Mostrando entradas con la etiqueta Mónica Carrillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mónica Carrillo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de mayo de 2014

ENTREVISTA MÓNICA CARRILLO



“De todo se aprende. A todo podemos sacarle la parte positiva”




La vida es la mejor fuente de inspiración. De esa idea parte la materia prima literaria de Mónica Carrillo en su primera novela, una obra llena de juegos y sentimientos con la que pretende alejarse de la ecuanimidad de los informativos que presenta cada noche. Información y emoción, objetividad y subjetividad… las dos caras de la misma Mónica.

- Si algo hay en esta novela son emociones. Ya lo dice la faja que la envuelve: es un canto a las emociones. ¿De dónde ha sacado el material vital que le ha servido para reconstruir tal cantidad de sentimientos?

Llevo muchos años observando lo que ocurre a mi alrededor, fijándome en los detalles y ahora he encontrado el momento de plasmarlo en el papel. He analizado mil situaciones, imaginado otras, me he inspirado en viajes, conversaciones, lugares, películas, músicas. En definitiva, en la vida, que es la mejor fuente de inspiración.

- Para contener, hasta cierto punto, el caudal desbordado de las emociones de Candela, la protagonista de la obra, usted convierte la novela en un texto fragmentario en el que, por supuesto, oímos a Candela hablando con Manuel pero también escuchamos a sus amigas y al propio Manuel. Son, sobre todo, los capítulos en los que aparecen las amigas los que rompen el discurso desesperado de Candela e introducen no solo más datos sobre la protagonista y su historia, sino también notas de humor que le sientan muy bien al conjunto de la obra. ¿Era este el objetivo de esta alternancia de voces?

La luz de Candela trata de cuando el amor llega sin avisar y lo pone todo patas arriba y ya nada vuelve a ser como antes. Ese torbellino emocional, la pérdida de control, la entrega absoluta lo cuenta la protagonista en primera persona y de manera muy intimista. Pero al mismo tiempo he querido trufar la historia con situaciones cotidianas, conversaciones banales, repletas de ironía. Porque la vida es un vaivén de emociones. Las situaciones dramáticas se salpican de momentos absurdos e hilarantes. También he querido poner de manifiesto el poder curativo del humor en este tipo de situaciones. 

- Además de una alternancia de voces hay una alternancia de géneros literarios: La luz de Candela es una obra narrativa, una novela, pero también tiene toques de poesía y, sobre todo, esos maravillosos microcuentos que adelantan, apostillan, confirman o, en otras ocasiones, ofrecen un punto de vista diferente sobre el contenido del capítulo. ¿Cómo surgió la idea de introducir otros géneros en la novela?

Lo cierto es que no fue nada premeditado. Yo me propuse contar una historia de amor mayúsculo con momentos de gran complicidad y pasión, pero también de desamor y desgarro. La propia historia me fue pidiendo en cada momento el estilo narrativo que debía ir adoptando. Yo me dejé llevar por las emociones de Candela y cuando me requería un aire más poético me limité a hacerle caso. Cuando uno se pone a escribir se da cuenta de que ya no es dueño absoluto de lo que sucede. Los personajes van cobrando entidad y trazan su propio camino aunque lo hayas planificado tú previamente. Ficcionar es maravilloso. Es la libertad absoluta.

- Leyendo la novela he tenido la sensación de que jugaba continuamente con el ritmo narrativo. Por un lado, tanto los cambios de voces, géneros, escenarios y tiempos como los capítulos cortos dan agilidad a la obra pero, por otro lado, el ritmo se remansa cuando Candela analiza y disecciona su historia de amor fracasado, como la mejor forense, en busca de la causa de la muerte. ¿Buscaba dar, así, un mayor equilibrio a la novela?

En efecto. Buscaba el equilibrio. Mi intención era atrapar desde la primera página y no dejar de emocionar hasta la última. Para ello he buscado cambios de voces y de estilo. Espero haber conseguido mi objetivo y que finalmente el lector al cerrar el libro permanezca durante un rato digiriendo la historia. Es una novela que invita a la reflexión y que el lector hará suya desde el comienzo. 

- La luz de Candela es hija de un tiempo y una época y se ve claramente en muchas de sus páginas: es hija de las tecnologías y así lo recoge en esa reflexión sobre lo mal que le sienta el whatsapp al desamor. ¿Era un simple guiño al amor en tiempos de whatsapp o buscaba una reflexión más profunda sobre cómo influyen las tecnologías en la forma de relacionarnos con los demás, también en nuestras relaciones sentimentales?

Ambas cosas. La novela podría haberse llamado El amor en tiempos de Whatsapp. Es una historia contemporánea y eso se nota en la forma en la que se comunican los protagonistas utilizando las nuevas tecnologías. Aún así, ése es el único guiño que se hace a la actualidad. El resto está descontextualizado de manera deliberada porque lo importante son las emociones que siente Candela. Todo lo demás pasa a un segundo plano, está desdibujado. 

- Pero también es hija de su tiempo en cuanto a que recoge una larga tradición de educación sentimental cultural a través del cine y la música. Al final va a ser verdad que, en un momento u otro de nuestra vida, todos nos hemos sentido dentro de una canción (o de varias)…

Desde luego que sí. Creo que a todos nos acompaña una banda sonora personal e intransferible que pone la música a momentos, situaciones, etapas vitales… La vida baila al son de esas músicas. Y que no dejen de sonar. 

- Y hablando de educación sentimental, usted plantea en un determinado momento una cierta crítica a las relaciones perfectas entre príncipes encantadores y princesas maravillosas que nos llegan a través de ciertas películas, novelas, canciones o dibujos animados. Pero también es verdad que todas las mujeres de su novela pelean por el amor y buscan esa imagen idílica que también recoge en uno de los capítulos: la de la pareja anciana que se sostiene y acompaña mutuamente durante toda la vida. ¿Cuál sería, para usted, el modelo de relación sentimental más saludable?

La relación sentimental más saludable es aquella que nos hace felices. El amor generoso. No hay más adornos. Lo demás sería disfrazar la realidad. 

- En un momento dado, incluso, plantea que las mujeres tenemos una tendencia excesiva a quedarnos colgadas de relaciones tóxicas y duda (o Candela duda) de que a los hombres les ocurra lo mismo. ¿No hay mujeres tóxicas?

He pretendido llevar al lector por todos los estadios de un amor pasional. Quería que vivieran de la mano de Manuel y Candela, su enamoramiento, la idealización, pero también el desencuentro, la distancia y el duelo. La historia se vive siempre bajo el prisma de ella. La dependencia se aborda en un momento determinado y se pone de manifiesto un tipo de relación que podría resultar tóxica si no se gestiona bien. Candela tiene que hacer una reflexión profunda para comprender en qué se está equivocando y es ahí donde le surgen muchas dudas. Mi intención era emocionar al lector e invitarle también a la reflexión a través de esas sensaciones que van aparejadas a las relaciones intensas. 

- ¿Y somos las mujeres más dadas a enamorarnos del propio amor, de la idea que nos hacemos de alguien más que de lo que ese alguien realmente es?

No creo estar cualificada para responder a esa pregunta. Desde mi humilde posición y a través de la novela planteo algunas cuestiones que le van surgiendo a la protagonista o a su entorno en el transcurso de la historia. Me encantará que el lector saque sus propias conclusiones a partir de sus propias experiencias vitales. 

- Y a esperar y esperar… sin que el otro sepa qué estamos esperando. En muchos casos, sin que ni siquiera sepa que esperamos algo. ¿Puede esto deberse, también, a esa educación sentimental de la que hablábamos antes: como el príncipe es perfecto sabe lo que necesitamos incluso sin necesidad de que se lo pidamos?

Es imposible que seamos totalmente ajenos a nuestra educación sentimenal, a nuestro entorno, nuestro país, etc… De nuevo esta cuestión se la plantea la protagonista con el objetivo de entender lo que le ocurre. Yo, a su vez, la traslado a los lectores, hombres y mujeres. Las respuestas las tiene que encontrar uno mismo. 

- Y al final, rompe el gran mito: pensamos en amor como amor de pareja, pero hay infinitas formas de amar y ser amado… ¿Es necesario, en ocasiones, que un buen batacazo sentimental nos abra los ojos para que veamos lo que tenemos frente a nuestras narices?



No sé si es necesario ese gran batacazo pero indudablemente las experiencias traumáticas nos obligan a reaccionar. Candela tiene que tocar fondo, sentirse hundida para llegar a conocerse mejor. Es un proceso de maduración personal. Y en ese proceso, Manuel es causa y consecuencia. Se ve arrollada por él pero finalmente de manera involuntaria la ayuda a reconstruirse, a ser ella de nuevo. De todo se aprende. A todo podemos sacarle la parte positiva.

Lidia Casado

martes, 20 de mayo de 2014

MÓNICA CARRILLO, LA LUZ DE CANDELA



Ficha técnica: 

Título: La luz de Candela 

Autora: Mónica Carrillo 

Editorial: Planeta 

ISBN: 978-84-08-12730-7

Páginas: 320 

Precio: 19,50 euros



Sinopsis (editorial): 

¿Qué ocurre cuando nos enamoramos de una persona que sabemos que nos va a complicar la vida? Candela es una fotógrafa a la que un día se le cruza el amor y la atropella, poniéndolo todo patas arriba. Y ya nada será como antes. El responsable de ese torbellino es Manuel, un joven modelo con el que vivirá una historia de amor tan fascinante como adictiva. La emoción de los primeros besos, la complicidad, la pasión. Pero también la angustia de quien no recibe todo lo que da. Y el apoyo incondicional y mágico de las amigas. La cara y la cruz del amor. Porque la vida sigue, siempre sigue… 



Mi opinión:

Intento no caer en los libros escritos por gente de la tele, porque luego una se lleva los chascos que se lleva, pero ceno todos los días con Mónica Carrillo (hasta Lucía, cuando vio la portada de La luz de Candela, dijo: "Mamá, la de las noticias") así que no podía por menos que hacer una excepción con esta mamá primeriza, como ella dice. 

Me gustan los ojos de Mónica Carrillo y pensé que, tal vez, su libro me transmitiera tanto como su mirada. Y he llegado a la conclusión de que sí, de que en algo se parecen: ambos brillan, ambos sienten, ambos hacen sentir.

Escuché a Carrillo decir en una entrevista que con esta novela quería distanciarse totalmente de su imagen de informadora y, para conseguirlo, se había volcado en el mundo de los sentimientos. Y así es. La luz de Candela es puro sentimiento, análisis y reflexión de lo sentido y lo vivido. Candela escribe desde el presente para exorcizar los demonios del dulce infierno que ha pasado con Manuel, un modelo profesional demasiado ególatra que da la sensación de no saber querer a nadie que no sea él mismo. Y digo da la sensación porque aunque constantemente estamos leyendo sobre él, la visión que se nos ofrece es la de Candela y la de sus amigas. Hasta el final no contrastamos esa imagen con lo que él verdaderamente sintió durante su historia de amor con Candela (o lo que recuerda que sintió o lo que dice que sintió, porque su voz aparece a través de una carta dirigida a Candela). Y tampoco es que entonces salga mejor parado, aunque algo más le entendemos.



UNA NOVELA PATCHWORK



Carrillo realiza casi una labor de patchwork con su novela: nos cuenta la historia a través de fragmentos que mezclan voces, tipos de narrador y hasta géneros. En primer lugar, quien lleva la voz cantante es, obviamente, Candela, que habla en presente y en segunda persona a Manuel y desmenuza su pasado ante nuestros ojos, quizá queriendo comunicarse con él, efectivamente, desnudando su alma, diciéndole todo lo que no le dijo y también todo lo que dijo mil y una veces. Pero ese lamento apasionado hacia Manuel también sirve para que ella misma repase errores, hitos importantes y agujeros negros por los que se fue colando su relación. En ese análisis de su relación nos incluye a nosotros, los lectores, testigos de ese caudal sin freno de palabras y receptores de unas reflexiones que nos invitan a hacer lo propio, si no con la relación entre Candela y Manuel, sí con nuestra propia vida, o generalizando: ¿cómo sienten su relación cada uno de los miembros de una pareja que no se quiere de la misma manera? ¿Qué ocurre cuando los tiempos no coinciden? ¿Y cuándo uno se queda atascado en el desamor? 

En segundo lugar, la voz de Candela deja de lado, en determinados momentos, la narrativa para hablarnos (y seguir interpelando a Manuel) a través de poemas cargados de sentimientos. 

Además, Carrillo da entrada a las voces de las amigas de Candela, testigos del amor y del desamor, que nos van contando distintos capítulos de la relación de la protagonista, desde ópticas diferentes, mezclando sus propias historias personales y, sobre todo, a través de unos chispeantes y divertidos diálogos que, para mí, son lo mejor de la novela. 

Finalmente, antes de cada uno de los capítulos narrados por Candela, aparece un microcuento que se va ajustando a la trama y que ofrece un pensamiento concentrado en apenas unas líneas. Aunque, obviamente, todos hablan de lo mismo (el desamor, el amor infortunado, la nostalgia por el amor que se fue o el recuerdo de algún momento feliz, aunque, visto desde el presente, siempre duele), hay algunos realmente bonitos y otros, simplemente maravillosos.



LA NOVELA Y SUS JUEGOS



Tanto el recurso a la poesía como la concentración que supone el microcuento le sientan muy bien a una narración con la que comparten muchas características: transmisión de emociones, belleza formal, condensación y una fluidez que se consigue a través del fragmentarismo que acabamos de analizar y de unos capítulos muy cortos. Carrillo juega, así, con el ritmo narrativo al ir alternando esa sensación de rapidez que dan capítulos, diálogos, poesía, microcuentos y cambio de voces, lugares y tiempos con el sosiego y la profundidad del análisis de sentimientos de los fragmentos de Candela. Frente a esa agilidad, a veces he tenido la sensación, mientras leía, que los capítulos de Candela me dejaban tan atascada en la novela como lo está ella en su propia vida.

Pero el que lleva a cabo con el ritmo no es el juego más notable ni el más frecuente de la novela: a lo largo de la obra (y ya sea en los microcuentos, como en la poesías, en los diálogos o en las palabras de Candela) hay constantes juegos de palabras. Juegos que a veces introducen matices de humor pero otras veces de melancolía y que siempre hacen pensar en el trabajo de la escritora que ha dado a luz a La luz de Candela.

Y casi tan frecuentes como los juegos de palabras son las referencias a películas y canciones, que dan pie a juegos de imágenes, a la creación de metáforas y hasta a la construcción de un capítulo con letras de canciones y otros con diálogos y títulos de películas.

Como poso de tanto juego y de tanto sentimiento queda la reflexión sobre si nos enamoramos de alguien de verdad o de la idea que nos hacemos de ese alguien, si esperamos demasiado de los demás sin que ellos ni siquiera sepan lo que esperamos o que estamos esperando, o las consecuencias psicológicas y sentimentales de las relaciones tóxicas que dejan tu presente colgando al borde del precipicio, hasta que saltas al vacío o haces el esfuerzo por volver a tierra firme y continuar tu camino en dirección contraria.

Nos seguimos leyendo. 



Agradezco a Planeta el envío de este ejemplar.







Lidia Casado








Related Posts with Thumbnails