miércoles, 17 de julio de 2013

Presentación de "Un refugio para Clara", de Marta Estrada:




"Todos hemos tenido que superar cosas, a veces se magnifican, otras son más pequeñitas, pero siempre hay que saltarlas"



Quería escribir una novela para romper los muchos tabúes que aún perviven respecto a la discapacidad y ha hecho eso... y mucho más: ha escrito una novela sobre el amor, la superación, la infinita capaz de levantarse que atesora el ser humano dentro de sí por muchas veces que la vida le tumbe. Para hablar de todo ello, reunió a un grupo de periodistas y blogueros el pasado 3 de julio (justo un día después de que el libro saliera a la venta) en el Hotel de las Letras de Madrid. Allí, en un rinconcito que invitaba a leer, a las confidencias y hablar de literatura, Marta Estrada nos contó que Un refugio para Clara “no es una historia de amor al uso, es una historia de vida que nace desde unas circunstancias muy traumáticas que propician que dos personas se encuentren y compartan toda esa carga que llevan dentro de sentimientos y emociones. El amor surge después de un camino breve (porque la novela transcurre en pocos días) pero muy intenso. Sin ese camino previo, la historia de amor no surgiría, ni siquiera tendría sentido”.

Los protagonistas a los que se refiere la autora son Éric y Clara. Ambos cargan con un pesado bagaje personal a cuestas: Éric perdió el sentido del oído cuando eran joven y Clara sufrió un accidente de coche tras el que su hija de seis años quedó parapléjica. Ambos son personajes entrañables, bien dibujados, que sobrellevan sus cargas como pueden y a los que el amor mutuo recompensará de muchos de los sufrimientos que llevan vividos hasta ahora. Es fácil encariñarse con cualquiera de los dos pero Éric tiene algo especial, algo que enamora. Sobre su creación, la autora explica que “yo llevo mucho tiempo escribiendo: siempre que tengo una idea, la empiezo... aunque muchas veces no la termino, muchas veces se queda en una página, en uno o dos capítulos. Cuando yo era pequeña, jugaba con las amigas a montar historias y Éric era uno de esos personajes que creamos. No tiene nada que ver con el de la novela pero era un personaje sordo que se me quedó muchos años en la mente y cuando quise rescatarlo se me ocurrió esta historia que, en principio, era de amor, solo de amor... y no cuajó. No cuajó porque me pareció un poco vacía, se me quedaba floja, no tiraba de mí. Cuando fui capaz de darle profundidad a los personajes, de rodearlos de esa carga de sentimientos, emociones y sufrimiento que llevan sobre sí... fue ahí cuando empezó a nacer la novela, los personajes tiraron de mí, pensé que no podía dejarlos ahí, que tenía que acompañarlos hasta el final, quería llenarlos de luz después de tanta sombra como han tenido en su vida”. 

Éric es uno de los personajes más atractivos de la novela, por su discapacidad, por la invitación que hace al lector para descubrir un mundo no demasiado conocido, pero también por su propia forma de ser, su modo de hacer las cosas, su caracterización como un hombre decidido y con brío, más partidario de actuar que de darle demasiadas vueltas a la cosas. Respecto a su discapacidad, Marta Estrada explica que “si Éric no fuera sordo, creo que su historia no tendría mucho sentido. No es que sea discapacitado porque yo soy discapacitada, aunque es verdad que a lo mejor si no lo fuera no se me habría ocurrido, es posible. Pero yo quise darle esa perspectiva porque eso transforma la forma de percibir la realidad y me apetecía mucho indagar en ese otro mundo: no porque yo sea ciega conozco todas las discapacidades. Tuve que documentarme, hablar con personas sordas, comprender cómo perciben ellos la realidad y a partir de ahí surgió este personaje que tiene mucho peso como personaje y también en la trama”. Y añade que “se dieron muchas circunstancias para que Éric fuera sordo. Al principio de estar escribiendo esta historia vi un reportaje en televisión sobre los perros de asistencia y me llamó mucho la atención porque yo no los conocía. A partir de ese reportaje, busqué información, contacté con Cris, que trabaja en la Asociación Áskal, personaje que sale en el libro, y del que incluso transcribí un correo. Ella me ha aconsejado y me ha corregido respecto al comportamiento del perro”.

La autora contaba que “hay mucha diferencia entre los sordos poslocutivos, los que han oído y luego se han quedado sordos, y los sordos de nacimiento. Los primeros, que es el caso de Éric, tienen un bagaje importante de lenguaje, de vocabulario, de expresión, de forma de entender la vida... Éric es una persona sorda con unas circunstancias específicas para poder responder en este libro como lo hace: ha perdido el oído a una edad muy avanzada en la que él ya tenía una carga vital importante. Sin esa carga, no podría haber reaccionado como ha reaccionado en el libro, creo yo”. 

Éric también tiene su mochila personal cargada de momentos dramáticos, momentos que le han hecho aislarse. Un aislamiento que, de alguna manera, también funciona como metáfora en la novela, como explica la autora: “El aislamiento de Éric es una metáfora, más que de su discapacidad, de su historia personal, una historia que le ha llevado a un aislamiento total. Me encantan los Pirineos, el paisaje de nieve... y me apetecía recrearlo, pero también podía haber estado encerrado en una habitación de cualquier ciudad o un pueblo cualquiera. Pero me apetecía ese entorno y sí que tiene un punto de metáfora ese aislamiento, la ventisca, la nevada, el túnel que hay que abrir para pasar... la vida para estas dos personas es así: hay que moverse a paladas y es lo que hacen”. 

Y es que, en el fondo, la novela es un canto a la vida, a la luz y a la superación de hechos traumáticos: “Yo quería transmitir ese proceso de superación de los obstáculos. Clara venía con una mochila pesadísima por el accidente de la hija pero también por su matrimonio; un matrimonio que ha roto pero de cuya influencia no se ha librado, por mucho que ella piense que sí. Ese matrimonio le ha marcado de una manera total y todo eso es un camino que ella ha de caminar. Hasta que llega Éric lo camina con el apoyo de su familia pero también muy encerrada en sí misma, por eso ha huido hacia delante. Quería dar ese toque de atención de que necesitamos a los demás, que no hay que tener inconveniente en pedir ayuda, en apoyarse... es humano. Guardarse los sentimientos no ayuda. En este caso es Éric el que hace que Clara salga de su situación porque me apeteció que fuera Éric, que le ofrece un cariño, un amor, que ella no había conocido hasta ahora, pero podría haber sido cualquiera, de lo que se trataba era de que algo la removiese por dentro”.

Un camino de superación que también la propia autora ha tenido que recorrer: “la historia de Marta Estrada es una historia de superación, no tan traumática como esta, afortunadamente para mí. De todos modos yo creo que en todas las historias, en todas las vidas hay algo que superar, a lo mejor sin darse cuenta. No hace falta que sean cosas tremebundas. Todos hemos tenido que superar cosas, a veces se magnifican, otras son más pequeñitas, pero siempre hay que saltarlas. En mi caso hay un momento en el que mi vida da un giro: yo estoy viendo hoy y mañana ya no veo. Eso cambia mi forma de ver el mundo y de enfrentar la realidad y no deja de ser un camino de superación. Fácil no es. Hay que ir saltando escollos”.

También Clara tiene una pesada mochila a sus espaldas y Belén, su hija, sobre la que Estrada explica que “también es un personaje que llega, con su manera de hablar, que ya no es lengua de trapo, porque ya tiene siete años en el desarrollo de la novela, pero he intentado acercarme al punto de vista de un niño pequeño que además tiene una discapacidad y que la supera a su manera, dentro de su normalidad”. Quizá por ello, es fácil que el lector se identifique con alguna parte o un diálogo o un acto o una forma de reaccionar de alguno de los personajes, tal y como también le ocurre a la autora: “Clara tiene algunas cosas de mí, pero también las tiene Éric, también las tiene Belén.... Todos mis personajes han nacido de mí, en unos hay unas cosas, en otros, otras... Clara es el elemento femenino así que está claro que un poquito de mí se cuela por ahí. No me identifico con ningún personaje en general pero sí con ciertos sentimientos, ciertas maneras de afrontar la realidad. Clara es más débil que yo y Éric tiene una forma de afrontar las cosas... con un brío que yo no tengo, pero cada cual tiene algo mío, algo que ha dicho o que ha hecho, una forma de enfrentarse a una situación... Pero no puedo decir 'Clara soy yo'”.

Son muchos los personajes de esta novela que llegan al lector, incluido Linuc, el perro asistente de Éric. Un personaje canino que, como dice la autora, “está ahí también por algo. En este caso, es una realidad que yo quería que se conociera, porque todo el mundo conoce a los perros guía de los ciegos y los perros de asistencia son menos conocidos. Me pareció muy interesante darlo a conocer pero, además, tiene un peso tierno en la historia es un contrapunto en momentos dramáticos”. 

Momentos dramáticos que también se compensan con momentos eróticos descritos con elegancia y acierto: “quería darle la satisfacción a quien lea la novela de darle un poco de alegría al cuerpo. En toda historia en la que hay muchos sentimientos, muchas emociones a flor de piel, surge la chispa del erotismo y más en estas circunstancias tan adversas. Dos personas se encuentran, surge esa chispa... y esa chispa tenía que plasmarla, me salía de manera natural. No es que esta historia se fuera a quedar coja sin esos momentos eróticos pero me pedía darles esa oportunidad, pero me salió de forma natural”.

Erotismo, amor... y mucha introspección, mucho sentimiento, muchas sensaciones descritas y analizadas es lo que podemos encontrar en la novela. Podemos encontrarlas porque la autora ha querido que estén ahí, de forma consciente: “Si te limitas a la superficie es como estar explicando algo que ves desde fuera, como ver una película y explicársela a alguien, no estás dentro, no penetras en esos personajes para contar qué están sintiendo y qué están viviendo. Yo no quería limitarme a explicar lo que veía, quería estar dentro de sus sentimientos. Muchas personas me han dicho que tengo una manera muy especial de explicar los sentimientos y a mí eso me sorprende porque para mí es algo que fluye, me sale así. La novela no es intimista pero creo que merecía la pena hurgar y rebuscar en ese sentimiento para no quedarnos en la superficie y perdernos un montón de cosas”.

Así pues, esta es una novela de amor, llena de sentimientos pero, como explica Estrada, “no es una novela romántica convencional, va más allá: he tocado más teclas, he querido dar a conocer otras realidades... y la de Éric es una de ellas. Hay mucho desconocimiento sobre esta discapacidad y sobre otras muchas, hasta que no te la presentan no asumes ese desconocimiento y a lo mejor este libro sirve para que algún lector se interese más, busque por su cuenta, amplíe algo de lo que se dice en ella. Sería interesante”.

A pesar de escribir durante toda su vida, esta es la primera novela de Marta Estrada que ve la luz. Un momento muy emocionante que ella vive llena de alegría: “Mi mayor sensación ahora mismo es una alegría muy grande por pensar que va a llegar a más gente, que la van a leer y que es posible que ayude a más personas a superar sus escollos y ver que hay un camino de luz posible al final. Ojalá fuera así: con que una sola persona me dijera 'yo leí tu libro y me ayudó' ya sería la persona más feliz del mundo. Pero simplemente el hecho de compartirla, de que la lean ya me hace feliz. Yo antes escribía para mí y el que ahora me vayan a leer ya es un cambio muy importante. Yo escribo para mí, porque hay una primera fase en la que hay que escribir para uno mismo, pero luego empiezas a corregir y ya empiezas a pensar en los demás, en compartir. Pero ese ya es otro plano”. Y añade: “todavía estoy en la nube, es como una explosión: de repente todo fluye, todo emerge. Me acompaña la gente de siempre pero ahora va a haber más gente que va a caminar conmigo un trecho de su vida y de la mía... es bonito, es muy bonito. Es una sensación emocionante, emotiva”.

Un refugio para Clara es una novela tan llena de emociones que es imposible no preguntarse cómo se habrá quedado la autora después de sacar tantos sentimientos a la luz, si habrá sido una especie de catarsis para ella o una forma de vaciarse de tantas cosas guardadas dentro. En este sentido, Estrada explica que “al terminar la novela me quedé un poco huérfana, son muchos meses con tus personajes... Y cuando terminas, aunque los dejes felices de la vida, sientes como un vacío, piensas ' y ahora ¿qué? Lo he dejado todo aquí...'. Pero luego ves que no, que todo no, que tengo más, tengo más cosas y más sentimientos”.

Tanto es así que ya está pensando en futuros proyectos. Marta confiesa que tiene tres ideas en mente pero que no sabe cuál saldrá adelante. Una de ellas es sacar a alguno de los secundarios de esta novela a la luz. Además, explica que mucha gente le pide que incluya a un ciego, pero cree que todo “dependerá de cómo funcione este libro. No quise hacerlo en el primer momento porque no quería que se diese por sentado que porque yo sea ciega mi personaje tiene que serlo, ¿por qué? Pero ahora me lo piden y yo no lo descarto. Veremos a ver qué pasa”.

Nos seguimos leyendo.





Lidia Casado








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