¡Hola a todos!
Es para mí un gran honor compartir con vosotros la entrevista que hace unos días realicé a Miguel de León, autor de Los amores perdidos, una novela publicada hace unos meses por Plaza & Janés. Miguel de León es un autor muy interesante, así que os animo a que sigáis leyendo y lo conozcáis un poco más. Os dejo con su entrevista:
¿Quién es Miguel de León?
Es un niño que acaba de cumplir 60 años. Un niño que ha
trabajado todos y cada uno de los días desde que tiene uso de razón. Alguien
capaz de amar a cada persona que se le acerca, pero que detesta el gentío y no
siente el menor aprecio por el populacho.
¿Cuándo supiste que querías ser escritor?
Soñé con ello desde la adolescencia. Me parecía algo tan
difícil que en los múltiples intentos de conseguir un par de páginas escritas,
abandoné sin haber conseguido más que otra nueva decepción. Eran hojas que
pasaban de inmediato a ser menudillo, picado a conciencia para que nadie
pudiera leer ni una sola palabra. No sabía entonces que aquella reiteración en
los intentos frustrados, era la más elocuente prueba de mi necesidad de llegar
a escribir.
¿Qué fue lo primero que escribiste? ¿A qué edad lo
hiciste?
Lo primero que escribí, lo hice entre los veinte y los
veinticinco años, con plena consciencia de lo mucho que tendría que trabajar
hasta conseguir hacerlo de manera aceptable. Fueron relatos cortos de una o dos
páginas que apenas me sirvieron de marcador de libros. Pasado algún tiempo los
fui guardando en una carpeta, hasta el día en que ardieron a consecuencia de un
descalabro de amores. Tengo buena memoria y no se perdieron del todo. Son un
sustrato estupendo al que recurro para las historias que ahora cuento. De ellos
hay bastante en Los amores perdidos.
¿Tiene tu vida profesional relación directa con tu faceta
como escritor?
Supongo que algo de todo lo que he hecho en la vida
influye en lo que escribo. Tal vez, los años que he dedicado a la informática
me hayan dado una disciplina de trabajo que influye en las historias que
cuento. El huir de los artificios, hallar el núcleo de la historia, la limpieza
de los argumentos, son cosas que tal vez le deba al hecho de la actividad de
programación.
¿Cómo te formaste como escritor?
Leyendo buenas historias y buenos escritores. Y leyendo y
estudiando a los maestros de la lengua. Casi nada a los de esta nueva especie
sobrehumana tan abundante en Internet, de los que se las saben todas de cómo
hay que escribir una historia y hasta de cómo hay que hacer para escribir un
éxito de ventas, pero que, de incomprensible manera, no se aplican a sí mismos
sus consejos.
¿Tienes alguna manía al ponerte a escribir?
No soporto el ruido. Tengo una habitación con mi penumbra
y mis libros, donde a veces me acompaño de una taza de café. Cuando la historia
comienza a dolerme ya no hay manera de que pueda parar hasta que la tenga
escrita. Aunque confieso que siempre llega un momento en que debo parar y coger
aliento. Suele sucederme en el último tramo. En ese preámbulo del final,
siempre me vence una duda que suele costarme mucho tiempo superar.
¿Prefieres algún lugar o momento a lo largo del día para
escribir?
Nunca sé cuándo encontraré el momento propicio. A veces
me sacude durante el sueño y tengo que correr al cuaderno para tomar notas,
incluso al ordenado a escribirlo con propósito de que sea texto definitivo.
Rara vez me funciona cuando yo he decidido sentarme a escribir.
Antes de iniciar una novela, ¿la planificas mucho o te
dejas llevar por la inspiración?
Planifico mucho pero me dejo llevar por la inspiración
siempre que ella llega. En la mente, busco la esencia de los personajes y las
tramas, intento hallarles el alma. Tomo notas, encajo las piezas, averiguo qué
es lo que quiero contar. A continuación viene la parte de lucha con el teclado.
Por último corrijo y me dejo seducir si hallo la poesía. Y durante todo el
proceso estoy atento a esa voz que de pronto me asalta para decirme que hay
otro camino que no había tenido en cuenta. Que tras un tortuoso sendero
divisaré un valle de excepcional belleza. Esa es la parte más interesante y a
la que más sustancia suelo sacarle.
¿Eres una escritor de las que escriben a mano o te
decantas por las nuevas tecnologías?
Para los apuntes suelo escribir a mano. Para el texto,
las anotaciones, la investigación, recurro a todo lo que tengo al alcance, sin
discriminar nada. Se han ido imponiendo las tecnologías, aunque me siento
cómodo con un lápiz, un sacapuntas y un cuaderno.
¿Cómo es un día en la vida de una escritor como tú?
Va por etapas. Dependiendo del momento en que me
encuentre, puedo aislarme más o menos. Cuando estoy metido de lleno en la
historia, no hay quien me separe de ella. Pero ese punto es difícil de
alcanzar. Si lo tuviera todos los días, sería el ser más productivo del mundo,
pero tendrían que hospitalizarme cada tres meses.
¿Eres aficionado a la lectura?¿Le dedicas muchas horas a
lo largo del día?
Es lo primero que hago por la mañana, lo último que hago
por la noche y lo que más hago durante todo el día. Leo. Otra cosa es si leo lo
que debiera o me gustaría, porque Internet me tiene a la greña conmigo mismo.
Me ha apartado del tipo de lectura que he preferido durante toda la vida, en
particular la de los libros.
¿Qué tipo de literatura te gusta leer?
Entretenida y buena. Puedo leer con el mismo interés un
libro de ficción que de filosofía o ciencia. Nunca pongo reparos en cuanto al
tema y casi perdono las formas, salvo que sean de auténtica imbecilidad. Mi
único reparo al autor es que no me aburra. Me da igual quién sea o cómo se
llame, si en un momento determinado no ha conseguido involucrarme en su relato,
aparco el libro. Suelo retomarlo transcurrido algún tiempo y si se me vuelve a
caer de las manos, tal vez no sienta el impulso de leerlo nunca más. Sin
embargo, libros que hoy son para mí imprescindibles pasaron por momentos de
inapetencia. Hay que ser respetuoso con ellos y darles siempre una segunda
oportunidad.
¿Eres lector de libros de papel o también lees ebooks?
Prefiero el papel, aunque he leído bastante en libro
electrónico. Sobre todo cuando viajo, el libro electrónico me facilita las
cosas. Sin embargo, la intensidad de lo que leo en un medio u otro es muy
diferente. El grado de conciencia que me queda sobre lo leído es mayor en
papel, lo recuerdo mejor, es más vivo. Coincido en esto con muchas personas que
conozco. Mi consejo es que la primera lectura de una obra se haga en papel. Las
cosas menores o las relecturas pueden hacerse, si no molesta, en libro
electrónico.
¿Cuál es tu autor favorito? ¿Nos podrías recomendar una
obra de él?
Mi autor más importante es Gabriel García Márquez. Puedo
decir que es mi favorito, pero no excluyo a otros que también lo fueron en su
momento. En Los amores perdidos hago un sinfín de homenajes a muchos de ellos:
Juan Rulfo, Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez, García Márquez al menos en dos
momentos, Benito Pérez Galdós.
De todos ellos recomiendo cualquier cosa que escribieran.
Para mí fueron importantes El Llano en llamas, de Rulfo; Cien años de soledad,
El amor en los tiempos del cólera, Crónica de una muerte anunciada o El
patriarca de García Márquez; Los cuernos de don Friolera me atrajeron a Valle
Inclán, y su novela Tirano banderas fue la más importante para mí durante unos
años; guardo especial cariño a Doña Perfecta de Benito Pérez Galdós, seguro que
por el momento en que la leí, pero también recuerdo con devoción Misericordia o
Tristana. Y Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, que tengo siempre a mano. De
vez en cuando hay que dormirse después de haber leído una de sus páginas, si es
que uno desea desentrañar el misterio de cómo debe escribirse.
¿Recuerdas algún libro de tu infancia con especial
cariño? ¿Cuál es? ¿Por qué le tienes especial cariño?
Sí, a todos los que leí. Tanto que en la biografía que hay
en mi web, tengo un capítulo dedicado a mis lecturas en el que hablo casi en
exclusiva de las que hice cuando era niño. Allí explico que fueron tan
importantes que lo demás no llega a su grado de trascendencia, no hacen sombra
a las que en conjunto leí en esa época de mi vida.
¿Qué estás leyendo ahora?
Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena
¿Si tuvieras que recomendar una novela cuál sería?
El Quijote
¿Qué autores clásicos y contemporáneos te han
influenciado como escritor?
El que más Gabriel García Márquez, pero he aprendido
leyendo y de todos he intentado quedarme con algo de cada uno. De los que llevo
mencionados aquí, es de los que más me he dejado influir.
¿Hay algo que haya influido en tu manera de escribir como
la música, el cine, alguna vivencia, tus raíces...?
El cine. La música, en gran medida. También la del cine,
que suelo escuchar mientras escribo.
¿Tienes más aficiones además de la literatura? ¿Nos
podrías hablar un poco de ellas?
El Cine, la ciencia, salir a caminar, aprender a dibujar,
ver mi reflejo en los ojos de Clement, mi mujer. Cosas así.
¿Crees que Internet y las nuevas tecnologías ha cambiado
al lector actual? ¿Por qué?
Sí. Porque es fácil leer cuando tienes Internet. Contiene
todo el universo escrito en sus tripas. Es un poderoso aliado aunque, mucho
cuidado, es al tiempo un mortal enemigo. Un poderoso aliado de quien tenga
conocimiento para discriminar la información que le llega, de saber qué grado
de verosimilitud puede otorgarle a cada cosa que lee. Si no si tiene capacidad
para evaluar la procedencia de esa ingente información, entonces es un enemigo
mortal.
Hablemos ahora sobre tu novela, Los amores perdidos: ¿De
dónde surgió la idea de escribir esta novela?
Me atrapó el personaje de Arturo Quíner. Se convirtió en
una idea obsesiva cuando me pregunté qué sería de un hombre de buena hechura
moral, tan enamorado de una chica que no fuera capaz de vivir sin ella, pero
que al tiempo estuviera convencido de la única manera de amarla sería dejarla
marchar sin que ella llegara a saber nunca de ese amor.
¿Cómo te organizaste para escribirla?
Los amores perdidos es una novela compleja. Tiene tres
niveles en la estructura. De los personajes secundarios más de una docena están
desarrollados como personajes protagonistas. Piensan, actúan, sienten y, sobre
todo, nos hacen sentir de manera distinta. Tiene tramas paralelas que van
confluyendo durante toda la historia.
¿Tiene alguna historia real detrás? ¿Es muy diferente de
la que acabas explicando en tu novela?
En ella la solución de los conflictos que se plantean, el
hilván de unas tramas y otras, lo dirigen las emociones de los personajes.
Cuando se intenta retratar más que hablar de la trascendencia de los
sentimientos, es obligado que el escritor se involucre en el corazón de sus
personajes y circunstancias. Habrá mucho de mí en cada uno de ellos, debe
haberlo en cada línea escrita, sin embargo, nada cuento en la novela que haya
sido un suceso concreto de mi vida, excepto en lo ocasional o anecdótico.
Dolería demasiado. Lo dejaré para mejor ocasión si encuentro el valor para
hacerlo.
¿Qué fue lo más complicado de la escritura de Los amores
perdidos?
Los personajes protagonistas. Representan el futuro.
Están por terminar de ser. Sobre todo Alejandra, la protagonista de la historia
central, una chica muy joven de la que no puedo desvelar su rotundidad sino en
la última página. Pero este personaje se enfrenta a una multitud de personajes
femeninos de muchísima fuerza que lo anteceden, como son Rita Cortés, Dolores
Bernal, María Bernal y otros, que han vivido ya sus vidas y parecen tener mayor
peso que el de Alejandra en la novela. Menos, aunque en el mismo sentido, pasa
con el personaje de Arturo Quíner. Fui consciente de este problema durante todo
el proceso de escritura. Comparados con los personajes anteriores ellos parecen
sólo unos buenos chicos, sin embargo, no es así, es que son jóvenes. Sufrí al
construirlos así, pero el problema no tenía solución si quería ser leal con los
personajes y con la historia. Habrá otras historias, pero está tenía que ser
escrita así.
¿Tenías claro desde el principio cómo escribirías la
novela?
Ni aun para un cuento de dos páginas creo que se pueda
saber por dónde iremos. Y si alguna vez se tiene la idea clara desde el
principio, cabe plantearse aquel hueco del que hablábamos sobre la inspiración.
Esa vocecita que nos susurra desde el propio relato.
¿Cómo fue ese momento de ponerte a escribir la primera
frase de la novela?
El primer capítulo tiene como quince o veinte versiones
distintas y fue donde mi editor, con una sola sugerencia, hizo la más grande
aportación. Prueba de que conoce la materia con la que trabaja.
¿Te llevó mucho tiempo escribirla?
Desde la primera vez que escribí una frase pensando en
ella hasta que tuve algo, pasaron más de doce años. Desde allí hasta el último
borrador, diez. Desde ese día hasta hoy otros tres.
Para los que no conocen tu novela, ¿qué destacarías de
ella? ¿por qué el lector debería elegirla?
Es una novela que no aburre, distinta, imposible de
agrupar con otras. El lector encontrará en ella personajes muy desarrollados,
de personalidades muy marcadas, y tramas simultáneas que van confluyendo
durante la historia. No encontrará una sola página de relleno y cuando he
tenido que escoger siempre me decanté en ella del lado de la buena literatura.
Puedo decir, sin duda alguna, que el lector se emocionará con ella.
Respecto a la promoción de tu novela ¿qué haces para que
el lector la conozca?
Acudo allí donde me llaman para una firma de libros o
hablar de la novela. Y estoy siempre pendiente de Internet, único medio para
dar a conocer los libros. No puedo hacer más, creo.
Además de esta novela, tienes otras dos novelas
publicades: El Collado de la Marquesita y Un lugar sobre el arcoíris ¿Nos
puedes hablar un poco de ellas?
Dado que era un autor desconocido, el editor me pidió
algún título que pudiéramos utilizar para la promoción de Los amores perdidos.
Algo con una intensidad emocional similar. Le entregué los dos que mencionas
para que eligiera uno. Se decidió poner uno gratis y el otro a 0,95€, ambos en
libro electrónico. Me da la impresión, por lo que me llega, que está funcionando
al revés. Son los que han leído Los amores perdidos los que buscan por todos
los medios alguna otra cosa escrita por mí y reparan en esos títulos.
Bienvenidos sean, procedan de donde procedan.
El Collado de la Marquesita es una novela corta, que
plantea y desvela una intriga, en medio de una causa de amor. Un lugar sobre el
arcoíris habla del primer encuentro de amor de dos jóvenes, que vivirán la
tarde más hermosa de sus vidas en el escenario de la ciudad de La Laguna.
De tus novelas, ¿cuál recomendarías a un lector que no
haya leído nunca nada de ti?
Todas. Pueden empezar por Un lugar sobre el arcoíris. que
está gratis en Internet: Amazon, El Corte Inglés, La Casa del Libro. Pueden
seguir después por El Collado de la Marquesita, 0,95€. Y, por supuesto, Los
amores perdidos. Me atrevo a decir que como querrán tenerla ya siempre, mejor
que lo consigan en papel.
Y ahora hablemos del futuro: ¿Tienes alguna novela
esperando a ser publicada?
No, pero sí tengo editor esperando por la siguiente.
¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto? ¿Nos puedes
contar algo sobre él?
Trabajo en varios a la vez. El más avanzado tiene el
título provisional de Almas en el páramo. Estoy muy satisfecho con lo que voy
consiguiendo. Ya estoy trabajando en una idea para tres novelas de trama más
lineal.
¿Qué consejos darías a los escritores noveles que desean
que sus novelas sean publicadas?
En primer lugar deben saber primero si en realidad les
atrae el hecho de escribir o lo que buscan es el destello. Escribir es algo muy
difícil. Existen destellos menos difíciles de otros colores: Rap, cocina o
tatuajes de autor, coger olas, cine de vanguardia, pintura o escultura
figurativa experimental, y esto dicho en español, que en inglés las debe de
haber por millones. La de escribir no es más fácil, no es más resplandeciente,
no te forras, te crea enemigos, si vales te piratean con impunidad, tu exiguo
10 por ciento del primer año se queda en 5 si es que te publican en edición de
bolsillo, y acaso llegaras a tener más de diez mil euros, tampoco sonrías,
porque habrás tenido que sobrevivir de otra cosa y sumado a lo que hayas
ganado, cuando Montoro caiga sobre ti, te sacará las mantecas; y mientras
gobierne Rajoy, eliges si quieres pensión o libros, que ya sabemos que las dos
cosas juntas sólo para banqueros o políticos. Eso en cuanto a resplandores. Si
lo que de verdad se quiere es escribir, quien quiera que sea puede dar por
seguro que la brisa de una historia empezará a acariciarlo, es probable que no
termine en nada, pero es posible que termine azotándolo como un vendaval que no
amainará sino con las páginas escritas.
Para acabar, si quieres decir algo a los lectores de esta
entrevista las siguientes líneas son todas tuyas.
Los libreros adoran Los amores perdidos porque no les
hace quedar mal con sus clientes, los auténticos lectores de libros. No tiene
ni una reseña negativa en Internet. Los amores perdidos es una novela que
merece la pena. No perderán el tiempo.
Muchas gracias, Miguel, y mucha suerte con tus proyectos
presentes y futuros.
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