jueves, 2 de noviembre de 2017

ENTREVISTA A ELIA BARCELÓ AUTORA DE EL COLOR DEL SILENCIO (@elia_barcelo @RocaEditorial)

¡Hola a todos!
Hoy me hace especial ilusión compartir con vosotros la entrevista que hace unos días realicé a la encantadora Elia Barceló, autora, como imagino que sabéis, de El color del silencio, una novela de la que os hablé hace poco y que me encantó (aquí os dejo el enlace a mi reseña por si queréis leerla). Ahora os dejo con esta extensa y interesantísima entrevista, espero que la disfrutéis tanto como yo, os dejo con ella:

Hola, Elia, antes de comenzar con la entrevista, además de agradecerte tu amabilidad por colaborar con mi blog, me gustaría que nos hablaras un poco sobre ti. ¿Quién es Elia Barceló?

Es una pregunta dificilísima… ¿quién soy yo? Para mí está tan claro… y sin embargo, ¿cómo voy a ponerlo en un par de líneas?
Soy, en la base, la misma que era de pequeña: una persona curiosa, apasionada, imaginativa, amante de la libertad –sobre todo de la libertad de atarme voluntariamente a lo que amo–, familiar, enamorada de la vida, alegre, optimista, trabajadora, viajera, ciudadana del mundo; siempre dispuesta a sorprenderme y a asombrarme. Sé que no me dará tiempo a hacer todo lo que quiero hacer, pero siempre he sentido que la vida es un regalo que hay que disfrutar y hay que aprovecharla mientras dure.

¿Cuándo supiste que querías ser escritora? ¿Qué fue lo primero que escribiste? ¿A qué edad lo hiciste?
Yo nunca decidí ser escritora. Es algo que fue llegando poco a poco. De pequeña –estoy hablando de los siete u ocho años– les contaba cuentos de miedo y misterio a mis amigas y me encantaba notar cómo se les iban abriendo los ojos a medida que hablaba y el miedo que pasaban después cuando se tenían que ir a casa. A los doce años escribí mi primer relato –incompleto, claro, y de ciencia ficción porque era lo que me gustaba ver en las series de la tele– y a los dieciocho terminé el primero, muy breve pero completo. A los veintidós publiqué por primera vez en mi vida en un fanzine de CF que acababa de aparecer en Barcelona: Kandama; luego vino Nueva Dimensión, la única revista profesional que existía, todo un honor, y, poco a poco, más relatos en más revistas y fanzines, hasta que en 1989 publiqué mi primer libro –Sagrada– en la colección Nova, de Ediciones B. Pero incluso cuando gané el Premio UPC en 1992 con El mundo de Yarek y leí en los periódicos lo de “escritora alicantina”, me sonaba falso, como si me hubiese colado en una boda sin invitación. Creo que fue en el tercer o cuarto libro cuando empecé a creerme que era escritora. Pero inventar historias es algo que siempre me hizo feliz, y cuando adquirí el instrumental y la disciplina necesarios, empecé a ser feliz escribiéndolas.

¿Tiene tu vida profesional relación directa con tu faceta como escritora?
Sí; tengo la suerte de que desde hace más de treinta años y hasta hace un par de meses he estado trabajando en la universidad, dando clases de literatura hispánica, escritura, y mentalidad, con lo cual he podido desarrollar dos facetas complementarias dentro de la literatura: por un lado la parte analítica, académica, el trabajo sobre los textos de otros autores, y por otro lado mi propia carrera de escritora, mi forma personal de narrar, mis temas, mis experimentos formales. Ha resultado muy enriquecedor. Ahora he dejado el trabajo académico y empiezo una nueva fase en la que puedo dedicarme solamente a mi faceta creativa.

¿Cómo te formaste como escritora?
Me imagino que como todos los escritores que vivieron antes que yo: leyendo y aprendiendo de los maestros anteriores, casi todos muertos. En mi época no había talleres literarios, ni carreras universitarias. Cuando una quería escribir, se fijaba en cómo lo hacían los escritores que admiraba, analizaba su forma de trabajar y poco a poco iba mejorando, algo así como lo de “learning by doing” que se dice ahora.

¿Tienes alguna manía al ponerte a escribir?
Ninguna. Con un trabajo y una familia, además de la escritura, nunca me he podido permitir el postureo, aparte de que nunca me ha parecido atractivo eso de hacer de “artista”. Cuando los niños eran pequeños escribía a saltos, aprovechando los tiempos muertos entre otras actividades; luego, poco a poco, cada vez más seguido, con más tranquilidad. Si puedo pedir, prefiero que no haya muchas interrupciones y que haya silencio o una música que no interfiera, pero igual puedo trabajar en aviones, trenes, cafeterías, aeropuertos, en una casa llena de gente… donde sea.

¿Prefieres algún lugar o momento a lo largo del día para escribir?
Me gusta trabajar en mi estudio, rodeada de mis plantas, mis libros y mis cosas, y a cada momento del día le veo una gracia. A veces es muy bonito escribir por la noche, con unas velas encendidas, y otras veces con la luz dorada del primer sol, o cuando empieza a nevar y parece que estás encerrada en un pisapapeles de cristal. Pero, una vez que entro en mi historia, el mundo de afuera se desdibuja y pierde importancia.

Antes de iniciar una novela, ¿la planificas mucho o te dejas llevar por la inspiración?
Antes de empezar a escribir me he pasado meses amontonando materiales, durmiendo mal, pensando en mi novela casi constantemente, saturando mi subconsciente o algo parecido; y cuando creo que ha llegado el momento de escribir, sé dónde empieza la historia, quién la cuenta y adónde quiero llegar. Hay unas cuantas escenas que tengo clarísimas, casi como si las recordara, y quiero escribirlas por encima de todo, pero muchas veces no sé qué hay entre unas y otras. Esa es la parte que tengo que inventar sobre la marcha y para eso confío en mi subconsciente, que ha estado haciendo cálculos durante mucho tiempo sin que yo me entere apenas.

¿Eres una escritora de las que escriben a mano o te decantas por las nuevas tecnologías?

Puedo escribir a mano si no hay más remedio o si por lo que sea es más cómodo, pero normalmente uso el ordenador y, en los viajes, el portátil. Ahora estoy contestando a tus preguntas en el portátil mientras un avión me lleva de Frankfurt a México.


¿Cómo es un día en la la vida de una escritora como tú?
En estado ideal es una cosa muy poco esplendorosa y llamativa. Me levanto temprano, a la vez que mi marido, y cuando él se va a trabajar, yo me pongo a escribir. En las pausas hago cosas rutinarias de la casa: poner una lavadora, hacer la cama, preparar algo de comer. Según esté el tiempo, salgo a andar una hora por la mañana o por la tarde. Trabajo hasta las seis o seis y pico, voy a hacer gimnasia, o yoga o a nadar, vuelvo a casa y ya hacemos la cena –solos o con amigos o hijos si están de visita– cenamos, vemos un capítulo de una serie o una película (si estamos solos), y luego a la cama, a leer y a dormir.

¿Eres aficionada a la lectura? ¿Le dedicas muchas horas al día?
No conozco ningún escritor que no sea lector compulsivo. Yo lo soy. Leo mucho, muy variado, en varias lenguas y no concibo un día sin leer. Tengo la suerte de que leo muy rápido pero aún así le dedico a la lectura un mínimo de dos horas al día.

¿Qué te gusta leer?
Soy omnívora. Me gustan varios géneros narrativos: fantástico, ciencia ficción, terror, psicológico, histórico, negro… También leo ensayo, sobre todo cuando es histórico o prospectivo, o cuando estudia las reacciones de los seres humanos, pero también disfruto mucho de los ensayos sobre historia del arte, astronomía, astronáutica, medicina, arqueología… uf… mil cosas. De vez en cuando algún poeta de los que me tocan el alma y alguna vez teatro, pero mucho menos.

¿Eres lectora de libros de papel o también lees e-books?
De todo. Hace cinco o seis años que tengo e-book y lo uso mucho sobre todo para los viajes o para leer en la cama sin molestar. Una cosa que me encanta es lo de poder empezar a leer el libro que me apetece treinta segundos después de que se me haya ocurrido la idea. Tiene también la ventaja de que los libros digitales no ocupan espacio, pero de todas formas todas mis paredes están llenas de libros de papel que me acompañan, me arropan, y me permiten entrar en otras realidades. Y cuando un libro en digital me ha gustado mucho, lo compro en papel para tenerlo físicamente y como homenaje al autor o autora.

¿Cuál es tu autor favorito? ¿Nos podrías recomendar una obra suya?
Hay muchos, realmente muchos… pero por encima de todo recomiendo los relatos de Julio Cortázar, 1984, de George Orwell, Posesión, de Antonia Byatt, Rebecca, de Daphne du Maurier, y la poesía de Leonard Cohen. Y otro par de docenas más, claro J

¿Recuerdas algún libro de tu infancia con especial cariño? ¿Cuál es? ¿por qué le tienes cariño?
Recuerdo con mucho amor las novelas de Julio Verne y las de H.G. Wells, que me regalaba mi padre para que fuera abriendo la mente a lo maravilloso –la primera a los once años, Viaje al centro de la tierra–; El Principito, de Antonie de Saint Exupéry, regalo de mi abuelo; Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving, con ilustraciones, y un poco después los relatos de Edgar Allan Poe y Ray Bradbury. Y también una novela llamada Rika, de Adele de Leeuwe, que me contagió el amor por los viajes a lugares exóticos. Pero antes incluso de saber leer bien, recuerdo las maravillosas ilustraciones a color de un libro de cuentos orientales, llenos de magia, y de otro de leyendas europeas, con príncipes y princesas y dragones y bosques cubiertos de nieve.
Me acuerdo perfectamente de mí misma, de pequeña, leyendo esos libros, dejándome llevar a otras realidades y otras situaciones, olvidándome de la vida cotidiana, empezando a sentirme ciudadana del mundo, saltando en el tiempo y en el espacio. Era maravilloso. Para mí la lectura y los primeros libros fueron un deslumbramiento.

¿Qué estás leyendo ahora?
He terminado Behind her eyes, de Sarah Pinborough, que me recomendaron mucho y con la que lo he pasado muy bien, y estoy leyendo Shadow Show, una antología de relatos de muchísimos excelentes autores como homenaje a Ray Bradbury. También llevo entre manos un ensayo muy interesante de Lynne Kelly –The memory code– y dos estupendas antologías de relatos en español: Alucinadas III, y Dark Fantasies. También quiero mencionar la antología del I Premio Ripley para escritoras de ciencia ficción, que yo he prologado, y que me ha gustado muchísimo.

Si tuvieras que recomendar una novela, ¿cuál sería?:
Voy a recomendar dos de mis favoritas, una de una mujer y otra de un hombre: The way the crow flies (Así vuela el cuervo), de Anne Marie MacDonald, y The Magus (El mago), de John Fowles. Yo leo casi más en inglés que en español y muchas de las obras que más releo han sido escritas por anglosajones.

¿Qué autores clásicos y contemporáneos te han influenciado como escritora?

Edgar Allan Poe, Gustavo Adolfo Bécquer, Julio Cortázar, Gonzalo Torrente Ballester, Ursula K. Le Guin, Ray Bradbury, William Shakespeare, Miguel de Cervantes, Stephen King, Shirley Jackson, Daphne du Maurier… Creo que casi todos los escritores que he leído me han influenciado de un modo u otro.

¿Hay algo que haya influido en tu manera de escribir, como la música, el cine, alguna viviencia, tus raíces...?

El cine, muchísimo; la pintura, la historia… Una gran influencia es el pasado, el mío propio –mis recuerdos personales– y los recuerdos de otras personas de mi familia, de cosas que me han contado.
Una de mis aficiones más amadas es el estudio de la vida cotidiana de épocas pasadas; me encanta leer sobre cómo se vivía en otros tiempos. Me gusta mucho la historia del arte, especialmente la pintura y la arquitectura. Puedo perderme en un museo durante un día completo, hasta que cierran. También me gusta mucho dibujar lo que veo cuando estoy de viaje en algún lugar, nada grande, detalles que me llaman la atención y que dibujo en mi cuaderno para recordarlos después. Ah, y cocinar… eso me encanta. Es lo más parecido a la magia que una puede hacer, además de que pone contenta a la gente. Y por supuesto, las plantas, los árboles, las flores... una de las cosas que más me gusta es plantar, trasplantar, recortar, mirar todos los días cómo se va desarrollando una plantita hasta hacerse grande y preciosa, hacer rincones bonitos combinando colores y formas...
Todo eso, de algún modo, influye en mi modo de ver el mundo y, por tanto, en lo que escribo, pero supongo que mi mayor influencia desde pequeña, aparte de la literatura, fue el cine: iba todas las semanas una o dos o hasta tres veces, y como entonces lo normal era programa doble y sesión continua, muchas veces entrabas ya empezada una película de la que no sabías nada y tenías que explicarte a ti misma lo que estabas viendo hasta que –después de la siguiente película– volvía a empezar desde el principio y te dabas cuenta de si habías tenido razón con tus imaginaciones. Creo sinceramente que eso me enseñó mucho.

Sobre El color del silencio:
¿De dónde surgió la idea de escribir esta novela?

Surgió en parte de la lectura de La conspiración del general Franco, de Ángel Viñas, y en parte de mi experiencia propia en una constelación familiar, y por supuesto también de cosas que había oído contar a familiares y conocidos sobre tiempos pasados. Una nunca sabe bien de dónde sale una historia, pero está claro que es como si te encuentras de pronto con una enorme caja llena de teselas de colores y empiezas a moverlas porque sabes que si las colocas bien darán una imagen sorprendente y quizá hermosa.

¿Tiene alguna historia real detrás? ¿Es muy diferente de la que acabas explicando en tu novela?
Tiene muchos detalles reales que pertenecen a historias vividas por personas reales, pero el montaje da una historia de ficción que se parece mucho a la realidad aunque no sea exactamente así como sucedieron las cosas.

¿Qué fue lo más complicado de la escritura de El color del silencio?
¿Lo más complicado? No sé bien. No lo recuerdo como un trabajo particularmente complicado porque yo siempre sabía adónde iba y qué era lo que quería decir. Quizá ajustar la cronología para que todo fuera plausible y no hubiese fallos.

¿Tenías claro desde el principio cómo escribirías la novela?
Sí, muy claro. Para mí es absolutamente necesario tener claro el cómo; mucho más que el qué. Si no sé quién narra, ni cuánto sabe de la materia narrada, ni si es de fiar, ni cómo va a presentar los materiales que forman la historia no puedo escribir ni avanzar. Una novela es cómo se cuenta lo que se cuenta, aunque mucha gente piense que lo más importante es la anécdota que se narra; pero no es así: con la misma anécdota se pueden hacer muchísimas novelas diferentes según se narren, según quién narre, según cómo se vayan ofreciendo al lector los hechos. Si una novela de crímenes, por poner un ejemplo, se narra directa y claramente, sin misterios ni secretos ni dudas ni sospechas, lo que sale es muy diferente a lo que uno quiere leer cuando se compra una novela negra que hace hincapié sobre todo en ir descubriendo paulatinamente lo que al principio no se comprende.

¿Cómo fue ese momento de ponerte a escribir la primera frase de la novela?

Yo siempre disfruto mucho de ese primer momento, de la primera frase que escribo y que luego no tiene que ser necesariamente la primera frase que leerá el lector, aunque yo suelo trabajar en el mismo orden en que luego se va a leer. En El color del silencio, lo primero fue Helena en el hotel, yendo a la constelación. Esta vez el sueño lo añadí después, porque me gusta usar sueños en mis novelas y éste me resultaba muy útil para crear el tono y el ambiente de la novela, para introducir al lector en el mundo del pasado, de Marruecos y de La Maga.

¿Te llevó mucho tiempo escribirla?
Poco más de un año, y podría haberla escrito más rápido si no fuese porque tuve muchas horas de fisioterapia y mucho trabajo en la universidad que se había amontonado, ya que me estaba recuperando de una fractura triple muy mala cuyas consecuencias aún arrastro. Lo pasé tan bien escribiéndola que sacaba tiempo de donde fuera para ponerme a trabajar pero, claro, tenía que corregir montones de trabajos y tesinas de estudiantes y preparar clases nuevas.

Para los que no conocen tu novela, ¿qué destacarías de ella? ¿Por qué debería el lector elegirla?

Pues no sé por qué un lector, una lectora en abstracto debería o no elegir esta novela. Estoy segura de que habrá gente a la que no le apetecerá la historia que cuento; los lectores están cada vez más especializados y hay muchos que sólo leen un género concreto y nada que se salga de él. Si se tratase de un lector parecido a mí, yo le recomendaría la novela sin dudar porque trata muchos temas importantes: la narración, reconstrucción y remodelación del pasado, tanto el privado como el nacional; las relaciones familiares y los temas que, por lo que sea, son tabú en una familia; la importancia de las palabras que uno dice sin pensar y dañan para siempre a las personas que uno más quería; los secretos que se guardan durante décadas y se van pudriendo dentro… y un par de temas que prefiero no desvelar aquí para no estropearle sorpresas a un posible lector. Pero creo que lo más importante a la hora de recomendar esta novela sería que el lector me acompaña en una búsqueda de respuestas ocultas en el pasado. Todo lector es un voyeur que quiere desvelar los secretos más íntimos de los personajes. Aquí podrá entrar en pensamientos y sentimientos de los que, en la realidad, siempre quedan guardados, a salvo de miradas indiscretas, y aquí uno puede acceder a ellos y comprender qué sucedió realmente.
Y además, yo disfruté muchísimo escribiéndola y creo que eso se nota al leerla, en el ritmo, en mi relación con los personajes, en el amor por los lugares y los tiempos en que sucede la acción.
Creo que es una forma estupenda de pasar un par de días de lectura, sinceramente.

Sabemos que dentro de poquito saldrá publicada una nueva novela tuya: El secreto del orfebre, ¿nos puedes avanzar algo sobre ella?


Se trata de la reedición de una de mis novelas favoritas, una de las novelas que más traducciones y más éxito ha tenido en otros países, pero esta vez sale con texto nuevo, de modo que incluso los lectores que ya la conocían encontrarán algo que no habían leído. Llevaba unos años descatalogada y con frecuencia me preguntaban cómo se podía conseguir, pero hasta la fecha sólo se podía encontrar en las bibliotecas públicas. Por eso me alegro tanto de que Roca editorial haya decidido recuperarla. Sale ahora, en noviembre, con una cubierta muy bonita, una joya que hace honor al título. En cuanto al contenido, sólo puedo decir (para no estropear la lectura) que es una hermosa historia de amor con un elemento fantástico que nos permite girar en el tiempo y jugar con el pasado y el presente. Es una historia preciosa, de verdad. Muy nostálgica. Muy potente.

¿Estás trabajando en un nuevo proyecto? ¿Nos puedes contar algo sobre él?

Yo siempre estoy trabajando en algo. Muchas veces, como decía Cervantes, incluso en algos… Tengo tres novelas empezadas, de distintos géneros y estilos, pero de momento la que va ganando es una historia realista que vuelve a tratar uno de mis temas favoritos: el pasado, los secretos de las vidas y la imposibilidad de saber desde el presente quién fue alguien, cómo fue su vida, qué dolores y alegrías marcaron su existencia, cómo se sentía a sí mismo. Por mucho que uno pretenda saber sobre una persona, incluso una persona muy, muy cercana, siempre hay zonas de sombra, abiertas a la interpretación posterior, cosas que uno nunca sabrá y tendrá que limitarse a suponer, a imaginar, a crear una ficción aceptable, en definitva.

¿Cuáles son tus propósitos para el próximo 2018?

Va a ser un año lleno de viajes porque El color del silencio está teniendo muy buena acogida y me han invitado a muchos sitios: clubs de lectura, festivales, conferencias, ferias del libro… Además en Alemania acaba de salir y tengo también muchas fechas comprometidas. En primavera Roca reeditará Las largas sombras, una novela que a mí me gusta mucho, en la línea de El color del silencio, que en su momento pasó desapercibida y que ahora va a tener una segunda oportunidad. De todas formas, no pienso dejar que todo eso me quite el tiempo que quiero dedicarle a la escritura; me las arreglaré para llevarlo todo, pero me temo que tendré que escribir muchas horas en medios de transporte ;-)

¿Qué consejos darías a los escritores noveles que desean que sus novelas sean publicadas?

Voy a decir algo que posiblemente no le guste oír a ese hipotético escritor que comienza: lo primero es que piense menos en publicar y mucho más en escribir, en aprender a dominar el oficio al que piensa entregar su vida. Un escritor de raza vive para escribir más que de escribir. Eso es lo de menos.
Claro que es estupendo publicar, y ganar dinero con tus libros, pero eso –si llega– viene después. Uno tiene que querer escribir por encima de todo, amar y dominar la lengua, que es su única herramienta, y la literatura, que es el escaparate de lo que se puede hacer, de lo que ya se ha hecho, de lo que se ha hecho muy bien, y muy mal. Luego pasar mucho tiempo escribiendo, aprendiendo, mejorando, puliendo. Después ya, cuando tiene algo que no le da vergüenza enseñar, puede plantearse presentarlo a un concurso modesto, por ejemplo, o a una revista si se trata de un relato, o a una editorial especializada en el género en el que uno trabaja y así, poco a poco, ir dándose a conocer.
Hoy en día también existe la posibilidad de la autopublicación online, pero yo no lo recomiendo porque eso elimina los filtros y los posibles consejos de un editor profesional, lo que puede ser muy útil y necesario a una persona que empieza.
Una cosa que está haciendo mucho daño a todo aspirante a escritor es ese afán que tenemos hoy en día de llegar a la fama y el dinero de un solo pelotazo, a ser posible con lo primero que uno ha hecho en esta vida; esa idea de que con las primeras doscientas páginas de novela que has escrito puedes “ser descubierto” por una enorme editorial que va a poner a tu disposición todos sus recursos para hacer tiradas de millones de ejemplares, promocionarla y venderla en noventa países; la loca ilusión de que luego ya puedes vivir a lo grande el resto de tu vida. Esperar eso no es razonable y causa muchísima frustración cuando lo esperabas y no sucede.
En mi opinión, la escritura es, como todo en la vida, una combinación de cuatro factores: talento, trabajo, constancia y suerte. Dos de ellas dependen exclusivamente de ti –el trabajo y la constancia, y sin ellas nunca llegarás a ninguna parte– pero las otras dos son externas. Si tienes el talento de partida, sumando trabajo y constancia puedes llegar bastante lejos; pero no hay que olvidar que la suerte es un factor determinante, y eso no lo controlas. Si la suerte se añade, te puede ir maravillosamente, al menos durante una temporada, pero nunca debes olvidar que la suerte no es algo que te hayas merecido ni ganado. Es decir, que si has tenido suerte y te va muy bien durante un tiempo, tampoco debes pensar que eres primo de dios y lo mejor que le ha pasado al planeta desde Shakespeare. La modestia en este oficio es básica para mantener un buen equilibrio mental que te permita seguir escribiendo sin sobresaltos.
Además siempre recomiendo a todos los que empiezan que no se les ocurra abandonarlo todo para dedicarse únicamente a escribir. Eso tampoco es razonable porque te pone en una situación desesperada y necesitas que cualquier cosa que salga de tu teclado se transforme en dinero rápido. Lo ideal, en mi opinión, es tener un trabajo a tiempo parcial que te permita pagar las facturas, y en el resto del tiempo escribir lo que de verdad quieres escribir, lo que sale de lo más profundo de ti, sin que tengas que pensar a quién se lo vas a vender cuando esté listo. Otra opción, claro, es compartir tu vida con otra u otras personas que aporten el dinero necesario para la buena marcha de la vida cotidiana mientras tú te dedicas a la literatura con la esperanza de llegar en algún momento a ganar lo bastante como para aportar unos ingresos regulares a esa pequeña comunidad, sea una familia u otra cosa.
Y todo esto lo digo por experiencia propia. Yo empecé hace más de treinta años muy poco a poco, desde muy abajo, al principio sin cobrar un duro, subiendo muy lentamente en la escala editorial hasta ir llegando a un nivel de traducciones a muchos países y ventas de miles de ejemplares. Durante todos estos años trabajé en la universidad a media jornada, lo que me permitía estar en contacto con la literatura, leer mucho y trabajar con textos. Ahora ya he dejado la universidad, pero sigo colaborando con frecuencia en proyectos que me atraen aunque no den dinero y, lo más importante, nunca he tenido que escribir nada para poder sobrevivir.
Siempre he escrito lo que quería escribir. Eso, para mí, es una compensación maravillosa: la libertad de hacer lo que quiero hacer. Además de que yo disfruto escribiendo, no soy de esos escritores que sufren. Si sufriera, haría otra cosa. Esta vida es demasiado corta para pasarla sufriendo si puedes evitarlo.
Por eso mi último consejo sería: si no te gusta escribir y se te hace difícil encontrar un tiempo para hacerlo, o te da mucha pereza, o no se te ocurre nada... no escribas. Haz otra cosa. Si lo que te gusta del asunto es la idea de ser escritor, pero no te apetece pasarte horas y horas en soledad, trabajando sin saber si vas a conseguir que alguien lo lea... dedícate a otra cosa. Escribir es un regalo en sí, es su propia compensación. Si escribes por dinero, o por fama, o para que te hagan entrevistas y te inviten a ferias y festivales pero en la base detestas escribir... haz otra cosa. Hoy en día vivimos en un mundo donde puedes conseguir fama y dinero con las actividades más peregrinas, de modo que busca otra y deja la escritura para los que no pueden imaginar su vida sin ella, aunque no haya más compensación que el haber escrito una buena historia y, por un tiempo, haber vivido junto a unos personajes de tu invención unas peripecias que tú has creado.

Para acabar, si quieres decir algo a los lectores de esta entrevista, las siguientes líneas son todas tuyas.
Llegados a este punto, lo único que quiero decir expresamente es “gracias”. Me parece asombroso que alguien haya leído hasta aquí y le estoy muy agradecida a quien lo haya hecho. El tiempo de nuestra vida es limitado, lo que hay por leer es inabarcable y si tú, lectora, lector, has dedicado tanto tiempo a esta entrevista, espero haberte compensado un poco. Así me conoces un poquito más, pero te recomiendo que leas alguna de mis novelas o mis cuentos; ahí es donde mejor puedes conocerme y donde más disfrutarás, al menos eso espero.

Y quizá pronto nos conozcamos al natural en alguna feria o festival. Recuerda que tú pones la otra mitad del milagro. Hasta que tú abres el libro y empiezas a leer, lo que hay entre las tapas son sólo bichitos negros dormidos, curvados sobre sí mismos, esperando. Tú los haces vivir y les añades tus recuerdos y tus sentimientos. Tú y yo, entre los dos, hacemos grandes cosas J

1 comentario:

  1. Gracias por la entrevista porque este libro me interesa y gusta saber de quien lo ha escrito y un poco que le rodea.

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