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miércoles, 5 de marzo de 2014

CARMEN AMORAGA, LA VIDA ERA ESO





Ficha técnica: 

Título: La vida era eso 

Autora: Carmen Amoraga 

Editorial: Destino 

ISBN: 978-84-233-4798-8

Páginas: 320 

Preico: 19,50 euros 



Sinopsis (editorial): 

La muerte fulminante de su marido deja a Giuliana devastada y sola con dos hijas pequeñas. Superar un día tras otro está poniendo a prueba su resistencia y su imaginación, mientras pasa de la incredulidad al enfado, y de ahí a la idealización de su relación con William. Descubre entonces, además de irrepetibles momentos que su memoria convoca una y otra vez, el legado más hermoso de William: una intensa red de relaciones que le traerán una nueva forma de estar en el mundo y le enseñarán, gracias al apoyo de los demás, que aprender a perder es aprender a vivir. A través de conversaciones, recuerdos, comentarios espontáneos de las redes sociales, escenas cotidianas, con vitalidad y sin dramatismo, y un cicatrizante sentido del humor, Carmen Amoraga construye una novela íntima y universal sobre el amor y la pérdida, el valor de lo vivido y lo por vivir.



Mi opinión:

Hay libros que te tocan el alma. Hay libros que llegan al corazón y lo calman. Hay libros que indagan en el qué pasaría sí... Y hay libros que hablan de experiencias por las que todos hemos pasado alguna vez, en mayor o menor medida, con mayor o menor intensidad, más tarde o más temprano. O experiencias por las que todos pasaremos.

Así es la última novela de Carmen Amoraga, digna merecedora del Premio Nadal de este año. Es una novela que acompaña, que te pasa el brazo por los hombros y te arrima a un cuerpo que da calor. Es una novela que habla del momento más duro que puede pasar una persona, el de la pérdida de un ser querido, y con la que cualquiera que haya pasado por algo parecido (o sea, todos) nos podemos sentir identificados, retratados, ver nuestras preguntas respondidas o, simplemente, sentirnos arropados por un novela hecha de palabras que abrigan tanto como el mejor de los abrazos.

Amoraga parte de la vivencia real de una amiga cercana, Viviana, para construir una ficción literaria pero muy pegada a la realidad, comprometida con el ser humano y su sufrimiento. Parte, así, de la muerte de William, después de luchar durante un año y medio contra un cáncer de páncreas, para profundizar en la elaboración del duelo, para indagar en la vida de quienes quedan aquí, del hueco que deja, del futuro que la muerte se llevó, de los días que fueron y de los que ya no podrán ser. 

Giuliana, la protagonista de la novela, va transitando por las cinco fases del duelo a lo largo de la obra, comenzando desde la tristeza más absoluta y culminando con la esperanza de la vida que continúa adelante, porque no se puede hacer otra cosa que continuar. La novela está narrada en un presente que nos acerca a Giuliana, que nos hace partícipes de lo que siente y vive cada minuto, a lo largo de un año. Creo que el uso de este tiempo verbal es un gran acierto, porque produce en el lector la sensación de que está compartiendo ese tiempo con Giuliana, que, efectivamente, la ve vivir cada minuto, que la acompaña en ese recorrido. Creo que si Amoraga hubiera optado por escribir su novela en pasado habría perdido cercanía e inmediatez: sería más como presentar el resultado de algo conseguido en vez de ofrecer la posibilidad de recorrer el camino con la protagonista hasta donde lleguemos. 



CULTURA DEL DOLOR, CULTURA DEL SILENCIO, CULTURA DEL AMOR



Me ha encantado cómo la autora utiliza la anécdota de la muerte de William para construir una profunda reflexión sobre el modo en el que nos enfrentamos al duelo, tanto personal como colectivamente. La parte más íntima, más personal, queda retratada con las vivencias de Giuliana y sus esfuerzos por salir adelante, por continuar viviendo, por seguir poniendo un pie delante de otro porque el ser humano está diseñado para seguir caminando.

La parte más social aparece en la novela de dos formas diferentes: por un lado, mostrando la superficialidad con la que muchas veces tratamos a quien ha perdido a un ser querido, las palabras vacías de tanto usarlas, los lugares comunes, la palabrería hueca de los funerales. ¿Cómo vas a entender tú, que llegas a casa y tienes a tu marido y a tus hijos, por lo que estoy pasando yo, que he perdido a mi compañero de viaje?, se pregunta, con acierto, Giuliana. Y sin embargo, lo decimos. Aunque no lo sintamos: "Te acompaño en el sentimiento", "imagino por lo que estás pasando". Lo decimos... ¿porque algo hay que decir? ¿Porque intentamos consolar y caemos en el lugar común? No lo sé. Pero sí sé que a veces un abrazo consuela más que un frío apretón de manos aderezado con una retahíla de palabras desgastadas.

Amoraga juega constantemente con este paralelismo entre lo que Giuliana piensa y lo que dice. Pone, así, de relieve la importancia de las reglas sociales y de la sinceridad bien utilizada pero también resalta la ironía, la doble moral, la hipocresía y la crueldad de determinadas personas o determinadas situaciones.

La segunda forma de ahondar en la parte más social del duelo es mucho más gratificante y trae hasta la novela todo el apoyo que se recibe del entorno (inmediato y menos inmediato) cuando la desgracia sacude tu vida. Giuliana encuentra un círculo de cariño y atención que la arropa cuando tiene frío y que la apoya siempre que lo necesita, lo que habla (y muy bien) de los lazos de solidaridad que tejemos los individuos, las costuras que mantienen sujetas a las personas.



EL DUELO EN LOS TIEMPOS DE INTERNET



Y ello a pesar de que Giuliana tiene un carácter introvertido que la lleva a preferir la comunicación a través de internet antes que una conversación frente a un café o un grupo de apoyo. Por eso, ella, que nunca había utilizado las redes sociales antes de morir su marido, se vuelca en Facebook, se desnuda allí, habla con William, comparte artículos que le han interesado, música, fotos... Se apoya en el mundo virtual para conseguir el acompañamiento que no es capaz de lograr en el mundo real. Al menos, en un primer momento.

La inclusión de Facebook en la novela abre un debate muy interesante: el de cómo se tejen las relaciones humanas a través de las redes sociales o de los mensajes de Whatsapp. Está claro que un abrazo nunca podrá sustituir a un "me gusta" pero a veces consigue un efecto parecido, a veces un "me gusta" o una carita sonriente en el móvil también consiguen caldearnos el corazón. Amoraga plantea una reflexión que, en realidad, tiene dos caras: por un lado, la comunicación a través de estos canales favorece, en cierto modo, un mayor intercambio: a veces no llamamos a alguien porque creemos que es demasiado invasivo, que es como parar su vida (esté haciendo lo que esté haciendo) para que nos dedique unos minutos. Pero un mensaje es diferente. Puede leerlo y contestarlo cuando quiera. O no hacerlo. Es más frío pero también más cortés. Lo importante es el cariño, en cualquier caso.

Además, Facebook se convierte en ocasiones en una ventana indiscreta a través de la que nos asomamos a las vidas de los demás. Y eso consigue una cercanía que, en cierto modo, también reconforta. 

Pero también es verdad, por otro lado, que la comunicación a través de estos canales nos aísla, nos hurta regalos como un beso, una caricia, el calor que da el roce de una piel contra otra, un apretón, una palmadita, cualquier gesto de cariño. Y tiene, además, otro riesgo añadido: a veces nuestro yo social no coincide con nuestro yo íntimo, nuestra cara en las redes o de puertas para fuera no tiene nada que ver con la que se nos pone cuando cerramos la puerta de casa. A William le pasaba y a Giuliana, también, aunque de diferente modo. "Me gusta ver lo que escribes en Facebook porque allí pareces feliz", le dice su hija mayor. Demoledor. Pero, también, un acicate para continuar andando el camino.



UNA APUESTA POR EL SENTIMIENTO


Con todo lo dicho hasta ahora ya te habrás imaginado que La vida era eso es una novela llena de sentimientos. Pero no quedan plasmados de forma antinatural, forzada. Amoraga indaga sobre cómo sentimos el dolor, qué nos provoca, cómo le hacemos frente o nos dejamos vencer por él y cómo superarlo pero no cae en un sentimentalismo vacío, lacrimógeno e insulso. A pesar del dramatismo de la situación de partida, el sentimiento no se desborda, no resulta patético, sino que llega al lector de forma natural, comprensible, compartida. 

Tengo la sensación de que parte del mérito de ese equilibrio la tiene, además de la contención narrativa de Amoraga, la nacionalidad de Giuliana y de William: ambos son argentinos y la autora transcribe las particularidades del tono, la acentuación y el léxico argentino con tanto acierto que, realmente, les oyes hablar, aunque solo estés leyendo.

En definitiva, Amoraga ha escrito una obra profunda con un estilo sencillo pero lleno de poesía y de verdad que ahonda en un sentimiento tan universal como el del dolor por la pérdida de alguien querido. Un trago amargo que todos hemos vivido alguna vez. Y por eso es fácil que su sabor regrese a nuestra boca mientras leemos esta novela. Y así, nos hará sentirnos más cerca de Giuliana. Tan cerca como ella lo está de nosotros.

Nos seguimos leyendo. 



Agradezco a Destino el envío de este ejemplar.



Lidia Casado








ENCUENTRO CON CARMEN AMORAGA



Encuentro con Carmen Amoraga: "'La vida era eso' ha sido un milagro para mí"






Hay veces en las que uno experimenta vivencias (en primera persona o a través de alguien cercano) que son dignas de ser llevadas a una novela. A veces son hechos heroicos, a veces pequeñas valentías cotidianas, a veces son historias de entrega y otras veces lo son de pérdida. Es lo que le ocurrió a Carmen Amoraga con la que cuenta en La vida era eso. Mitad ficción, mitad realidad, Amoraga reconstruye e inventa el proceso de duelo de su amiga Viviana, convertida en Giuliana por obra y gracia de la creación literaria. En esta carta, Amoraga explica el origen de La vida era eso, una novela tremendamente humana, muy cercana para el lector (cualquiera puede haber vivido o vivirá una experiencia parecida) y de la que se puede extraer el aprendizaje de la superación del dolor. En cierto modo, La vida era eso es catártica, en el sentido aristotélico: mostrando determinadas situaciones que mueven los sentimientos del lector, este puede prepararse para vivir algo semejante o, como diría Aristóteles, quedar purificados de las pasiones representadas.

Por eso es una novela tan cercana y, hasta cierto punto, purificante. Muestra un camino para la superación del dolor. Puede que no sea el único pero es una idea. Un camino basado en la comunicación, en el compartir la carga que llevas sobre tus hombres y que te ahoga el corazón. “Quería hablar del poder terapéutico de la comunicación, de las palabras. Quería escribir una novela en la que se viera cómo el hecho de hablar con alguien ya hace que sea más llevadero”, explicaba Amoraga en el encuentro con blogueros que tuvo lugar cuando salió publicada la novela, Premio Nadal de este año.

La peculiaridad del caso de la novela, es que esa comunicación se produce a través de las redes sociales. Giuliana es una persona bastante introvertida, cerrada, que hasta la muerte de su marido no se ha preocupado lo más mínimo por las redes sociales. Pero cuando él está a punto de fallecer, le pide que escriba un post de despedida (por cierto que todos los post de la novela son reales, aparecieron en el Facebook de Walter) en su muro de Facebook. Durante unos días, ella sigue escribiendo a través del perfil de su marido hasta que decide abrir uno propio. Ahí irá vaciándose de todo lo que siente, desnudando el alma, compartiendo pedazos de su vida con los amigos cibernéticos que se van sumando a su cuenta. “Giuliana utiliza Facebook no con lógica, sino para paliar una necesidad. Era ajena, incluso contraria, a las redes sociales pero cuando muere su marido encuentra allí el apoyo que necesita”, señala la autora.

Amoraga vuelve, pues a hacerse eco de una de las formas de comunicación más habituales de hoy en día, aunque en la novela la reflexión se plantea sobre la diferencia entre el yo virtual o el yo social y el yo íntimo. “He querido hacer una fotografía de lo que yo veo en este momento: las redes son hoy nuestra herramienta de comunicación. Aunque se trata de una fotografía difuminada, para que el lector pueda entrar, identificándose con los personajes”, explica Amoraga, quien compara el mundo de las redes sociales con un taxi: “a veces pienso en Facebook como en un gran taxi en el que todos somos taxistas y todos somos pasajeros, todos iniciamos una conversación y todos escuchamos”.

El peligro, en el caso de Giuliana, es que el virtual se convierta en su único mundo, que ese mundo le parezca suficiente. “Un abrazo real es maravilloso pero un 'me gusta' en Facebook tampoco está nada mal”, argumenta Amoraga. Sobre todo cuando uno está demasiado solo. Aunque la autora también atribuye esa sustitución a dos razones diferentes: “tenemos poco tiempo y mucho pudor”. Afortunadamente para Giuliana, Facebook le sirve como apoyo no como refugio: “no se reinventa en Facebook, se descubre. Giuliana parte de una pérdida para llegar a una reconstrucción”, una reconstrucción que supone conocer partes de sí misma que no sabía que existieran.



"ESCRIBO PORQUE NO LO PUEDO EVITAR"



Escrita en un presente que ayuda al lector a compartir el proceso de elaboración del duelo de Giuliana, La vida era eso recorre las cinco etapas del duelo en sus cinco partes para llegar a la nueva vida que comienza tras la asunción de la pérdida. “Es la historia de seres humanos que están diseñados para sobrevivir”, resume Amoraga, quien explica, además, que en nuestra sociedad “no tenemos cultura la pérdida, ni tampoco cultura del silencio: cuando vemos a alguien que sufre nos da la sensación de que tenemos que decir algo y a veces no es necesario. A veces basta con un abrazo”.

Hablando de ese uso del presente, del toque argentino, de esas veces que Giuliana se muerde la lengua y no dice lo que piensa, aunque ese pensamiento sí queda reflejado en la novela, la autora explica que “la historia me pidió que la escribiera así. Hay escritores con mapa y escritores con brújula. O hay novelas que se escriben con un mapa y novelas en las que solo sabes el principio y el final. En esta yo sí tenía mapa, sabía por dónde quería pasar exactamente. Aunque luego hay personajes que han ido cambiando, que han crecido, porque la historia me lo pedía”.

Sobre su forma de escribir, Amoraga contaba que ha vivido dos fases diferentes: “Antes escribía lo que me gustaba leer. Ahora escribo lo que me gusta leer pero como yo soy, quizá más naturalista, más realista”. Desde luego, comprometida con la realidad que vive, como valoraba su editora, Silvia Sesé, antes de la intervención de Amoraga: “Carmen es una persona y una escritora muy comprometida. Y es un compromiso real, no una pose. No recuerdo uno solo de sus libros donde no haya una mirada hacia los otros”.

“Es muy fácil caer en el sentimentalismo cuando se habla del duelo, un sentimentalismo que no diga nada, tan sobado que no provoque nada. Pero Carmen tiene el acierto de conseguir una gran viveza en la expresión de esos sentimientos, una viveza que hace que sus palabras sean realmente palabras, no cajas vacías. Es una de las pocas escritoras que son capaces de hacer oír una novela, de incluir voces que resulten tan reales que te parezcan de verdad”, señalaba Sesé quien concluía su intervención asegurando que “La vida era eso es una novela que no te deja indiferente. Le da nombre a cosas que sientes, te recuerda, te da fuerzas. Y nos recuerda que no hay otra forma de seguir adelante que seguir y seguir”.

Quizá el secreto de Carmen Amoraga esté en que, como ella misma dice, “escribo pensando en hacerlo lo mejor posible” y confiesa que “tengo la sensación de que todos escribimos porque no lo podemos evitar”.

Respecto al galardón, una emocionada Amoraga comenta que “es una pasada. Yo pienso mucho en mi abuelo, que era analfabeto, y en cómo se hubiera sentido si hubiera vivido todo esto”. Y a pesar de la satisfacción del Nadal, sentencia: “El auténtico premio es el lector”. 

La vida era eso, una novela llena de sentimientos y de pensamientos, con un puñado de “personajes 'franquestein'”, como dice ella (“todos tienen algo de mí"), ha sido para Carmen Amoraga “un auténtico milagro. Con la escritura de la novela y la llegada de Viviana a mi vida soy una persona mejor. Si algo me gustaría que quedara en los lectores después de leer la novela es que no hay que darle importancia a lo que no la tiene y sí hay que valorar lo que la tiene”. No hay mejor broche para cerrar esta crónica.

Nos seguimos leyendo. 



Lidia Casado






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