antes que con sus propias hijas. Un hombre por cuyo amor Julia luchará a lo largo de su vida y que la llevará a buscar ser querida de forma incansable durante toda la novela. Una búsqueda que no deja de ser curiosa, porque entre las cualidades que admira en una mujer están la libertad y la independencia.



LA IDEOLOGÍA Y EL CONTEXTO HISTÓRICO



Esa independencia y, sobre todo, esa libertad están muy relacionadas, en la novela, con la ideología. Frente al conservadurismo a ultranza del padre y la tímida concesión a la democracia de su madre, Julia se desmarca como revolucionaria. Al menos, es lo que pretende, por lo que, sobre todo al principio del libro, analizará pormenorizadamente qué significa ser revolucionario y qué cualidades deben adornar a quien pretenda serlo. De alguna manera, sus comentarios resultan irónicos y ridiculizan el seguimiento a ultranza de cualquier ideología pero también dicen mucho sobre el contexto histórico en el que la autora sitúa la novela: los últimos coletazos del Franquismo, la transición y los primeros años de la democracia. Inmersa en esa época histórica, Julia nos contará cómo ve cambiar a su país, cómo pasa de ser un país encorsetado a ser "un laboratorio de libertad" en el que todo (o casi todo) es posible. 

Julia comparará la España franquista y la España de la transición pero también hará lo propio con España y los diferentes países que va visitando: Italia, Francia, Grecia... Sus viajes la transforman, abren su mente y, hasta cierto punto, permiten que mire a su propio país con los ojos del extranjero que trae la retina repleta de cosas diferentes.



UNA ESTRUCTURA SINGULAR


A lo largo de la novela, Julia va narrando toda su vida: desde su infancia hasta que cumple 29 años y encuentra el amor verdadero y la aceptación, aunque no sea como ella esperaba. Pero la narración no transcurre de forma lineal. No hay capítulos en este libro sino fragmentos (no demasiado extensos, desde un párrafo hasta un par de páginas) que trazan dos líneas temporales paralelas: el pasado remoto (desde la infancia hasta poco más allá de su separación conyugal, cuando ella tiene veintipocos años) y el pasado reciente (desde su separación hasta los 29 años). Ambas líneas se van intercalando ordenadamente y van construyendo narraciones paralelas, hasta que llega un momento en el que la primera alcanza a la segunda. De hecho, en las últimas páginas, hay una cierta superposición: se nos vuelven a contar hechos que el lector ya conoce, aunque con algún matiz. Con esta peculiar estructura la autora pone de manifiesto (tal y como yo lo veo) dos cosas: enfatiza el momento de ruptura que supone su separación (ruptura con lo esperado, ruptura con su familia, ruptura con su pasado, ruptura con el modelo de mujer que no quiere ser) y, por otro lado, da muestra del vaivén de los recuerdos en nuestra memoria, de cómo nuestra memoria no es un libro ordenado de principio a fin, sino que los recuerdos saltan en ella sin que sepamos muy bien cómo ni cuándo.

Toda esta reflexión sobre la memoria, sobre lo que somos, sobre lo que nos condiciona y sobre las herramientas de las que disponemos para vencer a una cierta predeterminación social y genética está también relacionada con la psicología, muy presente en la novela. Julia es psicoanalista, como la propia autora, por lo que se habla mucho en la obra sobre conductas y rémoras psicológicas.

Por si todo esto fuera poco, se trata de una novela muy bien escrita, con frases realmente bellas, reflexiones significativas y cabos sueltos tirados al lector para que recoja los que crea convenientes y contribuya a crear la obra con su propia experiencia y sus propios pensamientos. Es, por lo tanto, un libro que se disfruta tanto en su lectura como en lo que sugiere a cada lector, en lo que cada uno aporta a la historia de Julia. Un libro que dice cosas diferentes a lectores distintos, dependiendo de cuestiones tan vitales como su género o la época histórica que le ha tocado vivir.

Nos seguimos leyendo. 

Agradezco a Siruela el envío de este ejemplar. 


Lidia Casado



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