lunes, 18 de septiembre de 2017

ENTREVISTA A PEDRO FEIJOO, AUTOR DE LOS HIJOS DEL FUEGO (@PedroFeijoo @Ediciones_B)

¡Hola a todos!
Hace unos días entrevisté a Pedro Feijoo, que hace unas semanas ha publicado Los hijos del fuego, una novela de la que os hablé hace también unas semanas (Aquí os dejo el enlace). Hoy quiero compartir con vosotros la entrevista que le hice hace unos días, espero que os guste tanto como a mí hacerla. Os dejo con ella: 

Hola Pedro, antes de comenzar con la entrevista, además de agradecerte tu amabilidad por colaborar con mi blog, me gustaría que nos hablaras un poco sobre ti. 
¿Quién es Pedro Feijoo?

Caramba, menuda pregunta para empezar... Supongo que ese tal Pedro Feijoo debe de ser, más o menos, el tipo que me observa cada día desde el otro lado del espejo, aunque tampoco estoy demasiado seguro de quién podría ser realmente. Lo poco que te puedo asegurar es que se esfuerza día a día por hacer las cosas lo mejor posible. Que se compromete, que intenta cumplir siempre y que dicen que alguna vez incluso lo consiguió. Uno como otro cualquiera, de los que se equivocan, que es todo un maestro en el viejo arte de meter la pata hasta el corvejón y que, a pesar de que muchas veces aparente todo lo contrario, en el fondo no tiene ninguna maldad. Lo cual, ahora que lo pienso, no es poco decir.

¿Cuándo supiste que querías ser escritor?

Conscientemente, lo sabía de pequeño. Pero supongo que no tuve el valor necesario para dar el paso, de manera que todo acabó sucediendo de la manera en que suceden la mayoría de las cosas en mi vida: de la manera más inconsciente. Nada más recuerdo una conversación en la terraza de un bar, en la que mi pareja y yo charlábamos sobre la siguiente novela que nos gustaría leer a ambos. Lo siguiente que recuerdo soy yo encerrado durante un montón de tiempo escribiendo esa novela... y hasta hoy.

¿Qué fue lo primero que escribiste? ¿A qué edad lo hiciste?

No recuerdo qué fue exactamente lo primero que escribí de manera que se pueda considerar algo aproximado a un texto con intenciones literarias (aunque lejanamente, por supuesto). Supongo que alguna de las redacciones de la escuela, tal vez, o quizá alguna de las que me encargaba mi abuelo, o algo por el estilo... Con todo, me resultaría muy difícil marcar un punto de inicio ya que, por circunstancias familiares, crecí en un entorno en el que no sólo la literatura sino tanto los libros como objeto, como la propia profesión del que escribe estaban muy presentes.

¿Tiene tu vida profesional relación directa con tu faceta como escritor?

Y tanto que la tiene: desde hace cinco años, y gracias tanto al éxito alcanzado con Los hijos del mar como con mis resultados en Galicia, la única ocupación que se me conoce es la de escritor. Ese es mi oficio, y mi beneficio... Bueno, mejor dejémoslo ahí.


¿Cómo te formaste como escritor?

Pues de la única manera que realmente importa, diría yo: leyendo, leyendo, y leyendo. Es cierto que soy filólogo (aunque para el bien de la Filología en general y de mis potenciales alumnos en particular jamás he ejercido como tal), y que en su momento me especialicé en el estudio tanto de la literatura gallega como de la teoría de la literatura. Pero, honestamente, no creo que eso sirva de mucho a la hora de ser escritor. Esperar que un buen filólogo sea un buen escritor es tan tonto como esperar que un ministro de cultura sea... culto.

¿Tienes alguna manía al ponerte a escribir?

No, creo que no. Es cierto que necesito una cierta tranquilidad a la hora de escribir, sobre todo cuando estoy comenzando con la redacción del texto. Pero, una vez que lo tengo en marcha, la verdad es que puedo escribir en casi cualquier lugar y circunstancia. Y, créeme, cuando digo “cualquiera” es tal cual: el despacho, el jardín, la biblioteca, un coche en movimiento, un millón de aviones e incluso las bañeras de unas cuantas habitaciones de hotel (es lo que tiene compartir habitación con compañeros poco transigentes a la hora de mantener la luz de la habitación encendida hasta tarde, que acaban mandándote a escribir al cuarto de baño...). Ten en cuenta que, por mi manera de trabajar, nunca escribo ni una sola línea del texto que aparecerá publicado hasta que no tengo la historia claramente hilvanada en mi cabeza. Y para ello, antes tengo que tener perfectamente cubierto el proceso de estructuración y, más importante aún, antes el de documentación, determinante en todas mis novelas. Para que te hagas una idea, la redacción de Los hijos del fuego duró casi un año. Y tal vez parezca poco (o mucho, no lo sé), pero si lo pude escribir en ese tiempo es porque a ese año le precedieron otros dos años de dedicación diaria y exclusiva al proceso de documentación.

¿Prefieres algún lugar o momento a lo largo del día para escribir?

Como ya te he dicho, me vale cualquiera. Pero... Si pudiera pedir un deseo, escogería no tener que volver a escribir en bañeras de hoteles. Bueno, ni en bañeras en general. Comprende que uno ya va teniendo una edad, y que mis riñones ya no son lo que eran...

Antes de iniciar una novela, ¿la planificas mucho o te dejas llevar por la inspiración

Mira, sinceramente, yo creo que en realidad eso de la inspiración tiene más que ver con el envoltorio, con el papel de regalo que hace que tu propuesta resulte lo más apetecible posible, que con otra cosa. Diría que la inspiración es ese matiz sutil que convierte una buena idea en algo excelente. Y por supuesto creo que siempre ha de estar ahí. La inspiración es lo que te ayuda con el cómo, lo que hace que el texto que has escrito hoy esté más o menos tocado de gracia. Pero sin una buena idea previa, la inspiración no vale de nada. Y para eso lo que importa es el trabajo. Trabajo, trabajo, y más trabajo. Y en mi caso, se trata de un trabajo absolutamente metódico. Como te decía, nunca escribo ni una sola de las líneas que después leerás sin tener antes muy claro en todos los aspectos posibles todos y cada uno de los detalles de la historia que voy a compartir con vosotros. Antes, mucho antes de sentarme a escribir, ya sé de qué va a ir la historia, por dónde va a tirar, cómo empieza, como transcurre, y quién no llegará al final para contarla.

¿Eres una escritor de las que escriben a mano o te decantas por las nuevas tecnologías?

Soy un dinosaurio que todavía escribe a mano y con pluma. Escribo (o tal vez debería decir “vomito”, del tirón y con una mala letra que haría palidecer hasta al más experimentado de los profesores de primaria) un primer borrador en unas libretas que siempre que son del mismo tipo y tamaño, y voy haciendo las primeras pruebas correcciones a medida que voy pasando cada uno de esos capítulos al ordenador, pero nunca antes de tener una buena cuenta de capítulos escritos.

¿Cómo es un día en la vida de una escritor como tú?

¿Pues cómo va a ser? Un completo desastre basado en un caos y desorden férreamente disciplinados. Por ejemplo, durante el proceso de documentación, si se trata de algo que necesito consultar in situ, aun menos mal, porque por lo general las personas con las que te has de entrevistar no son tan desordenadas como tú, y acostumbran a tener horarios más o menos definidos y una vida social que no se basa en el caos y el descontrol. Y eso ayuda mucho a la hora de hacer que tú parezcas uno de ellos. Pero... Si se trata de un dato que nada más depende de las investigaciones que yo pueda hacer desde la biblioteca de mi casa (que no es precisamente pequeña), o a través de la red, entonces ya sí que es el “acabose”: dejo correr ese pequeño caos mío (una cierta patología que estoy convencido de que se trata de una especie de desorden obsesivo-compulsivo no diagnosticado...), y me obsesiono de tal manera que no me permite parar hasta que no doy con la clave que estoy buscando. Por fortuna, a día de hoy siempre lo he conseguido. No quiero ni imaginar cómo será el día que no lo consiga...
Para cuando estoy en la fase de redacción, el caos nada más se limita a una cuestión de horarios: tengo claro que hoy he de escribir este capítulo. Si lo acabo en cinco horas fantástico. Y si lo que necesito son diecisiete... pues nada, ya dormiremos en otro momento.

¿Eres aficionado a la lectura?¿Le dedicas muchas horas a lo largo del día?
           
Sí, más que aficionado, lo que soy es una especie de yonky de la lectura. Cuando estoy en pleno proceso de trabajo, le dedico prácticamente todo el tiempo que no estoy escribiendo. En el extraño caso de que las cosas vengan un poco más calmadas, entonces mi comportamiento lector se parece un poco más al de cualquier otro lector, de los que leen en la cama por la noche. El problema está en que en vez de leer entre cinco y veinte minutos, a mí igual me da el amanecer leyendo. Pero, vaya, que esa también es otra historia...

¿Qué tipo de literatura te gusta leer?
           
La verdad es que hace ya unos cuantos años que casi todo lo que leo está relacionado con el trabajo que en ese momento tenga entre manos. Leo muchísimos textos históricos, documentación antigua, libros del XIX. Pero, vaya, en general me encanta leer cualquier cosa que me suponga, de un modo u otro, un desafío. Que me enseñe algo nuevo, que no me deje indiferente. Y, sobre todo, que me sorprenda.

¿Eres lector de libros de papel o también lees ebooks?
            
Si no me queda más remedio, y las circunstancias lo exigen, no tengo ningún problema en leer libros en formato digital. Pero mi primera opción siempre es el papel.

¿Cuál es tu autor favorito? ¿Nos podrías recomendar una obra de él?
            
Me resulta absolutamente imposible citar solamente uno. Suso de Toro, Eduardo Mendoza, Castelao, Oscar Wilde, Diego Ameixeiras, P. G. Wodehouse, Douglas Adams, Marx (Groucho)... Lo que sí puedo hacer es citarte el último que me impresionó (y mucho), que no es otro sino Pierre Lemaitre. Si tuviera que recomendarte una obra sería Vestido de novia, pero nada más para poder engancharte al autor. Así, a continuación te recomendaría que leyeras su Irene, pero (de nuevo) nada más para que, aprovechando que ya estás en situación, pudieras leer Álex, que a mi entender es su obra maestra.
¿Recuerdas algún libro de tu infancia con especial cariño? ¿Cuál es? ¿Por qué le tienes especial cariño?
            
Pues recuerdo especialmente dos. El más “esperables” es uno de los muchos que se publicaron en la colección El Barco de Vapor: De profesión, fantasma, de Hubert Monteilhet. No es que tuviera nada de especial, pero vaya, recuerdo habérmelo leído unas quince veces... Y el otro es, por citar uno sólo de entre las muchísimas tentaciones que había en aquella biblioteca, una primera edición del Satanismo erótico, de Justo María Escalante. Como ya he dicho, por circunstancias familiares que no vienen al caso, tuve que pasar mucho tiempo en la compañía de mi abuelo, un famoso periodista y escritor leonés afincado en Vigo. Su biblioteca era inmensa, y estaba llena, como cuento, de un sinfín de tentaciones que, a los ojos de un niño con tanto tiempo libre como el que yo tenía, eran simplemente irresistibles. Recuerdo levantarme de noche a escondidas para hojear aquel libro. Tal vez el diablo y mujeres en cueros no sean el mejor tema de lectura para un niño. Pero, honestamente, ¿qué esperabas que hiciese?

¿Qué estás leyendo ahora?
            
La ciencia en la sombra, de J. M. Mulet.
¿Si tuvieras que recomendar una novela cuál sería?
            
Pues, no siendo toda esa perorata que he soltado sobre Pierre Lemaitre, la primera que me viene ahora a la cabeza es Trece campanadas, de Suso de Toro, y justo a continuación La playa de los ahogados, de Domingo Villar.
¿Qué autores clásicos y contemporáneos te han influenciado como escritor?
            
Todos los que he ido mencionando hasta aquí, y Manuel de la Fuente.

¿Hay algo que haya influido en tu manera de escribir como la música, el cine, alguna vivencia, tus raíces…?
            
Por supuesto que sí. De hecho, teniendo en cuenta la exposición a tantas otras formas de comunicación a la que estamos sujetos en nuestra sociedad, brutal e inevitable, me atrevería a decir que quien diga que no tiene más influencias que las exclusivamente literarias o es un mentiroso compulsivo, o es el abuelo de Heidi.
            
En el caso de mis novelas, de hecho, las influencias literarias son tantas como las cinematográficas, como las musicales, como las artísticas, como las televisivas, como las cotidianas... Mis libros jamás serían como son, si antes yo no hubiera estado empapadísimo de todas mis referencias literarias (que no las escondo), sí, pero también del cine de Woody Allen y de los hermanos Marx; del humor de los Monty Python y de Les Luthiers; de los guiones de Charlie Kaufman y de Marshall Brickman; de la tensión de “El silencio de los corderos”, de la violencia de “Seven”, de la brutalidad de “Saw”; de la música de Rammstein, de Wojciech Kilar, del jazz de Nueva Orleans, de los Ramones y de Quique González; de todas esas soledades que con tanto detalle pintaron Hopper y Monet...

¿Tienes más aficiones además de la literatura? ¿Nos podrías hablar un poco de ellas?
            
En mi caso, la literatura no es una afición, sino algo más. Un oficio, una dedicación, una salvación... Al margen de esto, sí, debería tener alguna afición, pero lo cierto es que no la tengo. Y eso pasa factura...

¿Crees que Internet y las nuevas tecnologías ha cambiado al lector actual? ¿Por qué?
            
Creo que sí, que de hecho es algo inevitable, y que además es bueno. Del mismo modo que en el siglo XIX la popularización de la novela cambió al lector medio, este nuevo acceso ha abierto nuevas vías de comunicación entre el autor y el lector. Y esto es bueno, siempre es bueno. (Bueno, siempre que el lector no se plante en el portal de tu casa con un cuchillo para que le expliques un poco mejor el final de tu última novela, claro...).

Hablemos ahora sobre tu novela, Los hijos del fuego: ¿De dónde surgió la idea de escribir esta novela?
            
De la necesidad de poner en valor la historia de mi país. Pero no la que viene en los manuales. No la que ya nos contaron una y mil veces y que, entre otros detalles, resulta que no es cierta. Aquí, en Galicia, como en buena parte de España, jamás existió esa gran guerra que recogen los libros de historia de buena parte del siglo XX. ¿Guerra de la Independencia? Y un jamón. Aquí nadie luchó por la independencia del yugo francés, ni siquiera por la libertad, me atrevería a decir. Aquí, quien más y quien menos, todos lucharon por una única razón: la supervivencia. Frente al ejército napoleónico, el que por aquel entonces era la maquinaria militar más poderosa del mundo, los paisanos españoles no tardaron en comprender que la corona no haría nada por ellos, ocupada como estaba nada más que en poner a salvo las reales posaderas. De manera que, si quería sobrevivir, al pueblo pronto le quedó claro que no le quedaría más remedio que organizarse y luchar por su cuenta. Por sobrevivir. Tanto fue así que, de hecho, hasta finales del siglo XIX, en los libros de historia gallega todavía se hablaba de este conflicto como la “Guerra de Galicia”. Esa es la historia que intento poner en valor.

¿Cómo te organizaste para escribirla?
            
Como siempre. Lo primero era saber qué quería contar, qué es lo que intentaba transmitir en esta ocasión. Una vez que tienes eso claro, lo siguiente es poner en marcha toda la maquinaria de la factoría: documentación, estructuras, redacción, revisión, segundo borrador, edición...

¿Tiene alguna historia real detrás? ¿Es muy diferente de la que acabas explicando en tu novela?
            
En cualquier obra de ficción es imprescindible que exista, ante todo, eso, una parte de ficción. Aí, es cierto que ni Velasco Espinosa ni Hugo Sanjuán son personas que hayan existido realmente jamás. Pero tampoco es menos cierto que, además de ser personajes necesarios para poder ir dándole salida a la trama, ambos son máscaras, una especie de juego de sombras tras el que se oculta toda una colección de personas reales, hombres que sí existieron (como, por ejemplo, Buenaventura Marcó del Pont, de quien tanto habla Velasco) y que, como se puede comprobar con una rápida expedición por la red, se vieron involucrados en el desarrollo de los hechos descritos en la novela.
            
Los lectores que ya me conozcan, sabrán de mi gusto por jugar con ese espacio ambiguo, ahí donde la ficción se confunde con la realidad. Pero, en ese sentido, este es de todos mis libros el que va más allá, ya que prácticamente todo lo que cuento en la novela es tan real como cierto. Sí existieron las cofradías; sí se vieron involucradas en el sitio y toma de la plaza; con lo importante que fue para el devenir económico de la ciudad, lo cierto es que el asunto de la historia de la piratería viguesa es uno de los episodios históricos más desconocidos de su memoria; todo lo que cuento sobre la ocupación de Vigo, la batalla y su liberación es real; la entrada de las tropas francesas arrastrando "esos" dos carros es real; su cargamento también es real (por un lado, se conservan los libros de cuentas del alto mando francés, y, por el otro, parte de ese botín está expuesto en el museo Quiñones de León); las maniobras de Vázquez Varela son absolutamente reales; la historia del polvorín y la demolición y posterior reconstrucción de la iglesia de Santa María es exactamente como la cuento; puñeta, ¡si hasta es cierto que existe una cápsula del tiempo! En fin, que, como ves, se trata de una historia absolutamente apasionante en buena medida aun por descubrir...

¿Qué fue lo más complicado de la escritura de Los hijos del fuego?
            
Pues honestamente diría que decidir dónde poner el freno a la hora de continuar con el proceso de documentación. En un tema como este, enseguida te das cuenta de que un descubrimiento te lleva al siguiente, y que el desbloqueo en la investigación de de un episodio histórico se convierte rápidamente en una especie de droga, un golpe de adrenalina que llama a gritos por otro más. ¿En qué momento decides que ya tienes bastante, que la información que abarrota tu despacho es ya la suficiente para contar la historia que querías contar? En mi caso, una decisión difícil...

¿Tenías claro desde el principio cómo la escribirías?
            
En absoluto. Lo que sí sabía era qué quería contar. Por suerte, cuando tienes eso claro, y dispones de tiempo, el cómo va saliendo poco a poco. Como ya he dicho, frente a ese tópico del autor arrebatado, llevado por un imparable impulso de inspiración, lo cierto es que el oficio de escritor tiene mucho más de disciplina, de paciencia, de rigurosidad...

¿Cómo fue ese momento de ponerte a escribir la primera frase de la novela?
            
No tan complicado como la leyenda suele contar... Ten en cuenta que, cuando llegó ese momento, y como te he explicado, yo ya llevaba más de dos años trabajando en el libro, de manera que ya había tenido, inevitablemente, mil y una ideas sobre cómo empezar. De manera que mi único problema fue escoger cuál de las múltiples frases posibles sería la más oportuna.

¿Te llevó mucho tiempo escribirla?
            
Como ya te he dicho por ahí atrás, el tiempo de redacción no fue más de un año. Pero ese año vino precedido de otros dos de documentación y organización previa.

Para los que no conocen tu novela, ¿qué destacarías de ella? ¿por qué el lector debería elegirla?
            
Porque es, ante todo, una novela muy entretenida. Antes me daba mucho pudor responder a este tipo de cuestiones, pero con el tiempo me he ido dando cuenta de que el error sería no decirlo. Es la verdad, porque esa era su intención. Como ya te he dicho por ahí atrás, desde el principio he tenido claro que, por muy interesante que al autor le parezca lo que tiene que contar, si lo hace de una manera que aburra al sueño nunca servirá de nada. Y eso es algo que yo he tenido siempre muy claro. Necesito que el texto enganche, que sea absolutamente adictivo, de esos que no puedes soltar una vez los has empezado. En Galicia hay quien me ha tildado de “entretenedor” sin más. Y a mí ya me parece bien, que piensen eso, que lo piensen... Porque mientras la gente crea que nada más pretendo resultar entretenido, seguiré sin ser sospechoso de nada. Nadie sospechará de cuáles son mis verdaderas intenciones, el mensaje que pretendo inocular bajo una apariencia tan inofensiva. Supongo que, en cierto modo, soy una especie de camello vendiendo caramelos rellenos de droga a la puerta de un colegio...
Antes de Los hijos del fuego escribiste Los hijos del mar, ¿son novelas independientes? ¿El lector puede leer Los hijos del fuego sin haber leído la anterior? ¿Habrá más Hijos…?
            
Sí, son textos absolutamente independientes. El nexo que los une es la presencia de los mismos personajes principales, junto con algún secundario. Pero no se trata de ninguna continuación, ni nada por el estilo. Simplemente es que se trata de dos novelas con tonos y mensajes semejantes. Cuando todavía estaba con el proceso de documentación de lo que acabaría siendo Los hijos del fuego, caí en la cuenta de que para transmitir este mensaje no necesitaba crear nuevos personajes, ya que la voz que me podían ofrecer Simón y Mariña ya era exactamente la que necesitaba. Esa es la razón de se presencia.
            
Y, visto el juego tan maravilloso que me prestan, pues... La verdad es que no te puedo decir que no: lo más probable es que en un futuro haya más aventuras para Simón y Mariña, sí.

Respecto a la promoción de tu novela ¿qué haces para que el lector la conozca?
            
Pues, además de rezarle mucho a san Judas Tadeo (que es el patrón de los imposibles y las causas perdidas), confiar plenamente en vuestro trabajo. Considero que hoy por hoy, la actividad de los blogueros literarios es absolutamente imprescindible para ir asentando el trabajo de campo. Sin vosotros sería imposible llegar a la base, donde está ese gran cuerpo lector, que es el único con el que a mí me preocupa contactar.

Y ahora hablemos del futuro:
¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto? ¿Nos puedes contar algo sobre él?
            
En efecto, estoy trabajando en dos libros. Por una banda, estoy terminando la redacción de una especie de inusual “guía” de la ciudad antigua de Vigo. Se trata de un libro que me hace mucha ilusión, ya que, a modo de paseo tranquilo y relajado, iremos recorriendo las calles de la Cidade Vella, el barrio antiguo, para recuperar y traer a la luz todas aquellas historias con las que me fui encontrando a lo largo del proceso de documentación de la novela, pero que, por motivos de trama y espacio, no pudieron entrar en Los hijos del fuego. Es algo con lo que me siento completamente comprometido, ya que se trata de algo más que un anecdotario histórico: en esos pasajes están las instantáneas que, aunque aparentemente insignificantes por separado y olvidadas hoy, una vez juntas se descubren imprescindibles para comprender el porqué de la actual ciudad.
            
Y, por la otra, ya he empezado con las anotaciones para lo que será mi siguiente novela, una historia muy dura, muy agresiva, en la línea de mi segunda novela, La memoria de la lluvia.

¿Qué consejos darías a los escritores noveles que desean que sus novelas sean publicadas?
            
Que tengan paciencia. Que intenten contactar con verdaderos editores, que no le entreguen su trabajo al primero que llame a su puerta con grandes promesas, que no se dejen seducir por los cantos de sirena de tantas y tantas pseudo-editoriales de esas que hay hoy en día, en las que, cuando te quieres dar cuenta, has tirado tu novela a la basura, y encima pagando por ello. Y que lo intenten, y que lo sigan intentando. Y, sobre todo, que lean, que lean muchísimo. Lo único que no podrás hacer el na vida es leer todo lo que deberías leer. Pero por lo menos que lo intenten.

Para acabar, si quieres decir algo a los lectores de esta entrevista las siguientes líneas son todas tuyas.
            
Me gustaría mostraros mi agradecimiento más sincero. En un tiempo tan descarnado como este, donde cada vez que escuchan la palabra “cultura” nuestros ministros echan las manos al diccionario (en el mejor de los casos...); donde los que mandan nada más se acuerdan de la cultura y de la educación para saber por dónde han de empezar a recortar; cuando ya no hay apenas apoyo para el libro ni para el autor, y las páginas literarias han desaparecido de casi todos los medios de comunicación; en una industria donde el último libro de la celebrity de turno vale más que diez autores de toda la vida, vuestra labor se revela determinante para la pervivencia de nuestro trabajo. Vosotros, los que os reunís en torno a los blogs literarios, los que comentáis vuestras lecturas, los que compartís vuestras impresiones, los que recomendáis y señaláis, sois poco menos que la resistencia, nuestra última línea de defensa. Por todo lo que hacéis por el libro y, por extensión, por todos los que vivimos del libro y con el libro, muchísimas gracias, de todo corazón.

Muchas gracias, Pedro, y mucha suerte con Los hijos del fuego y tus proyectos futuros.




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