martes, 5 de noviembre de 2013

ELOY MORENO, LO QUE ENCONTRÉ BAJO EL SOFÁ




Ficha técnica:
Título: Lo que encontré bajo el sofá                           
Autor: Eloy Moreno        
Editorial: Espasa
ISBN: 978-84-670-3502-5
Páginas: 320
Precio:  19,90 euros 

Sinopsis (editorial):
   ¿Qué ocurre al mover un sofá? ¿Y al mover una vida? Quizás encuentres objetos -o personas- que ya habías olvidado, un calcetín que se quedó sin pareja o una pareja a la espera, esquirlas de otra vida... o uno de esos secretos que te obliga a pronunciar la frase que lo cambia todo: "tenemos que hablar" 
  ¿Y si movemos una sociedad?
   Entonces uno se da cuenta de que vive en un lugar con demasiados gusanos para tan poca manzana. Pero también un lugar donde, al observarnos, descubrimos que somos los primeros en hacer aquello que tanto criticamos. Cuando en 2011 Espasa publicó El bolígrafo de gel verde, los lectores se encontraron con un libro que ya empezaba a triunfar en las redes sociales pero cuyo contenido era un misterio. Dos años después, Eloy Moreno publica su segunda y esperadísima novela. De nuevo, el “de qué trata” es lo de menos, porque hay historias que no pueden resumirse en unas líneas.

Mi opinión:
 Es complicado hablar de una novela cuya sinopsis no cuenta demasiado sobre lo que ocurre dentro de sus páginas. Quizá porque el autor quiere guardar el misterio o quizá porque a lo mejor lo que cuenta no es tan importante como lo que te hace sentir, como las sensaciones que te deja. Y en ese sentido, creo que Lo que encontré bajo el sofá es un libro revolucionario, que pretende remover conciencias tanto a nivel personal como a nivel colectivo. ¿Cómo es eso que dicen? ¿Cámbiate a ti mismo para cambiar el mundo? Pues eso es lo que viene a decir Eloy Moreno.
   Por aclarar algo más la línea argumental, podríamos decir que hay dos hilos independientes pero interconectados: por un lado, la historia de Alicia, narrada en primera persona, una profesora que se traslada a Toledo durante unas pocas semanas para hacer una sustitución laboral. Pero lo que en principio iba a durar unas pocas semanas acabará convirtiéndose en una mudanza para toda la vida, porque lo que vivirá allí le hará cambiar su forma de ver la vida, de entender las relaciones humanas, de leer las parejas, de afrontar el resto de sus días.
  Junto a esta línea personalizada en la figura de Alicia, Eloy Moreno presenta una combativa línea argumental colectiva con una voz narradora en tercera persona omnisciente, que a veces incluso nos habla de la propia Alicia, y que se detiene en algunos personajes más que en otros pero que pretende abordar a las personas como miembros de un colectivo, como pequeñas piezas de un puzle de grandes dimensiones. Por eso, en varios momentos, el narrador recurre a la descripción de pequeños momentos de la vida de muchas personas, vecinos, compañeros, gente que no se conoce, amigos... Un capítulo entero construido a base de párrafos de cuatro, cinco, seis líneas dedicados a personajes diferentes da la impresión general de estar mirando en las ventanas de los bloques de pisos por las noches, cuando la luz está encendida y desde fuera se puede ver una parte de lo que hacen quienes viven allí. Sinceramente, esta técnica narrativa me ha gustado muchísimo, me ha recordado a La colmena, porque enfrenta a la persona con su pequeñez pero, al mismo tiempo, habla de la importancia de cada pieza del puzle, de cómo nuestras acciones condicionan y afectan a los demás.

LA CRISIS COMO TELÓN DE FONDO

  En este sentido, muchas de las micronarraciones insertas en la novela están relacionadas con la actual crisis económica. Eloy Moreno dibuja los trazos de concejales corruptos, de políticos que roban o de policías que buscan sacar tajada de lo que los demás guardan debajo del sofá. Pero, al mismo tiempo, siembra en el lector una idea pequeña pero poderosa, una idea que explica mucho de lo que estamos viviendo actualmente: en el fondo, todos somos corruptos, a diferentes niveles. Por eso, quizá, estamos como estamos y por eso, tal vez, no hacemos lo que debiéramos para luchar contra quienes asfixian nuestra sanidad y nuestra educación pero no sus privilegios o sus sobresueldos.
   Hay mucho análisis social, mucha reflexión y mucha llamada a la acción tras los microrrelatos de Lo que encontré bajo el sofá. Eloy Moreno se hace eco de pequeñas historias que fueron dramáticas noticias en un momento dado o de historias que bien podían ser ciertas para mostrarnos la cara más amarga de una sociedad que se está dejando pisotear porque, al mismo tiempo, cada uno está pisando a quien tiene debajo. Moreno saca los colores a la doble moral que ha propiciado esta crisis y a quienes hemos consentido que todo esto ocurra. O sea, todos.
    Junto al gran problema económico que supone la crisis para todos, el autor también pone el dedo en la llaga de otros graves problemas de esta sociedad, como el acoso escolar, dramáticamente retratado en la novela.

LA BELLEZA DE TOLEDO Y LA BELLEZA DE LO NARRADO

   Todo el dramatismo de las historias entrecruzadas que nos cuenta el autor y la amargura de las situaciones narradas están suavizados por dos aspectos en diferentes. En primer lugar, Toledo, un telón de fondo que se convierte en mucho más. Toledo deja que utilicemos sus rincones para bucear en una historia llena de misterio y romanticismo, adyacente al hilo argumental principal de la novela pero relacionado con él; una historia que aporta un punto de vista diferente a la reflexión de fondo de ese hilo argumental pero que, al final, incide en lo mismo: elige a la persona con la que quieres pasar el resto de tus días y disfruta de cada minuto como si fuera el último, porque nunca sabes qué va a pasar mañana y por mucho tiempo que creas que tienes, el futuro viaja más rápido de lo que crees.
    Toledo se convierte, además, en protagonista de la novela. Sus calles no son solo escenarios, sus puentes no son solo atalayas desde las que mirar, sus rincones no son solo telones de fondo ante los que actúan los personajes. No. Toledo pasa mucho frío, vive y respira en esta novela: sus secretos, sus heridas, sus tesoros, sus leyendas y su grandísima belleza se entretejen con las historias narradas para enriquecerlas, darles un toque de misterio y, sobre todo, llenarlas de poesía.
    Toledo es una buena ciudad para conseguir hacerse notar en cualquier novela pero creo que el gran mérito de la importancia de Toledo en la trama es quien le ha dado el soplo de vida literaria necesario para que eche andar y camine por sí misma: Eloy Moreno. El autor modela la ciudad al calor de sus manos para que se funda con  lo que lleva en su cabeza y, entre ambos, produzcan en el lector una impresión de belleza tan grande como la que se instala en el pecho de cualquiera que pise Toledo por primera vez.
    No había leído El bolígrafo de gel verde así que el estilo narrativo de Eloy Moreno me ha pillado por sorpresa y, la verdad, me he quedado prendada de su manera de decir las cosas. Me ha encantado cómo utiliza el lenguaje, como crea imágenes poéticas, bellas y sorprendentes a la vez. Me han encantado sus metáforas, sus personificaciones, sus paradojas, sus contrastes y sus sinestesias. Creo que su narrativa fluye tranquila para contar una historia de forma apasionada y capaz de mover al lector a través de la belleza formal y de lo revolucionario del mensaje.
    Porque si algo le queda al lector (o al menos así me ha ocurrido a mí) después de cerrar la novela es el quemazón que producen las verdades verdaderas, esas que te hacen cuestionar tu manera de entender las cosas, que te mueven a hacer un test de tu estado actual, a comprobar si lo que estás viviendo es lo que realmente quieres vivir, si la persona con la que te acuestas cada noche es la que quieres ver cada mañana de tu vida o si el corazón que anhelas no duerme en tu cama sino en la que hay detrás de tu pared.
    Eloy Moreno fuerza al lector a hacer una puesta a punto que le sirva para continuar forjando su propio camino, si es que este va bien enderezado, o girar y dar la vuelta para retomar el recodo en el que se perdió, si es que ve que el horizonte no es del color que debería tener. Y eso es válido para una persona y para todas, para cada uno de nosotros como ser individual y como colectividad. Y con eso creo que ya está comentada la gran lección revolucionaria de esta novela, esa con la que comenzaba esta reseña. Así que ya no me queda más que decir que....    
   nos seguimos leyendo.      

      Agradezco a Espasa el envío de este ejemplar.

Lidia Casado




1 comentario:

  1. A ver si lo comento que tengo pendiente su reseña aunque a mi me encanto

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