miércoles, 17 de julio de 2013

MARTA ESTRADA, UN REFUGIO PARA CLARA






Ficha técnica: 
Título: Un refugio para Clara 
Autora: Marta Estrada
Editorial: Destino 
Género: novela 
Páginas: 448
Publicación: 2/07/2013 
ISBN: 978-84-233-4711-7
Precio: 17,90 euros

Sinopsis (editorial): 
Una tarde de lluvia, Clara pierde el control del coche que conducía provocando un accidente que dejará a Belén, su hija de siete años, parapléjica. Las horas en vilo en el hospital, los días en coma, los meses de rehabilitación intentando que la vida de la pequeña consiga algo de normalidad, le revelan a Clara que puede sacar fuerza de no sabe dónde para afrontar la tragedia, pero a la vez, la van sumiendo en un estado de agotamiento y culpa que su exmarido, absolutamente insensible a su dolor, aviva y alimenta.
Unos días de excursión del colegio de Belén le permiten finalmente tomarse un respiro y Clara emprende un viaje a un lugar del Pirineo donde encontrar un poco de paz. Pero una tormenta de nieve la hace tomar el rumbo equivocado y la obligará a refugiarse en la cabaña de un hombre arisco y taciturno, Éric, quien a pesar de ofrecerle su ayuda resulta molesto con su presencia. Ese tiempo en la cabaña, aislados del mundo, serán días de confesiones mutuas, de pequeñas y grandes complicidades entre dos seres heridos pero con una férrea voluntad de vivir.
Y también serán días de grandes descubrimientos, de los cuerpos y de los corazones, y de la revelación de que no existe nada más erótico que el amor.

Mi opinión:

La vida nos pone a prueba constantemente. Con obstáculos más grandes o más pequeños, más profundos o más superficiales, más livianos o más duraderos... pero nos pone a prueba. Y es nuestro deber aprender a superar esas pruebas y sobreponernos a sus consecuencias. Esa es la lección más importante que cabe extraer de esta novela que no deja de poner trabas en el camino de sus personajes. Trabas duras, dramáticas, extremadamente dolorosas, que ellos consiguen superar, aunque sea al cabo del tiempo. De hecho, cuando les conocemos (y cuando Clara y Éric se conocen) están atrapados en su pasado, detenidos en el tiempo del dolor, aunque ni ellos mismos lo sepan. 

Así pues, lo que Marta Estrada nos presenta a través de esta novela es una historia dramática, de amor y erotismo, sí, pero sobre todo, de dolor y superación. Para empezar, Éric ha tenido que superar el hecho de quedarse sordo a una edad bastante avanzada, bache que le costó superar pero que, a estas alturas de la vida, cuando le conocemos, tiene más o menos asumido. Pero su aislamiento voluntario en una cabaña en los Pirineos es una metáfora de su aislamiento personal, de su alejamiento de todo el mundo, como forma de protegerse pero también por otros motivos que iremos averiguando a lo largo del camino que recorremos con él durante la novela. Su único compañero es Linuc, un perro asistente que le ayuda y le proporciona cariño.

Por su parte, Clara va saliendo de la oscuridad en la que quedó sumida tras el accidente de coche que provocó la paraplejia de su hija de seis años. Ella iba al volante y todavía no se ha perdonado a sí misma por lo ocurrido. Ese es la principal carga que porta en su mochila de la vida cuando conoce, fortuitamente y en circunstancias dramáticas, a Éric. Pero como en el caso de él, también iremos descubriendo a lo largo de la novela más piedras pesadas que llenan esa mochila de dolor y vivencias no superadas.

Cuando ambos se encuentran, salta la chispa de la atracción mutua. Una atracción personal, psicológica, amorosa... pero también física. De ahí el membrete de "erótica" con el que han calificado a esta novela. Aunque viendo lo que hay por el mercado con esa misma calificación, no me parece que esta novela lo sea en absoluto. Tiene sus momentos, sí, pero no tiene nada que ver con la novela erótica tal y como hoy la entiende el mercado. Estrada indaga en los sentimientos, profundiza en los personajes y las situaciones y reflexiona sobre la condición humana y sobre su capacidad para reponerse una y otra vez de los envites de la vida. Hay escenas eróticas, sí, pero son un añadido, un regalo, una visión más de una relación poliédrica; no el objetivo de la narración ni el centro de la novela, desde luego.

Lo que sí hay es, como decía, mucha introspección, mucha indagación en los sentimientos, sobre todo de Clara, aunque eso no quiere decir que esta sea una novela intimista. De hecho, en la primera parte de la obra, el ritmo se ralentiza por toda esa carga de análisis de emociones que la autora propone. Pasan pocas cosas y Clara es muy dada a diseccionar todo lo que le ocurre, a veces con miedo, a veces solo intentando prevenir, ponerse la venda antes de que la herida se produzca. En estos primeros capítulos, la historia avanza casi a tientas, siguiendo el ritmo de la relación de Clara y Éric. Pero pasado el ecuador de la novela, el ritmo va creciendo y, al final, se precipita en una serie de sucesos encadenados que casi te deja sin aliento.

Unos sucesos que no dejarán de mover al lector, de proponerle reflexiones y, quizá, también comparación de situaciones y reacciones con sus propias vivencias. Y una oportunidad para aprender acerca de la discapacidad, en este caso, de la sordera, de cómo se vive con ella, de su normalidad y su excepcionalidad, de los soportes con los que cuentan las personas sordas en su día a día, de las diferencias en el desarrollo cognitivo de quienes han oído alguna vez y quienes no, de cómo afrontar la pérdida de un sentido tan importante como este a una edad adulta y de cómo volver a vivir sin él. 

Marta Estrada nos propone en su primera novela una historia de superación (de la que ella misma sabe tanto) y de personajes. Más que la trama importan quienes la viven, quienes la desarrollan, quienes cargan con el peso de todo lo que va ocurriendo y todo lo que ha ocurrido antes de sumergirte en sus páginas. Una novela de personajes y de sentimientos que puede decir mucho a cada lector, dependiendo de en qué momento de su vida se encuentre y de su propio bagaje personal. Y es que, entre tanto dramatismo y tanto acontecimiento dañino, Marta Estrada nos ofrece un canto al valor del ser humano, a su capacidad para volver a levantarse y buscar la luz al final del túnel; un canto a la esperanza y al futuro luminoso que todos merecemos. 

Nos seguimos leyendo. 


Lidia Casado






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