miércoles, 24 de julio de 2013

Entrevista a Fernando Delgado, autor de “Me llamo Lucas y no soy perro”: “Quien maltrata a un perro podría también maltratar a un congénere”




Fernando Delgado tiene una larga trayectoria literaria a sus espaldas pero confiesa que este es un libro especial, una de las novelas quizá más peculiares de su carrera. Lo es por el tema y el estilo, pero también porque empezó siendo una cosa que se frustró y porque la sensación que le queda es la de que este ha sido un libro que una voz le ha dictado al oído. El que fuera Premio Planeta de 1995, con su novela La mirada del otro (que fue llevada al cine por Vicente Aranda), nos propone ahora un viaje de la mano, o mejor dicho, de la pata del mejor amigo del hombre. Sobre todo ello y sobre el amor hacia los animales charlé con él en una conversación en la que el escritor dejó paso al hombre amante de los perros que es.

Lo primero… debo confesar que yo sigo con una parte del alma dormida, porque nunca he amado a más perro que a este Lucas literario… 




¿Puede hacer eso que me haya perdido alguna parte importante de la novela?

Eso nunca lo puede decir uno, porque sería una inmodestia por mi parte decir que se pierde algo leyendo el libro de uno mismo. Todo libro es necesario y todo libro es prescindible. No creo que pierdas nada en cuanto al libro, te pierdes más en cuanto a la cercanía o al conocimiento de los perros. Pero esto, en definitiva, es literatura y lo que importa es que, como obra, sea amena y sea capaz de provocar una reflexión no ya sobre los animales o sobre el perro, sino también sobre los seres humanos y su conducta. En este libro, el perro mira desde abajo a su entorno y, más que juzgarlos, cuenta y nos habla de seres humanos ambiciosos, deseosos de tener una vida distinta a la que tienen. De eso es de lo que uno puede, no ya aprender, pero sí reflexionar. 

Lo segundo: me ha encantado la dedicatoria, con todos esos escritores y sus compañeros perrunos. 

Luego me he ido acordando de más, espero que nadie se moleste por no figurar.

¿Se puede llegar a descubrir algo de una persona solo sabiendo que tiene perro?


Hombre, hay gente que es muy radical, que dice que los seres humanos se dividen en dos: los que aman a los perros y los que no, pero yo soy enemigo de toda radicalización así que creo que no. Hay posiciones más intermedias, una de ellas puede ser la indiferencia, otra puede ser incluso la comodidad: tener un perro también es un sacrificio, tener un perro en una ciudad es complicado. Yo tengo una casa grande y yo me pongo a escribir y allí se meten conmigo, en la misma habitación, y se quedan todo el día, pegados a mí. El perro quiere estar contigo. También hay gente que trabaja y el perro está solo el día… O sea que del mismo modo que hay que ser padres responsables y saber lo que significa tener un hijo, el sacrificio y la entrega, yo creo que tener un animal también implica, por respeto al animal y por cariño, ser capaz de atenderlo. Cuidar a un animal produce muchas satisfacciones a mucha gente pero también hay gente que no está dispuesta a ello de modo que es muy difícil valorar a nadie atendiendo a si tiene o no tiene perro. Lo que sí me parece indicativo de ser mala persona es maltratar a un animal, a un ser vivo en general, no te digo ya nada de los que se ceban en la crueldad: esos casos de galgos que los maltratan y luego los dejan colgados, agonizando… Yo he tenido una experiencia relativamente reciente, que incluí en el libro: iba paseando por el campo y oí unos gemidos, me acerqué y encontré una perra galga preciosa, la temporada de caza había acabado y la habían apaleado, el animal no podía mover la mandíbula, sangraba y lloraba, agonizando. La cogí, la llevé a un veterinario… y no se podía hacer ya nada por ella pero por lo menos lo que sí se podía era acabar con su agonía. Ya me dirás qué crueldad la de esos bestias que no solo se deshacen el animal cuando ya no les vale sino que lo dejan agonizando en esas condiciones. De esa gente tengo muy mala opinión porque pienso que quien hace eso a un animal también podría hacérselo a un ser humano, a sus congéneres. Está la vida llena de potenciales asesinos que no matan y no hacen sufrir más a la gente porque temen las consecuencias. A veces cuando veo casos de maltratadores, de hombres que maltratan a sus mujeres, al margen de los problemas que puedan tener como pareja, veo gente cruel que necesita la violencia… y que luego, fíjate, sufren cuando se separan porque ellos lo que quieren es tener la posibilidad de tener un ser maltratado, un ser al que puedas hacer sufrir, al que puedas hundir… Hay sádicos. Y los perros son, pobres de ellos, víctimas a veces de ese tipo de personajes. Por eso hay una exaltación de la caza… y yo no dudo de que la caza tenga puntos buenos pero, desde luego, entre los cazadores hay verdaderos personajes llenos de crueldad.

Y ya metiéndonos en harina. La obra tiene mucho de literatura clásica: la estructura tripartita que sigue el esquema de ascenso, caída y recuperación típica, por ejemplo, del Cid; la segunda parte, que bebe de la novela picaresca, de aprendizaje y de aventuras y que recuerda mucho al Lazarillo de Tormes; el hecho de que dé voz a los animales para reflexionar sobre la sociedad humana… 

Es curioso pero para mí este es el libro que me parece más raro de cuantos yo he hecho. He escrito novelas, libros de poemas y los considero totalmente míos. Pero con esta novela tengo la impresión de que soy un mero transcriptor o el traductor del perro, como si hubiera escuchado la voz del perro en mi oído. Osvaldo Soriano decía que su novela se la había susurrado al oído su gata… hay un punto de humor en eso pero también hay un punto de verdad. Hay gente que oye voces del más allá y las transcribe, verdaderamente inspiradoras; Santa Teresa oía la voz de Dios, por ejemplo. 

También hay escritores que dicen que oyen la voz de un personaje y a partir de ahí construyen su obra…

Sí, tú construyes la novela y es que tú los oyes hablar, igual que si te lo estuvieran dictando. En este caso pasa eso con este perro sobre el que la madre en la novela dice: “Si es que a mi Luquitas no le falta sino hablar” y efectivamente eso decimos muchas veces del perro expresivo. Y este habla. Por otro lado, fíjate que los perros han vivido tantos años con los humanos y es el animal más cercano a nosotros, más que a sus congéneres: el perro no te abandona por irse detrás de una perra, ni siquiera de una perra en celo; un perro no te abandona a ti, porque para él tú eres lo primero. Parece que el perro quiere ser persona en el sentido de que en casa, si le dejas, va conquistando el sofá, va conquistando la cama, si lo dejas duerme contigo y va ocupando los espacios que son tuyos o de los otros seres de la familia. El pienso le alimenta y le alimenta bien pero él lo que quiere es comer lo que tú comes y nada te agradece más que comer lo que tú comes. 

Hay mucho donde rascar en una obra tan cortita porque usted propone una reflexión sobre muchísimas cuestiones: la vida familiar y sus secretos, la hipocresía, por supuesto el trato que damos a los animales, la amistad, el cuidado, la traición, el sexo, la paternidad, el abandono, la frustración, la decepción…
Sí, sí. Es una novela breve porque también lo requería el tema: mantener la voz de un perro en muchas páginas no solo es muy difícil sino acaso inoportuno. Son ráfagas de reflexión que, en realidad, no las propone el perro: el perro cuenta, el perro habla. Yo no me he propuesto nada, en la literatura no te propones dar un sermón, en la novela no se dan sermones, se cuenta la vida y es el lector el que extrae de ahí las lecciones que se deriven.

Y una reflexión que a mí me ha encantado: esa referencia constante a lo que uno quisiera ser y no es, manifestada en Lucas pero también en muchos otros personajes de los que también se nos cuenta que hubiera querido ser otra cosa en la vida: desde el hermano que quiere ser perro, hasta la madre que hubiera querido ser veterinaria…

Todos ellos quieren ser otra cosa o, al menos, no están contentos con cómo son. Es el perro el único que no quiere… bueno, sí quiere ser otra cosa, quiere ser humano, pero acepta lo que el destino le impone. Va viendo circunstancias distintas, inesperadas para él; va creciendo, va madurando, se va encontrando con eventualidades y contratiempos con los que no pensaba encontrarse. Y en su camino encuentra al mendigo que es, realmente, el único personaje que no quiere ser otra cosa y que actúa con la verdadera libertad del mendigo. El mendigo pide para lo estricto, para comer, para sobrevivir, pero no tiene otra pretensión en la vida más allá de sobrevivir. Eso le da una enorme libertad. Y es tan generoso como el perro: es capaz de compartir con el perro el único mendrugo de pan que tiene, sin pedir nada a cambio. De manera que al final de la novela el perro añora el encuentro con ese mendigo, con ese único personaje, además de la madre, que encarna el cariño. Los dos personajes amorosos de la novela son el perro y la madre y a lo mejor eso tiene que ver con mi propia biografía: yo soy muy madrero y me parece que lo más hermoso de este mundo para el ser humano es ser madre, de donde uno puede obtener más amor es el de la madre. De la madre y del perro. 

Me ha llamado la atención mucho el paralelismo constante entre un perro y un hijo: el cariño, el ser un miembro más de la familia pero también el tema de la adopción, sobre el que también ser reflexiona en la novela.

Sí, lo hago en un plan de broma… pero es verdad. Lucas es un adoptado y es curioso porque he hablado de la maternidad y el sentimiento que se da entre los humanos no se da entre los perros: la perra no establece ese vínculo, la perra al poco de parir al animal, se desentiende. Por eso él mismo habla de su madre biológica pero lo que él quiere es el cariño de su madre humana, de la que es su ama. En la realidad siempre ocurre que en una familia hay una persona con la que el perro se identifica más y busca más su cariño, su protección y en este caso es la madre. Por eso para él la pérdida de la madre es una grandísima pérdida cuando él se extravía.

Incluso él mismo habla con desapego de su propia prole…

Sí. Los animales machos en todo los casos (o creo que en todos los casos) se desentienden de su prole. En cambio, en algunas especies la madre sigue estando vinculada a sus criaturas. Pero la perra no.

¿Por qué eligió la voz de un perro para hablar de todas estas cuestiones?

Hay una gran tradición de perros en la literatura. No importa tanto lo que digamos sino cómo lo digamos. En literatura es muy importante eso. Yo lo que digo lo he querido decir con un lenguaje sencillo. Y lo que digo y su lenguaje creo que me los ha dictado el perro. La obligatoriedad de hacer verosímil la voz de un perro, la mirada del perro, te hace ver las cosas de un modo más sencillo de modo que el perro consigue sacar de mí al pedante o al pretencioso que llevo dentro.

Eso es cierto. El estilo de la novela está construido de acuerdo a esta propuesta inicial de dar voz a un perro: la narración se fragmenta en frases simples, oraciones cortas, párrafos mínimos… ¿Cuesta meterse en la mente de un perro y trata de imaginar cómo hablaría si pudiera?

No lo fue en principio por una razón: porque perseguía hacer un libro para niños. Lo que pasa es que no lo conseguí, digamos que el perro se puso serio. Cuando acabé la primera versión de la novela me di cuenta de que era una pequeña novela para adultos, no para niños. El perro habla a veces como un niño, como un niño espabilado pero como un niño. Pero eso no significa que sea un libro para niños porque se dan las situaciones complejas de una familia compleja en un mundo complejo y eso escapa a la comprensión de un niño. Era una historia demasiado triste para niños.

Supongo que en la novela hay mucho de usted y de su relación con sus perros… Quizá, incluso, algo de proyección de lo que usted cree que ellos podrían estar pensando en un momento determinado.

Sí, hay mucho de mi relación con los animales y, en concreto, de mi relación con mi perro. Yo de pequeño hablaba solo, me inventaba personajes… tu manera de proyectar tu imaginario es hablar como si fueras el otro. Uno a veces, de mayor, también se sorprende a veces hablando solo y cuando tienes una compañía como la del perro te da la impresión de que tienes un interlocutor pero quizá todo forma parte de tu imaginario y otorgas al perro poderes que, en realidad, el perro no tiene. Pero la verdad es que tienes la percepción y a veces la sensación, de que el perro está entendiendo lo que le dices, aunque lo que sí es cierto es que el perro percibe muy bien los estados de ánimo, es capaz de entristecerse contigo y alegrarse contigo y, por lo tanto, ser sensible y generoso. Se dicen muchas cosas en negativo de los perros: tiene cara de perro, una noche de perros, una vida de perros… Pero el habla popular también dice una cosa que es cierta: el perro es el mejor amigo del hombre. Aunque no siempre el hombre es el amigo del perro. 

Una cosa que me ha gustado mucho de la novela, que me ha parecido muy divertida pero que también me ha hecho pensar sobre los perros que quieren ser humanos y los humanos que son alimañas, es la elección de los nombres de los personajes. Muchos de ellos incluso tienen nombres que podrían, perfectamente, ser de animal. ¿Por qué quiso incluir este juego?

Yo he tenido siempre obsesión con los nombres. Me molesta mucho que los padres jueguen a tonterías con los hijos, tonterías que luego terminan pagando: que busquen nombres estrafalario o, por ejemplo, que si se apellida Darío le llamen Rubén. Luego los niños lo sobrellevan mal, porque los niños son crueles y burlones. Y hay gente que al perro le pone un nombre de alguien que detesta, como castigo. Realmente esto es un menosprecio del perro y no comprendo que se castigue al perro intentando denostar a alguien. Yo tuve la tentación de bautizar a Lucas con el nombre del primer perro que aparece en la literatura, en Homero, el perro de Ulises, Argos, pero pensé que era una tontería, que era una manera de castigar al perro por una pedantería mía. El nombre de Lucas me gustaba muchísimo y además los pocos Lucas que conocía me parecían personas excelentes. También pensé en llamarlo Roque, y con ese nombre le bautiza otro personaje en otro momento de la novela, porque Roque me parece muy sonoro y a mí me gustan los nombres sonoros para los perros, aunque Lucas, al final, no sea tan sonoro.

Claro, ese es otro de los elementos que me ha dado que pensar: ese momento en el que Lucas lo pierde todo, pierda su hogar, a su familia… y hasta su nombre, porque nadie puede saber que se llama Lucas y lo rebautizan constantemente. Perder el nombre es, en cierto modo, empezar a perder la esencia de uno mismo…

Sí, eso pasa muchas veces, con los perros abandonados, por ejemplo, que tienen que volver a acostumbrarse a que les llamen con otro nombre. Yo recogí una perra abandonada, la tenía en acogida y resulta que le habían puesto Faraona… y a mí llamarla Faraona me costaba mucho, así que lo reduje a Fara. Y ella se acostumbró a su nuevo nombre e incluso a la casa, porque venía la pobre llena de miedos. 

Es que los perros tienen mucha capacidad para adaptarse, ¿no?

Sí, aunque también tienen mucha memoria. En el caso de esta perra se conoce que fue maltratada por cazadores y en cuanto oye un estampido o un ruido fuerte o un petardo o algo similar a un tiro, se pone a temblar.

Hemos hablado del perro como animal de compañía, como fuente de cariño, pero también hay perros que resultan útiles al ser humano, que le aportan mucho más que cariño (que no es poco, en cualquier caso).

Sí, es que el perro es un servidor. Fíjate que el otro día el rey condecoraba a un perro que ha prestado un enorme servicio detectando bombas terroristas debajo de los coches durante largos años. Y yo tengo una amiga ciega que ahora han jubilado a su perro y tiene el alma partida. Y mira los casos de tragedias, de terremotos, qué función desempeñan, rescatando y salvando personas… Tienen una enorme utilidad.

¿Y por qué no fue más benevolente con el pobre Lucas?

Pues fíjate que fue algo inesperado: las historias se van imponiendo… En algunas novelas tú haces un planning y a lo mejor cambias algo pero tienes un final claro pero esta, en cambio, es una historia que yo escribí casi al dictado, como si lo fuera pensando en cada momento… y paso eso. Pasó lo que pasa en la novela y yo nunca me propuse enmendar la plana. Me hubiera gustado darle otra vida pero…



Lidia Casado













1 comentario:

  1. Muy buena la entrevista, me ha hecho acercarme más a una persona que la conozco de vista pero que no se nada sobre él

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