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jueves, 12 de junio de 2014

JUAN PEDRO DELGADO ESPADA, HALCÓN NEGRO






Sinopsis:



Inglaterra, año 1066. Thomas es un joven pastor de catorce años. A pesar de ser sajón, un pueblo acostumbrado a luchar, le da miedo combatir. Una mañana de finales de septiembre, miles de normandos invaden sus tierras y capturan a su padre. A partir de entonces, su vida da un giro de 180 grados. Su huida hacia los bosques, su aprendizaje en el manejo de las armas, su lucha por la supervivencia, el enfrentamiento contra los normandos, el primer amor... serán los grandes temas que regirán su existencia desde ese momento.



Ficha técnica:



Género: Infantil - Juvenil

Editorial: Palabra

Colección: Astor Jr

Páginas: 192

ISBN: 978-84-9061-017-6



El autor: Juan Pedro Delgado (Sevilla, 1971) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Ejerce como periodista realizando labores de consultoría de comunicación y edición de publicaciones. Recientemente ha terminado su segunda novela juvenil titulada El último pirata.



*Sinopsis, ficha técnica y biografía del autor extraídas de la web oficial. 



Reseña:

Halcón negro irrumpe en la literatura infantil-juvenil pisando con la misma fuerza con la que sus protagonistas sajones lo hicieron antaño. Se recomienda su lectura a partir de doce años y quizás sea ciertamente tal edad la adecuada para que quien sostiene el libro entre sus manos pueda meterse de lleno en la piel de Thomas.

La historia del joven Thomas es la de una transformación. La mudanza vital que experimenta este pastor de catorce años desde una infancia marca por la pérdida, la violencia y la inseguridad a una madurez distinguida por la autorrealización y el arrojo es el hilo conductor de la novela. 

A través de los ojos de un niño sajón el lector descubre la barbarie de la invasión normanda en las tierras sajonas de la Inglaterra de las postrimerías del siglo XI. Y a medida que avanza la trama y también de su mano se van conociendo personajes secundarios que van otorgando al libro una interesante diversidad temática. Ejemplo de ello son el legendario guerrero Ethealdo, la bella Edith o la misteriosa Matilde.

Es en la segunda parte del libro en la que se asiste al renacer de Thomas ya como “Halcón negro”. A lo largo de estas páginas el hilo argumental dejar de pesar solo sobre la figura del sajón y se reparte para prestar protagonismo también a figuras históricas de entre las que destacan el Rey Guillermo o el Conde de Salisbury.

En resumen, Halcón Negro constituye una obra de literatura juvenil adecuada para una lectura bien individual bien escolar que enganchará a los jóvenes por lo atrayente de las batallas y de la preparación física y mental de un joven un aspirante a guerrero. Incluso me atrevería añadir que este libro podría inducir a los jóvenes lectores a una sana curiosidad por estudio del pasado.



Crítica:

La lectura se adapta al nivel gramático y léxico que como mínimo habría de tener un joven de doce años que pase las páginas de este libro. La narración es ágil y el ritmo es constante, aunque quizás demasiado acelerado.

Si bien es verdad que tal paso del tiempo mueve la historia más hacia el formato cuento que al de novela y que así se evitan atascos en la lectura, también lo es que apenas se dispone de margen para empatizar con Thomas pues el niño temeroso y frágil que conocemos en los primeros capítulos, pocas páginas después es sustituido por una versión envalentonada y adulta del mismo. Y, en mi opinión, un personaje debe conocerse hasta el fondo. Aun conservando la capacidad de sorprender o engañar, debe saber transmitir, debe hacer creer al lector que le conoce. ¡Y máxime cuando se trata del protagonista!

En lo referente al estilo, éste peca de sencillo. Se echan en falta descripciones, detalles, ambientación. Las relaciones están malamente tejidas. La fidelidad, el amor, la admiración e incluso el odio que brotan de Thomas son apresurados. Las emociones y los sentimientos no están cultivados, no tienen una base y, consecuentemente, el lector no se las cree. Y si lo hace es por determinación de quien lee y no por la pluma del autor. 

Los diálogos son rígidos y las conversaciones no fluyen sino es entre estereotipos. “El padre dice que confía en su hijo. El guerrero más épico de todos los tiempos dice que hay que ser valiente. La damisela más guapa que nunca haya visto Thomas admira su valentía, aunque nadie más sepa apreciarla. El malo malote se ríe con sorna de él pero después ha de tragarse sus palabras etc.” Lo siento pero no me creo nada. Si me vas a contar un cuento poco original, al menos que intenta que me lo crea. Aboga por la naturalidad y la cercanía de lo fantástico, o de la ficción histórica en este caso. Si miles de niños han creído en el armario de Narnia, en las baldosas amarillas de Oz, en el sombrerero loco, en muggles, en Atreyu, en hobitts y elfos, en la fábrica de chocolate… ¿Qué dificultad puede haber en que crean en un joven sajón que debe enfrentarse a las hordas normandas? Ninguna y, sin embargo, muchos no lo harán.

Estas impresiones no quieren configurar una crítica al libro en sí mismo ni a Delgado Espada sino al empeño de muchos autores de “literatura infantil - juvenil” en etiquetar las historias, categorizarlas, atribuirles un género, una edad y después, dejarlas morir en un cajón. Las historias que triunfan – al menos en mi opinión, claro – son las que se conciben únicamente para ser contadas, las que se escriben sin pensar en términos comerciales, educativos, dogmáticos o promocionales.

Me da profundo coraje que casi por definición un libro para niños de doce años tenga que ser fácil, unidireccional, plano en argumento y personajes pero “profundo” en valores clásicos (y discutibles) tales como la intrepidez, la honradez, la compasión… No me cuentes “cómo deberían” ser las cosas sino “cómo pueden ser”. Háblame de buenos que pierden, de malos que no son tan malos, de los giros de la vida, de las contradicciones del ser humano o de lo quieras…. Pero hazme soñar, no dormir. Déjame imaginar, empújame a pensar distinto y no me des una versión prefabricada y equivocada del mundo. 

No pude soportar que con doce años y tras haber leído a Roald Dhal, a Cornelia Funke, a J.K. Rowling, a Philip Pullman, a Tolkien, a Sierra y Fabra o a Elvira Lindo (como cualquier otro niño aficionado a la lectura) me sometieran al llegar al instituto a las insulsas “lecturas obligatorias” tipo La Conferencia de los animales o Ben quiere a Ana escritas en una tarde y media para adormecer cerebros. Y pensar que sigue sucediendo (cuando se supone que la investigación en educación aporta resultados, sugerencias y recomendaciones) me hierve la sangre. Un secreto: Los niños de doce años no son tontos (al menos, no todos).

No obstante, romperé una pica a favor de Halcón Negro y es que éste desprende un mensaje positivo (también idealizado, claro) sobre la perseverancia, las metas y los esfuerzos para lograr los sueños. En ese punto, me quito el sombrero a pesar de que para mi gusto se ensalza en demasía el concepto clásico del “valor en batalla”. 

Y, para acabar, añadir que este libro (como se mentó más arriba) juega un papel importante en la divulgación ya que no sólo acerca un hecho histórico a los más jóvenes sino que también juega con un vocabulario acertado y utiliza términos (“huescarles”, “pleitesía”…) que más adelante estudiarán (o eso espero) los lectores.

Destaco como colofón el diseño de la portada, realmente inmejorable.

En conclusión, Halcón negro conforma un cuento breve, de fácil lectura, didáctico y entretenido que, sin embargo, infravalora considerablemente las capacidades del público ( doce años) al que va dirigido.

Agradezco el ejemplar al autor y a la editorial Ediciones Palabra.





Sara H. Maceiras, Ecos de Calíope.

sábado, 26 de abril de 2014

KATHERINE GOVIER, LA HIJA DEL DIBUJANTE



Ficha técnica:

Colección: ALGAIDA LITERARIA 

Páginas: 672 

Precio: 18,00 € 

ISBN: 978-84-9877-974-5

Código: 296289 

Formato: Papel 

Temática: FICCIÓN HISTÓRICA

*Sinopsis y ficha técnica extraídas de la página web de la editorial (Algaida).



Sinopsis:

Ei, la tercera hija del famoso pintor Hokusai, vive en el Japón del siglo XIX durante el último shogunato del clan Tokugawa: un país aislado de toda influencia extranjera y donde rige la moral tradicional y una férrea censura, que mantiene al pueblo ignorante y supersticioso. Ei acompañará a su padre desde pequeña y crecerá rodeada de artistas, prostitutas, mercaderes, adivinos, cuentacuentos y artesanos que pululan por Yoshiwara, el distrito del placer de Edo ¿la actual Tokio¿, en una época difícil para quienes tratan de burlar una justicia que los castiga por inmoralidad de forma arbitraria. Con esta obra, Katherine Govier saca a la luz un personaje injustamente olvidado por la Historia: una novela exótica y emocionante, pero también un relato de amor, admiración y competitividad entre un padre y una hija.






Reseña:
De esta novela se ha llenado la red de reseñas en muy poco tiempo. Quizás, por eso, he ido retrasando la publicación de la mía. Quienes me seguís os habréis dado cuenta de lo extensos que suelen ser los comentarios sobre mis lecturas (¡no puedo evitarlo!) pues me encanta ahondar en el argumento, el estilo, el trasfondo, la caracterización de los personajes, etc. Sin embargo, esta crítica será distinta. ¿Por qué? Porque esta novela es diferente. De hecho, si me pidieran que la describiese con una sola palabra creo que usaría esa misma: "diferente". (En realidad, puede que agregara "extensa": ¡más de 600 páginas!)



Es diferente, en primer lugar, porque es una autora occidental (canadiense) quien relata desde el punto de vista oriental el choque social y cultural que de manera personal experimenta la protagonista cuando sale de Edo, Tokyo, y difunde la obra de su padre, Hokusai. Lo más frecuente es que la narración de este tipo de contrastes sea realizada por occidentales desde el punto de vista de los mismos. Sin embargo, y a pesar de la dificultad, K. Govier lleva a cabo la empresa de manera encomiable.


Respecto a la autora, ésta en España no es aún muy conocida aún pues La hija del dibujante se alza como su primera obra traducida al castellano.



En segundo lugar, es diferente, porque no dispone de una trama central que conduzca al lector a lo largo del hilo narrativo. La novela se divide en seis partes - seis etapas de la vida de Ei- a través de las cuales se navega por todos sus aspectos destacables: desde su infancia hasta sus relaciones familiares, su situación económico-social, sus anhelos, sus objetivos, sus amistades, sus parejas, su juventud, su carrera artística, etc. Tal compendio de escenas - a veces muy separadas en el tiempo unas de otras - configuran más un reportaje que una novela tal y como hoy en día tendemos a comprender el concepto.



Este característico tratamiento de la historia provoca que el lector no "se enganche". Si lo que esperas es acción, suspense o intriga...deja de leer esta reseña. Esta, definitivamente, no es tu novela.



La carencia de un argumento adictivo se compensa con la rica recreación que la autora construye del Japón feudal del siglo XIX. La vida de Ei da comienzo en Edo (Tokio), exactamente en el marginal y alternativo barrio de Yoshiwara donde el dictatorial shogunato del clan Tokugawa (siglo XVII- siglo XIX) ha getificado a artistas, prostitutas y demás gentes del "mal vivir".Govier utiliza un léxico japonés variado para describir la ambientación. Para quienes no conocemos en profundidad la cultura japonesa se torna complicado seguir la lectura y, por ello, hay un glosario al final del libro que ayuda a solventar dudas. La autora describe detalladamente desde la distribución de las estancia, los alimentos y los paisajes hasta los matices políticos y culturales que dan forma a la historia. A mí en particular ha sido de todo esto la parte política la que más me ha interesado: las prohibiciones, la moral, las leyes y sus trampas, etc. 



En línea con todo esto cabe añadir que se aprecian pasajes de gran belleza que muestran cómo las gentes de a pié vivían bajo tales restricciones o cómo se sobreponían a los vaivenes de la vida. 



El contenido de la novela se conforma en líneas generales como una reivindicación de la situación social de la mujer en Japón a finales del siglo XIX a través del complejo personaje de Ei. Además, se nos muestra la consideración que en dicho lugar tenían los artistas y otros colectivos sociales. 



Es en la configuración de los personajes y en el hilado de las relaciones entre ellos donde Govier se lleva la palma pues lo hace de maravilla. Ei es la tercera hija del segundo matrimonio del pinto Hokusai, un hombre muy particular que vive por y para la pintura descuidando tanto a su familia como a su salud o a su bolsillo. 



A pesar de ser una de tantos hijos, la relación entre Ei y Hokusai es especial desde el principio. La complicidad entre ellos traspasa las páginas del libro e impregna toda la historia siendo el hilo conductor de la misma. Ei admira a su padre hasta un punto casi enfermizo y lo acompañará allá donde vaya aunque para ello tenga que renunciar a su propia vida. Una vez que éste fallezca, ella será quien se encargue de buscar el reconocimiento a su pintura que no obtuvo en vida y, también, seguirá firmando con el nombre de él sus propias obras. Ei quiere pintar y lo conseguirá aún siendo mujer aunando así en una misma persona dos dificultades: "mujer, y además, artista". Es esta protagonista, por tanto, una de esas que tanto gustan: profundas, complejas, fuertes, rebeldes...



No está de más señalar que en la obra aparecen muchos otros personajes que van y vienen a lo largo de la vida de Ei pero, naturalmente, son padre e hija, los dos artistas, los principales.

La pintura japonesa para mi, sinceramente, ha sido todo un descubrimiento. No me jacto de saber ni mucho ni poco de arte, sé lo que debería saber una Licenciada en Historia a quien la pintura la agrada bastante. Pero nunca había estudiado la pintura japonesa así como tampoco había leído sobre ella ni la había visto en exposiciones o museos. Creo que es un punto a favor de la Govier que ésta sepa crear el gusanillo de curiosidad justo sobre el arte japonés como para ir a Google y hojearlo, y conocerlo, y, si cabe, apreciarlo. 



La pluma de la autora es sofisticada y elegante y lo que aporta cercanía al relato no es el lenguaje o la expresión sino la primera persona en la que está narrada casi la totalidad de la novela. Como contrapeso negativo, ha de ser admitido que el ritmo es muy pausado y en ocasiones invita a abandonar el libro. El estilo puede llegar a resultar confuso y farragoso pues cuesta ubicar en la historia la importancia de reflexiones, detalles, pensamientos o hechos que aparecen "sin más". Claro, sólo hay que pensar que es toda una vida la que se está relatando para que tal defecto nos resulte "lógico". Pero si a eso sumamos la gran extensión de la obra...la lectura en cierta partes se hace cuesta arriba.



Por último añadir que sobresale la magnífica maquetación de la obra. Desde las fuentes elegidas hasta el diseño interior y exterior del libro destacan por su buena factura. ¡Así da gusto abrir un libro! 



En definitiva, no es La hija del dibujante un libro que se devore sino que más bien se saborea. Yo lo recomiendo para los aficionados a la historia de Japón, a la historia de la pintura o incluso para una lectura temática "de género". También para quienes disfruten con historias largas y reposadas o para aquellos que amen aprender mientras leen. Sin embargo, quienes queráis llenar un rato con una historia trepidante o toparos con una historia llena de emociones no os decantéis por este libro, no es lo que buscáis. 



En conclusión, Algaida ha hecho una buena elección al incorporar esta novela de corte biográfico y oriental a su colección de género histórico.



Si os ha interesado la novela o si no sabéis si probarla ó no podéis pinchar aquí para leer online los primeros capítulos. ¿La conocíais? ¿Os llama la atención? ¿La habéis leído? ¡Contadnos!



Se agradece el ejemplar a la editorial Algaida.

Sara Herrera Maceiras, Ecos de Calíope.



lunes, 24 de febrero de 2014

G.P. Danilevsky, La princesa Tarakanova



DATOS DEL LIBRO

Nº de páginas: 220 págs.

Encuadernación: Tapa dura

Editorial: DEPOCA

Lengua: CASTELLANO

ISBN: 9788493897208


SINOPSIS (extraída de la web de Casa del libro)

En 1772 aparece en París una hermosa y misteriosa joven que se presenta entonces en sociedad con el título de Princesa Vlodomir, posteriormente conocida como Princesa Tarakanova. De ella nada se sabe apenas, sólo que afirma haber sido raptada en Alemania y luego enviada a Persia. Siempre según esta mujer, en Ispahan un príncipe le revela su identidad noble y la convence para que regrese a Europa a fin de conquistar el trono que le pertenece. Rodeada de personajes sospechosos e intrigantes lleva una vida extremadamente lujosa en París, Londres y Berlín, lugares donde se encargará de propagar el rumor de que es hija de la difunta emperatriz Isabel I de Rusia y de su favorito cosaco con el que se casó en secreto.


OPINIÓN

La princesa Tarakanova es una novela histórica escrita en el siglo XIX, concretamente en 1885. En ella, se narra un misterio de la historia de Rusia: la aparición de una joven pretendiente al trono. 

La novela se divide en dos partes, la primera narrada en primera persona y la segunda a cargo de un narrador externo. En la primera, conocemos los hechos a través del relato del teniente Pablo Konzov. Gracias a él conoceremos a la misteriosa princesa protagonista de la historia. Esta chica afirma ser hija de la emperatriz Isabel I, con lo cual tendría derecho a ocupar el trono, en manos en el momento de la narración de la emperatriz Catalina II. La joven princesa tendrá tanto defensores como detractores. Nos veremos envueltos en una trama llena de intrigas, misterios y traiciones.

En la segunda parte de la historia ya no se nos narran los hechos en primera persona, aunque en gran parte se nos cuentan desde la perspectiva de la emperatriz Catalina II. La trama no pierde fuelle en ningún momento, sino que el autor consigue mantener la tensión y el interés del lector en todo momento. 

En cuanto a los personajes, están bien definidos en general, aunque hay que destacar a la protagonista (incluso por encima del teniente cuyo diario nos transmite los hechos de la primera parte). La princesa es un personaje intenso, una mujer fuerte que defiende firmemente aquello en lo que cree, a pesar de lo que esto le pueda causar. 

La lectura de esta obra es bastante ágil (a mí me duró poco más de un día) porque, contra lo que se pudiera pensar de una novela escrita en el siglo XIX, el lenguaje empleado por el autor carece de adornos y pomposidad, y es bastante llano, sin llegar a ser simplón.

Para terminar, me gustaría destacar la preciosa edición que han realizado en d’Época, una edición, además, muy cuidada, que facilita aún más la lectura.

En conclusión, La princesa Tarakanova es una buena opción tanto como para los lectores que quieran atreverse con un clásico y no sepan cuál escoger para empezar como para los que quieran conocer la literatura rusa.






Sara




domingo, 23 de febrero de 2014

EMMA LIRA, BÚSCAME DONDE NACEN LOS DRAGOS





Título: Búscame donde nacen los dragos 

Autora: Emma Lira

Editorial: Plaza y Janés 

ISBN: 978 84 01 35 420 -5

Nº páginas: 523 

PVP: 19,90 €



Sinopsis oficial: Marina, una periodista madrileña que acaba de sufrir una ruptura amorosa, decide abandonar la ciudad e intentar encontrarse a sí misma en un idílico hotel rural en Tenerife. Pero una misteriosa calavera le pone sobre la pista del mayor secreto sobre una civilización perdida de la que apenas sabemos nada, los guanches.



Encontré la sinopsis de esta novela en internet hojeando catálogos de editoriales. No había oído hablar de ella ni había visto su portada en ninguna librería. Pero, en principio, todo de su historia me resultaba, aunque con recelos, atractivo. Una periodista que se embarca en una investigación de carácter arqueológico con Tenerife como telón de fondo. La curiosidad me carcomía. Leí el primer capítulo en la página web de la editorial y la prosa de Emma Lira me cautivó. No obstante, seguía albergando dudas. ¿Una periodista metida a arqueóloga? Mi defecto profesional de Licenciada en Historia y Arqueología buscaba, siendo sincera, algo de intrusismo y de desconocimiento de la materia, un punto crítico en una novela que preveía que me iba a encantar. Pero no ocurrió así. Puedo afirmar que esta novela me ha entusiasmado y que la he devorado desde la primera hasta la última página. Es, en mi opinión, éste uno de esos libros que al llegar a la última página uno se alegra de tenerlo en papel para así poder conservarlo a mano y poder releer ciertas partes cuando le apetezca. Y quizás sea así porque esta historia de guanches quería ser contada.



La prosa cercana y, al tiempo, evocadora y sugerente de esta novela pertenece a la pluma de Emma Lira. Periodista todoterreno y polifacética que se estrena en el mundo literario con este libro.



La historia gira en torno una mujer joven y un punto de inflexión. Marina tras una pacífica - pero no por ello menos dolorosa- ruptura de pareja decide dejar atrás la vida en común que compartía con su compañero Miguel desde hacía diez años en Madrid. Para ello esta periodista se traslada de manera temporal a Tamadaya, finca de Tenerife que ella visitó tiempo atrás por motivos de trabajo y a la cual ha regresado en varias ocasiones con fines semejantes (reportajes, guías de viaje...). Con el único propósito de marcar un paréntesis en su vida Marina se ve envuelta, gracias a su afán por involucrarse en historias ajenas y en aventuras, en una trama que pondrá en entredicho muchas de las supuestas certezas acerca de los guanches, los indígenas que habitaban solos Tenerife y demás islas canarias (bajo otros denominativos) antes de la llegada de los españoles.



Todo comienza con unos ojos vacíos. Tan vacíos, quizás, como las expectativas que antes de observarlos Marina albergaba en su interior. Cuando llega a la finca de sus amigos Kristin y Ángel, éstos le muestran una calavera, en teoría guanche, hallada en ese mismo lugar cuarenta y cinco años atrás. Con solo mirar las cuencas vacías de esos ojos Marina sabe que eso es lo que necesita. Una historia que no sea la suya. Un rompecabezas que no sea el de su propia vida. Unas preguntas que no sean las que lleva a cuestas desde que salió de Madrid. Así pues, se pone a ello. 



Marina comienza la investigación de ese hallazgo arqueológico visitando el museo de la Naturaleza y el Hombre, interrogando a quienes estuvieron presentes tanto tiempo atrás en la excavación de urgencia y, finalmente, poniéndose en contacto con Fernando Mederos, antropólogo de la facultad de Historia de la Universidad de la Laguna. También entra en contacto con el jefe de obras de la finca, Nacho, ingeniero que está dirigiendo la instalación de una planta fotovoltaica en una zona de la gran finca de Tamadaya y que podría dañar, si lo hubiera, el yacimiento arqueológico. Mientras intenta reconstruir una parte de la historia local de Tamadaya y seguir la pista a los desaparecidos restos arqueológicos excavados allí hace casi un lustro, alterna con los veraneantes de la zona -en especial, con la vividora Amanda- y se va configurando poco a poco a su alrededor un grupo de amigos que la acompañará en su investigación.



Tal labor de sabueso lleva a Marina a entablar relaciones con expoliadores, coleccionistas de antigüedades, lingüistas, doctorandos de arqueología, antiguos vecinos de la zona, etc y a moverse a caballo entre la más estricta legalidad y las reprobables y dudosas maneras de jugar a exploradores. 



Mientras el sol atlántico acaricia la piel de Marina en un otoño teñido de aventura la historia de los guanches se desdibuja entre las páginas de este maravilloso libro. Los lectores, a través de las palabras de Marina, de Fernando o de personajes entrañables como el "mencey loco" asisten a capítulos de la conquista española de las islas, a la transmisión de sus leyendas y mitos o a la explicación de sus modos de subsistencia, a la descripción de su mundo espiritual, de su distribución por las islas, de su jerarquización social, de su organización política, de sus conocimiento de medicina natural o de las lagunas arqueológicas que no permiten aún completar su historia.

Todo este compendio de conocimientos - que en ningún momento llega a abrumar al lector sino que agrava su sed de saber - se acompaña de rigurosa información acerca de los trámites administrativos con los que los arqueólogos deben lidiar para hacer efectivo su trabajo así como del ambiente académico de la profesión (reputación, credibilidad, rigurosidad, competitividad y, al fin y al cabo, el más que necesario trabajo en equipos y la interdisciplinariedad de los mismos). También se reflejan las disyuntivas y los desacuerdos que suelen surgir entre las empresas constructoras y los arqueólogos encargados de supervisar el desarrollo de las obras (plazos, parones de las obras, falseamiento de datos, sobornos, negación de las evidencias arqueológicas halladas...)



Además de eso, se saborean en algunos tramos de la lectura divertidos intercambios de estereotipos y generalizaciones acerca de los periodistas - y sus ínfulas de investigadores en campos que desconocen - y de los arqueólogos y sus pretensiones de hacerse respetar mediante el uso de tecnicismos y expresiones de la profesión que el resto de interlocutores desconocen. La autora refleja estos comportamientos y los desarma para hacer ver que ni los unos están siempre tan desinformados ni los otros son por costumbre tan pretenciosos.



Pero de todo este torrente de realidad quizás sea lo más interesante (o al menos para mi) el eterno debate acerca del destino de los restos arqueológicos. Una mujer letrada y dedicada a la divulgación como es Marina condena las prácticas irregulares de expolio y de especulación de antigüedades sin dejar ningún rastro de duda. 



Sin embargo, oponerse tan categóricamente a la apropiación de restos y a la omisión de información se torna más complicado cuando las razones son sentimentales y no lucrativas, cuando los beneficios se sustituyen por principios. ¿Para qué dar constancia a las autoridades? ¿Para que cuerpos de guanches que eligieron descansar para toda la eternidad en esas tierras se trasladen a polvorientas cajas de saturados almacenes? ¿O, tal vez, simplemente para aportar conocimiento a la sociedad? ¿Para iluminar fragmentos de la historia que aún se mueven entre las penumbras?



Con todo lo escrito hasta aquí uno puede creer que la novela de Emma Lira es más un reportaje que una obra de ficción. No es así. Todos estos conocimientos y realidades referidos más arriba son novelados de manera excepcional por la autora. 



Los personajes son frescos y divertidos. Sus expresiones locales son matizadas por un acento canario entrañable y su estilo coloquial les otorga una cercanía que funciona de maravilla. En cada una de esas cervecitas que los protagonistas toman en una terraza contemplando el mar el lector cree - y desea- ser parte del grupo. Como era de esperar es la propia Marina el personaje con el que el lector más se identifica pues todos hemos sentido alguna vez esa ansia de escapar y de evadirse que la domina durante todo el relato. A pesar de ello, todos los demás personajes están bien caracterizados y aunque la narración se configura por completo en primera persona se llega a empatizar con todos ellos: con sus puntos de vista, sus sentimientos y sus circunstancias.



De los personajes yo destacaría uno secundario que apareciendo tan sólo en tres o cuatro ocasiones contadas impregna la novela de un fabuloso realismo mágico. Me refiero al "mencey loco", un viejo contador de historias ciego (al estilo de los rápsodos griegos) que trasmite la tradición oral de la isla y que será fundamental en el desarrollo de la trama. Este personaje, sin duda, os enamorará.



Los entornos y los paisajes por los que Marina se mueve para desentrañar los misterios que la calavera guanche trae consigo son descritos de forma ágil sin por ello escatimar en detalles. Su recreación es eficaz hasta el punto en que lector desea hacer ya la maleta y acompañar por esas tierras a la protagonista. (Tenerife es sólo uno de esos entornos, para saber a qué otros lugares viaja deberéis leeros libro, claro).



Para acabar, cabe comentar la búsqueda personal que Marina experimenta a lo largo de la novela y que se alza como un elemento fundamental de la obra. Es una búsqueda sincera, cotidiana y agradable. No al estilo de Reza, come, ama. Es una búsqueda que empieza y acaba y que se declara totalmente personal sin pretender establecerse como una guía, o un ejemplo. No es una búsqueda acertada o envidiable si quiera. Es, tan solo, una historia personal. La reflexión también se hace notar entre los capítulos y se diluye en apartados breves pero de mucha fuerza. 



Por último, en cuanto a la historia de amor..."haberla, haýla". Ésta es sencilla y algo predecible, es un atributo más de la historia pero no el central. A mí personalmente me ha agradado su desarrollo para ser una parte secundaria de la trama. No obstante, reconozco que tampoco habría venido nada mal ahondar un poco más en el personaje masculino que Marina "elige". 



¿Una pega? Puede. Sí y no. A pesar de que admito que la autora se ha esforzado mucho en explorar cómo trabajan arqueólogos y antropólogos, que se ha empapado de la cultura y la historia guanche para escribir la novela y, lo que es mejor, que lo ha sabido transmitir todo de una manera perfecta quizás deje un sabor de boca de "aventura" y "exploradores" que empaña la disciplina de la Arqueología. No todo es tan sencillo. Los análisis son caros y tardan en llegar, los profesionales de un mismo equipo no siempre están de acuerdo, trabajar sin autorización es muy arriesgado y conlleva consecuencias muy considerables, no todos los arqueólogos (y menos los reputados) acogerían tan bien y tan rápido los proyectos de una periodista no especializada en Arqueología y a la que desconocen por completo, etc... 



Pero eso es sólo realidad y esto es ficción, una novela. Una novela que os recomiendo mucho a todos. 



Acerca de la autora podéis leer en:


Más información sobre la novela la podéis encontrar en:




Y sobre Tamadaya, finca real en la que comienza en la ficción la historia de Marina, en:

http://www.dondenacenlosdragos.com/



Se agradece el envío del ejemplar a la editorial Plaza&Janés.





Sara H. Maceiras, Ecos de Calíope.
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