miércoles, 5 de marzo de 2014

ENCUENTRO CON CARMEN AMORAGA



Encuentro con Carmen Amoraga: "'La vida era eso' ha sido un milagro para mí"






Hay veces en las que uno experimenta vivencias (en primera persona o a través de alguien cercano) que son dignas de ser llevadas a una novela. A veces son hechos heroicos, a veces pequeñas valentías cotidianas, a veces son historias de entrega y otras veces lo son de pérdida. Es lo que le ocurrió a Carmen Amoraga con la que cuenta en La vida era eso. Mitad ficción, mitad realidad, Amoraga reconstruye e inventa el proceso de duelo de su amiga Viviana, convertida en Giuliana por obra y gracia de la creación literaria. En esta carta, Amoraga explica el origen de La vida era eso, una novela tremendamente humana, muy cercana para el lector (cualquiera puede haber vivido o vivirá una experiencia parecida) y de la que se puede extraer el aprendizaje de la superación del dolor. En cierto modo, La vida era eso es catártica, en el sentido aristotélico: mostrando determinadas situaciones que mueven los sentimientos del lector, este puede prepararse para vivir algo semejante o, como diría Aristóteles, quedar purificados de las pasiones representadas.

Por eso es una novela tan cercana y, hasta cierto punto, purificante. Muestra un camino para la superación del dolor. Puede que no sea el único pero es una idea. Un camino basado en la comunicación, en el compartir la carga que llevas sobre tus hombres y que te ahoga el corazón. “Quería hablar del poder terapéutico de la comunicación, de las palabras. Quería escribir una novela en la que se viera cómo el hecho de hablar con alguien ya hace que sea más llevadero”, explicaba Amoraga en el encuentro con blogueros que tuvo lugar cuando salió publicada la novela, Premio Nadal de este año.

La peculiaridad del caso de la novela, es que esa comunicación se produce a través de las redes sociales. Giuliana es una persona bastante introvertida, cerrada, que hasta la muerte de su marido no se ha preocupado lo más mínimo por las redes sociales. Pero cuando él está a punto de fallecer, le pide que escriba un post de despedida (por cierto que todos los post de la novela son reales, aparecieron en el Facebook de Walter) en su muro de Facebook. Durante unos días, ella sigue escribiendo a través del perfil de su marido hasta que decide abrir uno propio. Ahí irá vaciándose de todo lo que siente, desnudando el alma, compartiendo pedazos de su vida con los amigos cibernéticos que se van sumando a su cuenta. “Giuliana utiliza Facebook no con lógica, sino para paliar una necesidad. Era ajena, incluso contraria, a las redes sociales pero cuando muere su marido encuentra allí el apoyo que necesita”, señala la autora.

Amoraga vuelve, pues a hacerse eco de una de las formas de comunicación más habituales de hoy en día, aunque en la novela la reflexión se plantea sobre la diferencia entre el yo virtual o el yo social y el yo íntimo. “He querido hacer una fotografía de lo que yo veo en este momento: las redes son hoy nuestra herramienta de comunicación. Aunque se trata de una fotografía difuminada, para que el lector pueda entrar, identificándose con los personajes”, explica Amoraga, quien compara el mundo de las redes sociales con un taxi: “a veces pienso en Facebook como en un gran taxi en el que todos somos taxistas y todos somos pasajeros, todos iniciamos una conversación y todos escuchamos”.

El peligro, en el caso de Giuliana, es que el virtual se convierta en su único mundo, que ese mundo le parezca suficiente. “Un abrazo real es maravilloso pero un 'me gusta' en Facebook tampoco está nada mal”, argumenta Amoraga. Sobre todo cuando uno está demasiado solo. Aunque la autora también atribuye esa sustitución a dos razones diferentes: “tenemos poco tiempo y mucho pudor”. Afortunadamente para Giuliana, Facebook le sirve como apoyo no como refugio: “no se reinventa en Facebook, se descubre. Giuliana parte de una pérdida para llegar a una reconstrucción”, una reconstrucción que supone conocer partes de sí misma que no sabía que existieran.



"ESCRIBO PORQUE NO LO PUEDO EVITAR"



Escrita en un presente que ayuda al lector a compartir el proceso de elaboración del duelo de Giuliana, La vida era eso recorre las cinco etapas del duelo en sus cinco partes para llegar a la nueva vida que comienza tras la asunción de la pérdida. “Es la historia de seres humanos que están diseñados para sobrevivir”, resume Amoraga, quien explica, además, que en nuestra sociedad “no tenemos cultura la pérdida, ni tampoco cultura del silencio: cuando vemos a alguien que sufre nos da la sensación de que tenemos que decir algo y a veces no es necesario. A veces basta con un abrazo”.

Hablando de ese uso del presente, del toque argentino, de esas veces que Giuliana se muerde la lengua y no dice lo que piensa, aunque ese pensamiento sí queda reflejado en la novela, la autora explica que “la historia me pidió que la escribiera así. Hay escritores con mapa y escritores con brújula. O hay novelas que se escriben con un mapa y novelas en las que solo sabes el principio y el final. En esta yo sí tenía mapa, sabía por dónde quería pasar exactamente. Aunque luego hay personajes que han ido cambiando, que han crecido, porque la historia me lo pedía”.

Sobre su forma de escribir, Amoraga contaba que ha vivido dos fases diferentes: “Antes escribía lo que me gustaba leer. Ahora escribo lo que me gusta leer pero como yo soy, quizá más naturalista, más realista”. Desde luego, comprometida con la realidad que vive, como valoraba su editora, Silvia Sesé, antes de la intervención de Amoraga: “Carmen es una persona y una escritora muy comprometida. Y es un compromiso real, no una pose. No recuerdo uno solo de sus libros donde no haya una mirada hacia los otros”.

“Es muy fácil caer en el sentimentalismo cuando se habla del duelo, un sentimentalismo que no diga nada, tan sobado que no provoque nada. Pero Carmen tiene el acierto de conseguir una gran viveza en la expresión de esos sentimientos, una viveza que hace que sus palabras sean realmente palabras, no cajas vacías. Es una de las pocas escritoras que son capaces de hacer oír una novela, de incluir voces que resulten tan reales que te parezcan de verdad”, señalaba Sesé quien concluía su intervención asegurando que “La vida era eso es una novela que no te deja indiferente. Le da nombre a cosas que sientes, te recuerda, te da fuerzas. Y nos recuerda que no hay otra forma de seguir adelante que seguir y seguir”.

Quizá el secreto de Carmen Amoraga esté en que, como ella misma dice, “escribo pensando en hacerlo lo mejor posible” y confiesa que “tengo la sensación de que todos escribimos porque no lo podemos evitar”.

Respecto al galardón, una emocionada Amoraga comenta que “es una pasada. Yo pienso mucho en mi abuelo, que era analfabeto, y en cómo se hubiera sentido si hubiera vivido todo esto”. Y a pesar de la satisfacción del Nadal, sentencia: “El auténtico premio es el lector”. 

La vida era eso, una novela llena de sentimientos y de pensamientos, con un puñado de “personajes 'franquestein'”, como dice ella (“todos tienen algo de mí"), ha sido para Carmen Amoraga “un auténtico milagro. Con la escritura de la novela y la llegada de Viviana a mi vida soy una persona mejor. Si algo me gustaría que quedara en los lectores después de leer la novela es que no hay que darle importancia a lo que no la tiene y sí hay que valorar lo que la tiene”. No hay mejor broche para cerrar esta crónica.

Nos seguimos leyendo. 



Lidia Casado






No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts with Thumbnails