miércoles, 30 de octubre de 2013

MAR MELLA, AZUL VERMEER







Ficha técnica: 

Título: Azul Vermeer 

Autora: Mar Mella 

Editorial: MR

ISBN: 978-84-270-4068-7 

Páginas: 448

Precio: 20,90 euros 



Sinopsis (editorial): 

1675. Delft, Países Bajos

«—El panadero no nos fiará más. Ha accedido a llevarse el cuadro que queda en el estudio para terminar de saldar nuestra cuenta. Llevamos casi dos años sin pagarle.

—¿No podías haber buscado otra solución? —La boca de su madre se contrajo en una mueca—. Ya le has entregado uno y sabes que ese lienzo era uno de sus favoritos. Él habría hecho cualquier cosa antes de verlo colgado en la pared del salón de un…

—Si hubiera hecho lo suficiente, no me vería obligada a tener que hacerlo yo ahora.»


Actualidad

Marta Miralles, una brillante restauradora de pintura flamenca, accede a restaurar un antiguo lienzo sin catalogar perteneciente a la familia Medraño, propietaria de una de las casas de subastas más prestigiosas de Europa. Cuando Marta acepta el encargo, vuelve a reencontrarse con algunos de los fantasmas de su pasado, como Javier, su primer amor, y Paddy, el hombre del que estuvo enamorada la mayor parte de su vida. Pronto, la vida de todos terminará por fundirse con la historia de ese misterioso lienzo y con la obsesión de Marta por el famoso maestro Vermeer y su obra…

Azul Vermeer nos adentra con pulso magistral en el desconocido mundo del arte y los coleccionistas privados, en las intrigas que se esconden tras las galerías más prestigiosas y en el submundo que oculta el mercado negro de obras sin catalogar. Una cautivadora novela que te hará amar el arte y los colores.



Mi opinión:

Normalmente, cuando uno lee un libro, va conociendo progresivamente a todos los personajes, sobre todo, al o a los principales. Sin embargo, tras cerrar Azul Vermeer, una tiene la sensación de que no conoce a Marta Miralles, con la que lleva compartiendo 448 páginas de su vida. Y, después del punto final, siento que, en realidad, no sabría definirla, no sabría decir cómo es, no podría retratarla, sobre todo moralmente. Ocurre muchas veces en la vida real pero no tantas en la vida literaria, así que me parece prodigiosa la capacidad de Mar Mella para echar capas y capas de pintura sobre la personalidad de Marta (curioso, me acabo de dar cuenta de la coincidencia de siglas entre la autora y la protagonista) hasta volverla totalmente opaca, impenetrable. Muchos otros personajes hablan de esa enigmática personalidad, de ese muro tras el que Marta se oculta, de lo equívoca que resulta la primera sensación que reciben cuando la conocen, de lo diferente que es su imagen externa de su entrega y su capacidad de trabajo... Nadie la conoce, ni dentro ni fuera del libro. Quizá solo Mar Mella. Habrá que preguntárselo.

Cimentada en este personaje atípico, la autora construye una historia que te atrapa a pesar de no tener grandes giros (aunque alguno hay, por supuesto) ni estar volviéndote loco todo el rato. Mella dosifica la información que va ofreciendo al lector de manera extraordinaria, manteniendo su interés y permitiendo que los jarros de agua fría caigan sobre su cabeza cuando y donde menos lo esperaba. Junto al personaje de Marta, la estructura de la obra es, pues, para mí otro de los grandes logros de esta novela, primera de la autora. El libro está dividido en cuatro partes, cada una titulada con un color, y tras la imagen gráfica que separa cada una de ellas, la voz narradora (siempre en tercera persona omnisciente) centra su atención en un personaje diferente, todos importantes para la historia: Johannes, Emilia, Ruud y Lola. A partir de ahí, continúa la historia de Marta, siguiendo una numeración correlativa, a pesar de la inserción de estos capítulos que añaden detalles a la historia principal y que se desarrollan en épocas históricas anteriores al presente narrativo.

Aunque los capítulos en los que el narrador se centra en Marta aparecen numerados de forma correlativa, como digo, no hay una presentación lineal, cronológica, de los hechos que tienen que ver con ella. Hay muchos saltos temporales que añaden emoción a una historia ya de por sí interesante, de ahí que crea que la estructura potencia la emoción y la intriga del propio argumento.



EL MUNDO DEL ARTE



Si nos centramos en el ambiente y el tema que envuelve la trama, he de decir que me ha encantado bucear en el mundo del arte: el de los pintores, por supuesto, pero también el de la restauración e, incluso, el eslabón de la venta, a través de las subastas. Gracias a todo lo que nos cuenta la autora, el lector puede hacerse una idea de cómo funcionan las cosas en la realidad, de sus luces y sus sombras, de sus éxitos y sus tejemanejes. 

Me parece que toda la parte, digamos, teórica de la obra está muy bien integrada en la trama. Las explicaciones sobre pigmentos, subastas, métodos de trabajo y demás están perfectamente diluidas en los parlamentos de unos personajes que son expertos en la materia y, por lo tanto, no extraña que en un momento determinado expliquen distintos aspectos de la dimensión más documental de la obra.

No sé si lo he dicho ya, pero soy una pintora frustrada. Siempre he sentido la necesidad de expresarme mediante la pintura pero jamás he llegado, ni siquiera, a aprender a coger un pincel. En mi cabeza veo imágenes y cuadros pero llega la hora de expresarlos y no, es imposible, mi mano no sigue a mi imaginación. Por eso me encantan los libros protagonizados por pintores y me parece que esta novela añade un plus al tema, abarcando otras áreas relacionadas con la pintura pero que marcan diferentes ámbitos, como el comercial o el de la conservación y recuperación de determinadas obras.



DETERMINISMO FAMILIAR



Junto a la pintura en sí, hay un tema que subyace en la novela y que me ha interesado especialmente: el de las relaciones familiares. Dice Marta de sus padres que lo único que compartían era su "absoluta indiferencia hacia ella". Emilia, la madre de Javier, es un personaje brusco y envarado que parece querer más a los cuadros que a las personas, aunque eso no le impide venderlos al mejor postor. Miguel Medraño, padre de Javier, sabe que tampoco ha podido inculcar en su hijo ciertos valores que para él son determinantes para una persona. Y hay otros personajes secundarios que ejercen de padres o madres de manera poco convencional o que han sufrido los rigores de unos padres poco afectivos. 

El único padre que parece saber lo que se hace es Ruud, pero sus métodos son cuestionados y la voz narradora nos hace pensar que son peculiares. Así pues, el catálogo de padres y madres que nos presenta Mar Mella lleva al lector a reflexionar sobre la responsabilidad de ser padres y las taras o defectos o rasgos del carácter que un determinado ejercicio de la paternidad provoca en quien o quienes lo sufren.

En este sentido, al final el regusto amargo que te queda en la boca es el de un cierto determinismo familiar: nadie escapa de sus raíces, de su pasado, de las secuelas de una infancia infeliz.

Creo que se nota lo que he disfrutado de esta novela y el subidón que me dejó al final no pude superarlo en varios días. Me parece una obra muy muy bien escrita, desarrollada con un pulso narrativo genial y una dosificación de la intriga que engrandece la historia que nos cuenta. Mella va soltando cabos a lo largo de la novela y los va recogiendo y atando a medida que el lector va avanzando en la obra para atarlos en un final tan coherente como inesperado. La autora va dando muchas pistas a lo largo de la obra aunque es fácil que el lector no siempre las interprete de la manera que conduce al final. Va dejando un caminito de migas de pan que conducen a una verdad final realmente sorprendente. Pulso, estilo, estructura, documentación, una buena historia de fondo y unos personajes bien construidos (hasta la opacidad es, en este caso, una cualidad de la autora) hacen de esta novela una de las mejores que he leído este año. 

Nos seguimos leyendo. 



Agradezco a Martínez Roca el envío de este ejemplar. 





Lidia Casado











No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts with Thumbnails