“Un
libro es como una isla desierta y los lectores son los habitantes que la
colonizan”
Para celebrar el vigesimoquinto aniversario de los clubes de lectura, la
Biblioteca organizó un amplio programa de actividades que tendría su punto
culminante el 23 de abril, con la reunión de los integrantes de todos los
clubes y de clubes de otras poblaciones de Castilla-La Mancha, diversas
actividades y, como broche final un encuentro con la escritora más querida de
Azuqueca: Almudena
Grandes. Tan querida es que la biblioteca lleva su nombre y, tal y
como anunció el alcalde al final de dicho encuentro, una calle del municipio
también hará lo mismo.
Almudena viene con tanta frecuencia a Azuqueca, que todos sus libros ya han
sido destripados, analizados y desarmados por el derecho y por el revés. Por
eso, y aunque se habló de muchos otros, el gran protagonista del encuentro fue
su última novela: El lector de Julio Verne. Una
historia que, como explicó la autora, nace de una visión. “Mis novelas siempre nacen de una imagen y el niño
formaba parte de esa imagen inicial de la novela. Una imagen que prometía una
historia”. Así, explicó que el origen del argumento está basado
en la historia personal y familiar de un amigo suyo, Cristino, hijo de guardia
civil, criado en un pequeño pueblo de Jaén. Almudena contó cómo su amigo le había
dicho en alguna ocasión lo impresionado que se sentía de pequeño cuando oía
cosas que no tenía que oír, como los gritos de los detenidos en las noches de
redada. Esas noches, intentaba que los niños más pequeños del cuartel no
escucharan sus voces e inventaba canciones, cuentos, teatrillos… cualquier cosa
que captara su atención y la alejara de las celdas.
Almudena reconoció que no hubiera podido escribir la misma historia, una trama
contextualizada en uno de los momentos más duros de la Historia de España, si
el protagonista no hubiera sido un niño. “Los
niños son los únicos testigos veraces de la realidad. Los adultos tenemos
herramientas para transformarla, pero los niños aún no las han adquirido”,
explicaba, al tiempo que confesaba que el niño salvó la novela de la
truculencia: “es una novela muy sangrienta. Si el protagonista no hubiera sido
un niño, no podría haberla escrito porque yo odio la truculencia, pero vista a
través de sus ojos, la realidad no parecía tan truculenta”.
Animada por las preguntas del auditorio, la escritora fue hablando de los
diferentes personajes de la novela, como esa maestra que guarda el mayor tesoro
imaginable: 300 libros metidos en cajas de fruta. O Pepe el Portugués, “uno de mis personajes mimados. Saldrá en todas las
obras”, adelantó la autora. Ambos ofrecen al protagonista
modelos y actitudes diferentes de los que ve en casa. “La
novela es un gran homenaje a la literatura y a la novela de aventuras pero
también a la educación, a ese hilo mágico que se establece entre quien tiene
conocimiento y quien no lo tiene”, señaló Grandes.
Unos personajes de los que habló con la ternura y la compasión de una madre. “No es que sea madre de mis personajes, es que son
yo. ¿Cómo no les voy a querer? Cuando me invento un personaje solo le puedo dar
cosas mías. Solo sé qué es el amor o la amargura para mí. No sé cómo son para
ti. Así que es lo único que les puedo dar. Y les quiero, claro que les quiero.
Y sufro mucho cuando sé que les va a pasar algo malo. ‘Hijo mío, lo que te voy
a hacer…’, le digo”, apuntó. Del mismo modo, explicó (al hilo de
una pregunta sobre Julio Carrión, uno de los personajes de El corazón helado) que “a mí lo que me interesa es la
ambigüedad. Los malos malísimos no dan miedo, porque son una caricatura, no te
los encuentras así en la vida real, se ven venir. Pero la ambigüedad moral está
en todos: todos los malos tienen un lado luminoso y todos los buenos tienen un
lado oscuro. Y en eso es en lo que me interesa profundizar. De hecho, mientras
escribía 'El corazón helado', hasta me daba rabia a mí misma que Julio Carrión
me cayera tan bien”.
Almudena analizó su propia obra explicando que ha hecho el recorrido al revés: “los epílogos de mis últimos novelas acaban donde
empiezan mis primeras novelas. 'Los aires difíciles' sería la novela bisagra,
la que marca un cambio de rumbo”.
Una lectora puso el dedo en la llaga al señalar que los hombres de su entorno
no leían a Almudena porque consideraban que eran novelas para mujeres. La
autora reconoció que esa había sido su gran cruz durante buena parte de su
carrera pero que El corazón helado sirvió para que
muchos hombres se acercaran a su narrativa y la descubrieran (como la gran
escritora que es, añado yo), géneros al margen.
La referencia a Inés y la alegría dio pie a que la
autora explicara el porqué de la saga, de estos Episodios de una Guerra
Interminable en los que se ha embarcado actualmente: “mis libros tienen una razón literaria y un impulso
moral. En este caso, el impuso moral era destapar todo lo que tiene que ver con
lo que la Democracia ha tapado. La Democracia ha sido tremendamente injusta con
la Resistencia, cuando, si no hubiera existido, no hubiera sido posible una
transición pacífica. Este país tiene una enorme deuda con la Resistencia. Pero
esto también tiene su cálculo literario egoísta: se ha contado tan poco sobre
todo esto, que vivimos sobre una mina de oro literaria, una mina irresistible
para una novelista”. Y continuó ofreciendo ejemplos del olvido
al que han sido relegados los miembros de la Resistencia contra Franco, la
primera que se alzó contra el Fascismo en toda Europa. “Tu
vida actual se la debes a esa gente de la que no sabes nada”, señaló.
“En 'El lector de Julio Verne', nada es lo
que parece porque hay un protagonista que lo domina todo pero que está oculto:
el miedo. Y el miedo deforma la realidad”, explicó, sin querer
desvelar los giros y vericuetos de la obra. “Hace
tiempo que decidí que yo no iba a explicar quiénes son los buenos y quiénes los
malos. Lo que me interesan son las historias personales, cómo vivió la gente en
un bando y en otro”, apuntó cuando le preguntaron por la herida
aún no cicatrizada que la Guerra Civil dejó en la sociedad española.
El encuentro con los lectores también dejó lugar para la crítica política. “Somos un país anormal y nunca hemos querido
analizar nuestras anormalidades. Hemos vivido la fantasía de una estabilidad
falsa”, señaló aludiendo a la actual
coyuntura económica. “Muchas de las
crisis actuales están pasando por cómo se hizo la transición. La transición,
como su nombre indica, tenía que ser transitoria, pero aquí se instaló para quedarse”,
criticó. Los recortes culturales, el fracaso de la industria del cine, los cánones
a las bibliotecas y la muerte de la cultura también fueron objeto de la mirada
crítica de una autora siempre comprometida.
El hecho de que se diga que un escritor o escritora en este caso escriba solo para hombres o para mujeres es un tópico que hay que desterrar. Creo que un buen lector lee, si le gusta, claro, cualquier novela que se le ponga por delante y no tiene en cuenta para nada ese calificativo. Me considero uno de estos. No miro la etiqueta de "esta novela es solo para...". Miro si el libro en cuestión me gusta o no y lo leo y santas pascuas.
ResponderEliminarUna buena crónica sobre este encuentro con esta escritora, con la que aún no me estrené. Espero no tardar mucho. Saludos.