lunes, 24 de julio de 2017

MI RELATO PARA EL CONCURSO DE UN MAR DE HISTORIAS DE ZENDA

¡Hola a todos!

Hoy de nuevo estoy aquí con una entrada diferente a lo que suelo publicar habitualmente en el blog. 

Como algunos de vosotros sabéis una de mis pasiones, además de la lectura, es la escritura y, de vez en cuando, participo en concursos literarios como el de hoy. Si queréis más información sobre el concurso, aquí tenéis el enlace.




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LUCIÉRNAGAS

Cada día veo despertar el sol sentada sobre las dunas que dibuja la arena de nuestra playa en su incesante ondulación hasta abrazarse con las olas del mar. La cálida brisa del amanecer despeina mi pelo, y lo convierte en una maraña poblada de nidos construidos de los más dulces momentos que vivimos. Ahora esos instantes anidados son solo recuerdos.
            Juego con los dedos de los pies a enterrarlos y a desenterrarlos en la arena fina y húmeda, recordando cómo nos reíamos cuando nos inundaba cada recoveco de nuestros cuerpos, entonces también mojados tras el baño nocturno en nuestro mar repleto de luciérnagas, como tú llamabas a las estrellas que nos cubrían.
            Los recuerdos desbordan mi mente, como entonces la arena invadía los bolsillos o cualquier otro de nuestros rincones de forma caprichosa. Los recuerdos, que por ahora se niegan a convertirse en olvido, son lo único que queda de nosotros.


Lo nuestro fue algo intenso, que, desde el inicio, nos convirtió en un solo ser de cuatro patas, a veces deforme, mutante, desfigurado, pero con un solo corazón que latía al compás de una sola respiración. Así, pasamos del nosotros, al singular de primera persona. Un yo sin género, dual, que se complementaba a la perfección.
El ser mutante vivía noche tras noche como un extraño anfibio marino cómodamente entre la arena y el mar de nuestra playa. Rebozado en salitre, disfrutaba contemplando las luciérnagas de la inmensa noche que le envolvía con sus cuatro ojos: los tuyos llenos de luz y los míos sedientos de ella. Nunca encontré otros como tus ojos, que me transmitieran tanto como me susurraban tus labios. Ellos llenaban mi vida de luz, alumbrando mi desorientado caminar, pero ahora, desde que se apagaron ando sin sentido ni destino. Tus ojos, entonces luciérnagas de mi particular noche, se repiten en mi memoria como un mantra infinito.


Ahogada por mis recuerdos, me pregunto por qué el destino te arrebató de mi lado. Debí aferrarme a ti y partir contigo. El destino a veces nos juega malas pasadas y a mí, me jugó la peor, dejándome desprendida, desgarrada, desamparada, sola, como a un siamés al que le cercenan su otra mitad.
            Todavía no sé cómo pude quedarme sentada, aislada, perdida, humillada, incapaz de seguir tus pasos y enfrentarme a mi sino. La derrota nunca es digna y la mía fue patética.
            Ahora, como injusta perdedora de este combate sin lucha, sigo aquí sentada, notando como la brisa enreda mi pelo y seca mis lágrimas, mientras ahoga mis lamentos, que van dejando paso al silencio.


Ya solo me queda esto: continuar sentada cada amanecer en nuestra playa, frente al mar, antes plagado de luciérnagas y ahora de soledad.
Aquí estoy, sin más, incapaz de seguir adelante y aferrada a lo que me dejó a atrás.



Inma Bretones
@Lectoradetot

2 comentarios:

  1. Enhorabuena y suerte con tu historia, la cual te deja pensativo y un poco derrotado.
    Estas iniciativas que incentivan a uno a escribir, hacen que valores más las historias que salen de las cabezas de los escritores que leemos. Igual hasta me animo a intentarlo.
    Gracias

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  2. ¡Qué triste y qué bonito!...
    Yo también participo esta vez.

    ¡Mucha suerte!

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