Mostrando entradas con la etiqueta Don de lenguas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Don de lenguas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de abril de 2013

Entrevista a Rosa Ribas, coautora de Don de lenguas


Entrevista a Rosa Ribas, coautora de Don de lenguas:
“Queríamos dos mujeres de carne y hueso, con sus luces y sus sombras”
 
Fotografía realizada por:  Gustavo Pérez-Rodríguez Terminel.
Acabar de leer un libro y poder entrevistar a una de las autoras a los cinco minutos es un lujo que yo sólo he podido disfrutar con Rosa Ribas. Sumergida en la vorágine final que propone Don de lenguas, poder intercambiar opiniones con quien ha creado a esos personajes, ha ideado esa estructura, ha trabajado esos datos, ha impuesto un ritmo muy específico y ha construido un escenario en el que pasear de su mano es una auténtica maravilla. Por eso, esta entrevista se convirtió en un fascinante intercambio de lecturas de la novela, de lazos tendidos y cabos recogidos, de propuestas y respuestas en el que también participó un joven estudiante alemán llamado Noel.
Don de lenguas es una novela escrita a cuatro manos por Rosa Ribas y Sabine Hofmann que mezcla novela policíaca, thriller y novela histórica para construir un universo al que entrar (no un mero escenario) y una intriga que comienza suave pero que se acaba poniendo muy muy interesante. Y peligrosa.

-         La primera pregunta es, quizá, obvia pero necesaria: ¿cómo se escribe una novela a cuatro manos? Sobre todo una novela negra, en la que ningún detalle puede quedar suelto, ningún cabo puede quedar sin atar.
-         Es un proceso muy diferente, así que lo hemos hecho, como te puedes imaginar, con mucho trabajo. Necesitas mucho tiempo… pero es una novela que queríamos escribir sin prisa. La hemos escrito con toda la calma del mundo porque lo que nos interesaba era el proceso. Al lector le importa el resultado pero a nosotras, en esta ocasión, nos interesaba el proceso. Aprendes mucho de cómo funcionas, de cómo vienen las ideas… No es el trabajo solitario que tienes normalmente, sino que tienes a alguien con quien estás discutiendo, hablando… y se da un proceso muy curioso a veces: tú tienes la idea A, la otra tiene la idea B y al final la que sale es la idea C. Es muy enriquecedor pero, claro, cuesta conciliar dos estilos, dos formas de trabajar, dos formas de pensar diferentes… Ha sido laborioso pero ha valido la pena, las dos hemos salido enriquecidas de este trabajo.
-         Claro, porque hay que tener en cuenta, además, sus diferencias culturales: usted en española y Sabine es alemana.
-         Yo llevaba 22 años en Alemania, pensaba que ya era más alemana que cualquiera… pero descubres que no, que los alemanes siguen siendo más alemanes que tú a la hora de trabajar. Por ejemplo, creando la trama: yo sé a dónde vamos, sé el camino, pero no necesito que todo esté tan detallado. Yo escribo a mano… y se me iba la mano a escribir más que a planificar. Pero Sabine me decía: “no, esto lo tenemos que pensar hasta el final (que es una expresión muy alemana)”. Entonces, claro, lo pensábamos hasta el final y nos ha venido muy bien hacerlo así, tenerlo más planificado. Fue más fácil tenerlo todo claro: cada una tenía sus capítulos que correspondían a determinados personajes. Cada una teníamos nuestra constelación de personajes pero a veces los intercambiábamos, para saber si conocíamos bien a los otros personajes. Para hacerlo, tienes que entrar en su cabeza, mirar a través de sus ojos… y así veías que lo tenías dominado, que lo conocías. Trabajamos así y cuando estuvo todo el texto (la mitad estaba en español y la mitad en alemán), nos tradujimos y al traducirnos hicimos el filtro más duro que podríamos hacer. Mientras estábamos escribiendo, Sabine me pasaba sus textos, yo a ella los míos y, como escritoras, ya íbamos corrigiendo, proponiendo, tomando notas… Pero cuando tomas ya la versión final y la tomas como traductora, ya no dejas pasar ni una: frases superfluas, fuera; contradicciones, fuera; diálogos que sobran o no te acaban de convencer, fuera… Ha sido un trabajo muy enriquecedor y nos ha enseñado mucho sobre el proceso. Al final hemos tenido la novela completa en español y completa en alemán, hay dos originales, ninguna es traducción de la otra. Pero para que no hubiera ninguna discordancia, yo soy la responsable final del texto en español y Sabine, del texto en alemán. No se nota que hay cuatro manos… ¡o tres! Porque ella utiliza el ordenador pero yo utilizo esta (y levanta la mano izquierda). Para asegurarnos de que no se notaba, se lo pasamos a una filóloga y nos confirmó que no se sabía quién había escrito qué parte. “¡Ahora sí esta!, ahora sí”, dijimos.
-         La verdad es que no se nota pero, leyendo el libro, sí he pensado que había cierto paralelismo entre protagonistas y autoras: Beatriz es más alemana, más racional, mientras que Ana es más pasional, más loca, más impulsiva…
-         Sí, es verdad. Cuando diseñamos los personajes, cuando esbozamos sus características, yo le pregunté a Sabine que si tenía alguna preferencia… y, claro, ella dijo que Beatriz (risas). Pero lo bueno es que, en el resultado final, no se nota la diferencia. De hecho, hay capítulos de Beatriz escritos por mí y capítulos sobre Ana escritos por Sabine. Hemos conseguido conocer tan bien al personaje que podíamos escribir la una los de la otra. Incluso hay capítulos que hemos hecho a medias, porque a lo mejor una se atascaba y le pedía a la otra “¿me lo puedes acabar?” y lo terminaba la otra. Domingo Villar comentaba en la presentación de la novela todo esto, destacando, precisamente, lo celoso que es el escritor… Es otra forma de escribir.
Ha sido un proceso muy lento y conjunto y por eso, paralelamente, he ido escribiendo otra novela yo sola, porque necesitaba crear una novela más individual, donde estaba yo con mis cosas. Las hemos acabado a la vez.
-         Noel: ¿Por qué decidiste colaborar con ella?
-         Nos conocemos desde la universidad, cuando trabajábamos las dos en el Instituto de Románicas, y una vez le regalamos a una compañera muy querida que se marchaba de la universidad un relato, de unas 50 o 60  páginas, escrito por las dos. Era una novelita sobre Nebrija, escrita en alemán y en español, sin traducir, porque esta compañera era alemana pero leía perfectamente en español. Y nos gustó muchísimo la colaboración, el pensar la historia juntas, documentarnos juntas… Además, escribir en secreto (para escondernos de la compañera) nos dejó el gusanillo dentro para escribir un proyecto grande. Y luego se dio: había una idea para una novela en la que el conocimiento, el conocimiento de lenguas y de literatura tuviera un peso especial y que eso diera la calve para resolver el caso. Empezamos a pensar, a organizar, a buscar información sobre otros escritores que habían trabajado a cuatro manos y pensamos que nosotras lo íbamos a hacer todo juntas.
-         Su creación es mixta pero, en su clasificación genérica, también lo es porque tiene una parte policíaca, una parte histórica, otra de thriller… ¿Por qué esta mezcla de géneros?
-         Era natural. Ambientamos la historia en los años 50, lo que exigía esa parte histórica, de documentación, pero el hilo conductor es una historia policial y queríamos que no cayera en algunos malos hábitos de la novela histórica (que la novela se pare para explicar la Historia, que es una cosa muy anacrónica: que un personaje, desde dentro de la historia, te cuente cómo es el momento… A mí me echa de la novela) así que le dimos ritmo de thriller. Y tiene una parte muy costumbrista (sin que ello sea peyorativo): mostrar la vida en el momento. No paramos nunca, el personaje no se pasea por un escenario, está dentro de ese mundo. No hay nadie que diga: “¡¡ay!! En esta época, en que había tanta miseria…”. No, la miseria la ves, y el hambre y qué anhelaba la gente: un plato de nata con nueces, que era un lujo absoluto, o unas medias. Contar cómo alguien se pintaba la rayita detrás de las piernas para simular que llevaba medias es muy gráfico, pero es algo muy de la época y revela lo que ocurría. Queríamos mostrar la vida pero sin que nadie se la contara al lector. Queríamos que fuera él el que viajara en el tiempo de la mano de Ana, de Beatriz, de Castro… de todos los que tienen una perspectiva propia en la novela. Es novela histórica, es policial, es filológica… por supuesto. Y nos halaga mucho que nos digan que es una novela con muchas capas.
-         Capas que, además, están muy bien integradas, no chirría nada. Es muy sutil. Es lo que pasa, por ejemplo, con el análisis explícito de la sociedad que sí hay en muchas novelas negras o policíacas (e históricas). Aquí no aparece. Hay referencias, muchas de ellas muy sutiles, pero nadie explica nada, se da por hecho que (tal y como ocurre) el lector a sabe de qué se habla.
-         Yo creo que a veces se subvalora al lector, se le explica todo demasiado. Y yo creo que el lector quiere extraer sus propias conclusiones. Ese es el papel del lector. Sugieres y él entiende. A mí no me gusta cuando llega el investigador y dice: “y ahora quietos, que os voy a explicar el mundo”, eso me echa de la novela. Me doy cuenta de que ya no estoy en ese mundo, de que el autor ha tomado posesión del personaje. Nosotras hemos intentado que todo sea más sutil, más sensorial… y me alegra mucho de que eso guste.
-         Noel: usted ha vivido mucho tiempo en Frankfurt, Sabine es alemana… ¿cómo pueden describir tan bien la Barcelona de los años 50?
-         Hemos hecho un trabajo de documentación muy hondo pero lo que más ayudó a Sabine a comprender esta Barcelona fue la comparación con Alemania. Analizamos cómo fue la posguerra española y la posguerra alemana. Ella partía de una perspectiva más contrastiva. Le llamaba mucho la atención que, por ejemplo, fuera justo en este momento en el que se estaba retirando en España las cartillas de racionamiento, cuando la guerra española acabó en el 39, y en Alemania en ese momento comenzaba el despegue económico, cuando su posguerra había comenzado seis años después, en el 45. Y en los 50 el país está ya en vías de volver a convertirse en una potencia económica. Para mí fue muy interesante contemplar estos elementos desde su óptica y nos permitía ver qué es lo que queríamos destacar. Había mucho que contar sobre los 50 y este tipo de comparaciones nos ayudó a ver en qué queríamos poner el acento. El trabajo de Sabine fue más intenso, en este sentido, porque yo tenía más recuerdos, más imágenes en la cabeza. Y tuvimos muchos informantes, disfrutamos mucho entrevistando a mucha gente: de la alta sociedad, del mundo académico, gente como mis padres… Le dieron mucho sabor a la novela. A veces nos regalaban comparaciones que lo dicen todo. Mi padre, por ejemplo, me decía, respeto a la comisaría de Vía Layetana: “¿te acuerdas cuando sacabas a pasar a la perra y, al pasar por delante de la consulta del veterinario, hacía una arco y se alejaba de la puerta? Así hacíamos nosotros”. No necesitas más. Estas imágenes comunican más que cuando alguien dice explícitamente: “ahí pasábamos mucho miedo” y para Sabine, que es una persona muy curiosa, fue un proceso de aprendizaje. Estos pasajes también los dimos a leer a personas que lo conocían para ver si les evocaba la época… y sus respuestas también nos ayudaron mucho.
-         Tanto Beatriz como Ana, los dos personajes principales de la novela, son mujeres atípicas para la época (mujeres que anteponen sus profesiones o su libertad al amor, al matrimonio, al modelo de felicidad de los años 50)… ¿Es un intento por hacer valer a mujeres marginales en aquellos momentos que, sin embargo, existieron y cargaron con el peso de ser diferentes? ¿O se trata de un anacronismo consciente para marcar la diferencia con el resto de personajes femeninos?
-         Queríamos evitar el anacronismo, así que justo lo primero. Beatriz representa lo que pudo haber sido y por eso está en ese exilio interior. Cuando pensamos en ese momento histórico en el que empezaron a surgir escritoras, periodistas… con gran efervescencia y todo eso se vio truncado… Beatriz es la persona que se ha quedado ahí y no puede ejercer su vocación, que es la enseñanza de la literatura y por eso su única esperanza es salir del país, irse a otro sitio donde pueda enseñar. Ana, por su parte, tiene un motor muy fuerte: la necesidad de continuar con la tradición familiar. Padre y abuelo fueron periodistas, su hermano ha muerto y ella tiene cierta necesidad de suplir al hermano en su relación con su padre. No queríamos que fuera una novela con gran carga psicológico pero sí se apunta esta idea. Para Ana nos sirvió de inspiración el personaje de Margarita Landi, la periodista de El Caso que comenzó a trabajar justo en esta época. Ana es como la Margarita Landi de Barcelona porque Margarita Landi empezó en sociedad, cubriendo bautizos, puestas de largo, la señora No-Sé-Qué nos muestra su magnífico traje de tenis… y después pasó a los sucesos, que era el otro tema de interés en la época. Como no podían tratarse temas que se consideraban deshonestos (todo lo que tuviera que ver con sexo), se pasó a la otra gran afición muy hispánica que es el morbo. El morbo sí se cultivaba, pero como vemos en la novela, siempre teniendo en cuenta que lo malo pasaba fuera; si era un crimen español, entonces servía para que se pudiera mostrar lo bien que trabajaba la policía. Ana también es un personaje atípico pero no es extraordinario para la época. Aunque choca constantemente con muros, porque es una mujer y está trabajando en La Vanguardia por una cuestión de mala conciencia, y eso a ella no le basta. Las limitaciones que se ponían a los periodistas en la época se hacen mayores en su caso por ser mujer.
-         Pero lo más curioso es que muchas de esas limitaciones y muchas de las discriminaciones que contáis en la novela se mantienen hoy en día. Se mantienen tanto en lo que se refiere a las diferencias de género como a lo que se puede y no se puede contar. Parece que no han pasado los años.
-         Sí, en el fondo muchas cosas siguen así. La censura es un tema que está muy presente pero también la censura interior, la que se autoimpone el propio periodista. Es importante porque muestra hasta qué punto a uno lo van moldeando para que después uno mismo ya no lo diga, porque total…
-         Noel: Es que en la carrera de Periodismo te hablan de la prensa como el cuarto poder y luego resulta que la noticia la tiene que leer antes el comisario para dar el visto bueno.
-         Aquí es el comisario de policía pero en otros ámbitos será el jefe de redacción que no quiere líos ni con los que gobiernan ni con la empresa que nos patrocina. Yo creo que puede ser un libro interesante también para reflexionar sobre el papel de la prensa. En la novela se habla también del Caso Broto que también da una idea de hasta dónde puede llegar la prensa y hasta dónde no puede llegar. En Alemania hubo un caso muy similar, una prostituta que también fue asesinada, y su agenda desapareció, nunca se supo quién fue. La prensa también fue silenciada por completo. Y vemos que hay cosas que siguen ocurriendo hoy en día. Uno puede reflexionar y ver paralelismos y analizar qué pasó en la época y qué pasa hoy. Me gustaría que sirviera también para este tipo de reflexiones. Cada lector hace su lectura, hay que confiar en que el libro dé muchas opciones.
-         Personalmente me han gustado mucho las dos heroínas que, en realidad, son un poco heroínas de pacotilla, ¿no? La rata de biblioteca y la periodista novata que se ven envueltas en un lío tremendo. Además, son dos personajes muy humanos que muestran sus contradicciones y sus anhelos en varias ocasiones. Es curiosa, por ejemplo, la escena del interrogatorio en la que Castro golpea a la interrogada y Ana se debate entre intervenir o no. Tiene miedo a que ella también pueda salir malherida pero, egoístamente, también a perder su trabajo. No es una heroína, es una persona, y como tal aparece retratada.
-         La idea era que todos los personajes tuvieran sus luces y sus sombras. Ana es la protagonista y uno siempre piensa que el protagonista tiene que estar por encima moralmente… pero no. Ana muestra las limitaciones de la época con sus dudas. En esa escena, por ejemplo, Ana aprende que si quiere hacer su trabajo se tiene que quedar callada,  lo acepta. Todos los personajes salen algo manchados después del libro. Todos tienen cierta ambigüedad. Castro no se cuestiona, sabe que tiene el derecho a pegar y lo hace, aunque luego resulta que es un padre amantísimo. Ana y Beatriz también hacen cosas muy fuertes y acaban ensuciándose. Ana vive en una época en la que para salir adelante en su profesión tiene que jugar y si juega, empieza a formar parte del entramado.
-         Hemos hablado de dos mujeres importantes en la novela… y es que hay una continua reflexión sobre el papel social y laboral de la mujer en la época. Aparece reflejado cómo debía comportarse, qué se esperaba de ellas, qué debían sentir… Hay una visión negativa de la mujer, propiciada por comentarios, miradas, adjetivos, formas de entender el comportamiento de las féminas (en boca, sobre todo, de hombres) pero las mujeres de la novela (o al menos estas dos mujeres) rebaten esa visión con sus actos… Hay una clara contraposición entre lo que se cuenta y lo que se ve, entre lo que se dice y lo que hacen.
-         Claro, el lector entra en las perspectivas de las protagonistas y lo que ve son sus actos pero al mismo tiempo “escucha” las valoraciones de los otros. El lector descubre las dos caras de los personajes, por ejemplo, de Beatriz, que es una rata de biblioteca pero que demuestra que también tiene su cara de mujer de acción. La idea es ver, como siempre sucede en la vida real, hablamos de las personas y las imágenes que transmitimos no coinciden ni con las de los otros ni con las que ellos tienen sobre sí mismos. Queríamos que todo se relativizara, ningún personaje aparece de forma absoluta. Estas dos mujeres sacan su brío para salir adelante. A pesar de sus miedos, Ana lo hace y por hacerlo se mete en un lío realmente peligroso. Y Beatriz, que en principio no quiere meterse, acaba metida. Son personajes humanos, con sus contradicciones, pero que esperamos que el lector los quiera, porque todo el mundo toma decisiones correctas y decisiones equivocadas. Queríamos dos mujeres de carne y hueso.
-         Noel: el contexto familiar de Ana es fascinante, con esa madre que distingue claramente lo que era Antes y lo que es el Después (de la guerra), con ese deseo tan grande de que su padre le reconozca su labor de periodista… Todo ello también da idea, efectivamente, de un personaje de carne y hueso que tiene problemas en casa y también en el trabajo.
-         Como nos suele pasar a todos. A veces te presentan personajes que son perfectos en alguna faceta de su vida, que llegan a casa y tienen un marido o una mujer supercomprensivos, unos niños modélicos… No, esto no ocurre. Lo más normal es que los niños te haya destrozado media casa y que tu pareja esté tan cansada como tú…  y aún así tienes que seguir adelante. Todo el mundo tiene su propio motor, algo que le mueve y queríamos que eso quedara claro en la novela. Si lo hemos logrado, eso es lo mejor que le puede pasar a un personaje.
-         Antes has dicho que un libro ofrece una lectura diferente a cada lector. Yo, como periodista, he visto una metáfora entre el juego que se produce en la novela con la diferencia entre la versión oficial y lo ocurrido realmente y lo que se vivió en la época (o seguimos viviendo, depende de lo que se mire). ¿Es una manera de poner en duda la Historia oficial, de reivindicar la verdad que hemos perdido por el camino?
-         Sí, es una de las lecturas posibles. De los años 50 hemos hablado poco y está empezando a salir mucho material ahora. Es una época de silencios, de sobreentendidos, de hablar entre líneas… Yo creo que vamos aprendiendo ahora cómo eran. Tenemos muy clara la posguerra, los años 40, y muchas veces hay como un salto a los 60, y los 50 se quedan ahí… Pero la gente también tenía ilusiones y deseos en los 50, tenía ganas de hacer algo. Hemos tomado para la novela el año 52 porque es un año importante políticamente, porque muchos pensaban “bueno, esto ya pasará” y de repente se produce el reconocimiento oficial internacional del Régimen y hay que cambiar las opiniones: “¡uf!, esto va para largo”. Económicamente se va viendo un poco la luz al final del túnel pero políticamente se cierra una puerta. Pero la gente seguía viviendo, con sus ilusiones, y eso queríamos mostrar. Queríamos dar a conocer esa Historia que se ha contado poco, porque la gente que la vivió tampoco se ha parado mucho a contarla. Pero, ahora, en cambio, notas que la gente tiene ganas de hablar de ello, ahora es el momento para recuperar esa parte perdida de la Historia, esa Historia en blanco y negro.
-         Noel: Para terminar, mi pregunta es: ¿por qué eligieron como título Don de lenguas? Porque es un título que llama mucho la atención.
-         Teníamos el título bastante claro desde el principio porque la idea era llamar la atención sobre el tema de la lengua, tan importante en la novela. Por un lado está todo el conocimiento lingüístico de Beatriz, que resulta clave para ir resolviendo el caso y, por otro, la sagacidad lingüística de Ana para entender lo que le cuenta la gente, para comprender lo que le dicen. Además de todas las referencias literarias que aparecen en la novela, claro.


Lidia Casado

ROSA RIBAS Y SABINE HOFMANN, DON DE LENGUAS




Ficha técnica:
Título: Don de lenguas
Autoras: Rosa Ribas y Sabine Hofmann
Editorial: Siruela
Género: novela histórica, novela policíaca, thriller     
Páginas: 408
Publicación:  20/03/2013   
ISBN:  978-84-15803-06-5
Precio: 19,95 euros

Sinopsis (editorial):
   Barcelona, 1952: quedan pocas semanas para el Congreso Eucarístico, y la consigna oficial es dar una imagen impoluta de la ciudad, pues está en juego la legitimidad internacional del Régimen.
  Ana Martí, novata cronista de sociedad de La Vanguardia, encontrará en el encargo de cubrir el asesinato de Mariona Sobrerroca, una conocida viuda de la burguesía, su oportunidad para escribir sobre temas serios. El caso ha sido encomendado al inspector Isidro Castro de la Brigada de Investigación Criminal, un hosco policía de doloroso pasado, que tendrá que aceptar de mala gana que Ana cubra la investigación.
  Pero la joven periodista pronto descubrirá nuevas pistas que se apartan de la versión oficial de los hechos y recurre a la ayuda de su prima Beatriz Noguer, una eminente filóloga. Lo que en principio parecía una inofensiva consulta lingüística sobre unas misteriosas cartas encontradas entre los papeles de la difunta se convertirá en el inicio de una serie de revelaciones en las que están implicadas personas muy influyentes de la sociedad barcelonesa…
  En medio de un ambiente hostil poblado de funcionarios y políticos corruptos, porteras entrometidas, policías violentos, prostitutas y ladrones de buen corazón, la inteligencia y el arrojo de Ana y los conocimientos lingüísticos y literarios de Beatriz serán sus únicas armas para resolver el caso.


Mi opinión:
   La denominación que Lorenzo Silva ha dado a este libro me parece la más acertada de cuantas he leído: "thriller filológico". Aunque haya quien pueda pensar que no se puede hacer un thriller basado en algo como la investigación filológica, Rosa Ribas y Sabine Hofmann demuestran que sí que se puede. Y que el resultado puede ser muy atractivo, interesante, constructivo e intrigante como lo es.
   Hacía alusión a lo de la denominación porque es complicado adscribir este libro a un género concreto. Mezcla la novela histórica, la novela policíaca y el thriller para construir una historia en la que no hay ni buenos ni malos absolutos: todos tienen sus luces y sus sombras, máxime teniendo en cuenta que hablamos de la Barcelona (y la España) de los años 50.
   La novela está protagoniza por Beatriz y por Ana, dos mujeres (sobrina y tía) que se ven envueltas en un caso de asesinato casi fortuitamente. Ana Martí es periodista o al menos está intentando abrirse camino en el mundo periodístico, siguiendo los pasos de su padre y su abuelo. Hasta ahora ha cubierto información de sociedad, pero la baja del responsable de sucesos de La Vanguardia (y el cariño que el jefe de redacción del periódico le profesa, derivado de su relación con el padre) meten a Ana de lleno en la acción: una dama de la alta sociedad sobre la que ella solía informar, Mariona Sobrerroca, ha aparecido muerta en su domicilio.
   Obviamente, teniendo en cuenta que las autoras sitúan la acción en pleno Franquismo, si se informa de ello es porque a alguien le conviene. De hecho, se pretende que Ana muestre la buena labor de la policía y limpie (aunque sólo sea un poco) su imagen a través de las informaciones que vaya publicando sobre la investigación. Una investigación conducida por Isidro Castro, un policía brutal y tosco que no está muy convencido de trabajar con un periodista pegado a los talones... y menos si se trata de una mujer.
   El texto muestra constantemente la visión negativa que de la mujer se tenía en la época. Los comentarios, las opiniones, la forma de vida y sumisión de determinados personajes femeninos y las expectativas depositadas en Ana (que se deje en paz de tonterías periodísticas y se case con su novio de toda la vida) van mostrando una visión negativa de la mujer sostenida a lo largo de la obra. Una visión negativa, construida a base de pensamientos, comentarios y actitudes que, sin embargo, es contrarrestada firmemente por las acciones de Ana y de Beatriz. Sin profundizar en el contraste ni ahondar en la reflexión o la crítica, las autoras desmontan esa visión negativa con la fuerza de la acción de estos dos personajes centrales.
   Precisamente esa es otra de las características más destacadas de la novela: no hay crítica explícita, nadie interrumpe el discurso narrativo para introducir la opinión de nadie. Los hechos se ponen ante los ojos del lector y se permite que él saque sus conclusiones sobre temas como el machismo, la censura, la opresión franquista... De hecho, hay muchas cuestiones que ni siquiera se abordan directamente, con diálogos de los personajes, por ejemplo, sino que se citan como de pasada. Pero un lector que conozca el contexto histórico en el que se mueven los personajes sabe a qué se está aludiendo. Me parece una manera muy sutil y acertada de introducir aspectos en la novela sin recargar lo narrado: el lector recoge el guante lanzado por las autoras y reflexiona sobre ello sin que, explícitamente, el narrador haga mención de lo que implica lo sugerido. Pongo un ejemplo para que sepas de qué hablo. En la página 66 se dice: "Pero Oleguer Pons, Olegario durante las dos semanas que lo había tenido en el calabozo de la Social...". Con esa sencillísima alusión, las autoras están hablando de un montón de situaciones y represiones que el lector capta, aunque no estén representadas en el discurso. Es una manera de valorar su inteligencia y su bagaje.
   La trama es sustentada por esa periodista novata y por Beatriz, una mujer poco convencional, intelectual y comprometida con el saber y la erudición en vez de con un hombre. En un tiempo en el que el adjetivo "intelectual" aplicado a una mujer es sinónimo de insulto... pues está clara la consideración general de Beatriz en la sociedad. Aislada, apartada, cada vez con menos recursos económicos, busca dar salida a toda su erudición en el extranjero, porque es imposible poder trabajar en una universidad española. Esta rata de biblioteca aportará las claves para ir avanzando en el caso y descubrir a los verdaderos asesinos. Su profuso conocimiento de las lenguas y dialectos y de la literatura irá abriendo camino y mostrarán que la vida y la literatura están más unidas de lo que se pudiera pensar. De hecho, Beatriz hace de la literatura su guía de vida y aplica modelos literarios y de investigación filológica a los pasos que han de ir dando mientras la trama se complica.
   Beatriz y Ana son las dos caras de la misma moneda, con dos personalidades bien diferentes (aunque con puntos en común de base, como creerse válidas, más allá de su género) y dos maneras de actuar radicalmente opuestas: Beatriz es la erudición, la planificación, la estrategia, mientras que Ana es la pasión, el pálpito, el impulso. Hasta cierto punto, ambas podrían ser el reflejo de las dos autoras de la novela y de las características que sus dos nacionalidades (alemana y española) podrían haber dejado impresas en sus personalidades.
   Don de lenguas es un libro, pues, muy interesante, un libro de contrastes y contradicciones, en el que la verdad oficial y la verdad real no coinciden (otra crítica sólo esbozada). Una novela que mantiene el interés durante todas sus páginas, bien estructurada en la que el pulso narrativo se va acelerando (como en todo thriller que se precie) a medida que se avanza en la lectura. De hecho, las 60/80 primeras páginas nos van presentado a los personajes, sin que sepamos, en muchas ocasiones, qué pintan ahí, qué relación tienen con el asesinato descrito ya en las primeras líneas de la novela. A partir de ahí, el ritmo va incrementándose paulatinamente hasta llegar a un final de infarto, quizá narrado con demasiada demora para lo que requiere lo que va ocurriendo, pero que encaja bien con la metódica manera de actuar de Beatriz, que parece contagiarse a las autoras.
   Una novela que mezcla muchas cosas y que lanza muchos mensajes de una manera sutil. Una obra para descubrir y para dar lugar a lecturas muy diferentes.       
   Nos seguimos leyendo.   


   Agradezco a
Siruela que me haya facilitado este ejemplar.


Lidia Casado
Related Posts with Thumbnails